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<HR>
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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><EM>boletín solidario de información -
edición internacional</EM><BR><FONT color=#800000 size=5><U>Correspondencia de
Prensa</U><BR>Agenda Radical - Colectivo Militante</FONT><BR><U>7 de junio
2009</U><BR>suscripciones y redacción: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A><BR></DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Ecuador</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG><FONT size=3>En la trampa de
la dolarización <BR><BR>Alberto Acosta</FONT></STRONG> </FONT></DIV>
<DIV><FONT face=Arial size=2></FONT> </DIV>
<DIV><FONT face=Arial size=2></FONT> </DIV>
<DIV><FONT face=Arial size=2><STRONG>Le Monde Diplomatique/el
Dipló</STRONG></FONT></DIV>
<DIV><FONT face=Arial size=2><STRONG>Edición colombiana, junio
2009</STRONG></FONT></DIV>
<DIV><FONT face=Arial size=2><A
href="http://www.eldiplo.info/"><STRONG>http://www.eldiplo.info/</STRONG></A></FONT></DIV>
<DIV><FONT face=Arial size=2> </DIV>
<DIV align=justify><BR>Así como en su momento la dolarización de la economía
ecuatoriana se impuso sin sopesar suficientemente lo que ello acarrearía, su
desmonte no puede efectuarse sin tomar en cuenta todos los factores que hacen
presencia en el actual cuadro de la situación general del país, sin descartar la
constitución de un sistema bimonetario. Además, hay que pensar, más adelante, en
una posible moneda común al área latinoamericana.</DIV>
<DIV align=justify><BR>El impacto de la crisis económica se siente con renovada
fuerza en todos los países de Nuestra América. Ecuador no es la excepción, y una
de las peores amenazas económicas que afronta es una potencial iliquidez,
agravada por la dolarización y un boboaperturismo que configuran una receta
explosiva.<BR><BR>La economía nacional ante riesgos crecientes: una mayor caída
de los ingresos petroleros y los provenientes del resto de exportaciones, así
como de las remesas de los emigrantes, puede dibujar un escenario cada vez más
complejo. A ello se suman las limitaciones existentes para acceder a
financiamiento internacional que no sea en las mismas fuentes multilaterales
–FMI, Banco Mundial y BID–, causantes de gran de parte de los actuales problemas
de Ecuador y el mundo. Esta realidad puede agravarse si la reciente apreciación
del dólar se mantiene, lo cual puede llevar a una pérdida de competitividad de
sus exportaciones. El tema se torna aún más preocupante si la inflación en el
país se mantiene por encima de la que registran los Estados
Unidos.<BR><BR><BR>Hay otros signos preocupantes. El envío de remesas ha sido la
variable más vulnerable frente a la crisis. Según el Banco Central del Ecuador
(BCE), las remesas cayeron en 2008, por primera vez, en un 9,4 por ciento
respecto a 2007 (de 2.821,6 millones de dólares frente a 3.088 millones de
2007), hecho explicable sobre todo por la recesión de las economías española y
estadounidense. A esto se debe añadir la caída del precio del petróleo, que se
redujo de 121 dólares por barril en junio de 2008 a 26 dólares en febrero de
2009, con la correspondiente reducción de ingresos para el Estado. Recuérdese
que el petróleo representó en 2008 el 17,7 por ciento del PIB, el 45 de las
exportaciones y el 55 del Presupuesto General del Estado. Adicionalmente,
Ecuador enfrenta un elevado déficit comercial no petrolero, que pasó
sostenidamente de 2.792 millones de dólares en 2002 a 6.913 millones. Es más: en
los dos primeros meses de 2009, por primera vez en mucho tiempo, se registró un
déficit comercial global acumulado de 681 millones de dólares.<BR><BR>La
inflación en marzo de 2009 fue del 7,44, lo cual, si bien refleja una evolución
decreciente desde diciembre de 2008, tiene una participación preocupante en el
incremento de precios de los alimentos, con 11,01 por ciento (en este asunto hay
que determinar con exactitud las razones globales de la inflación en alimentos:
especulación en la bolsa de éstos en Chicago, auge de los biocombustibles,
incremento de la demanda de India y China, efectos del cambio climático). La
última cifra del desempleo grafica de cuerpo entero el impacto de la crisis: la
tasa en este campo subió de 7,3 en diciembre de 2008 al 8,6 (320.000 empleados)
para el primer trimestre de 2009, lo cual se agrava debido a que el subempleo a
fines de 2008 ya era del 48,8 por ciento. Finalmente, luego de un año de
recuperación económica, como fue 2008, cuando el PIB creció en 6,6 por ciento,
para 2009 se anticipa un cambio de tendencia: el BCE estima un crecimiento de
2,3 por ciento, mientras el FMI (22 de abril del 2009) anuncia una caída a
–2.<BR><BR>Bien sabemos que, en una economía con rigidez cambiaria como la
dolarización, el ajuste coyuntural, con un déficit de balanza de pagos, no puede
enfrentarse con devaluación, como lo hacen Colombia y Perú. Por tanto, Ecuador
optó por imponer medidas de tipo arancelario, tal como lo han hecho muchos otros
países.<BR><BR>Tal déficit de balanza de pagos, si no se toman los correctivos
adecuados, produce una salida neta de dinero. Esta situación no impacta vía
precios altos sino vía cantidades: destrucción de puestos de trabajo y cierre de
empresas. Esta real amenaza obliga a debatir con responsabilidad sobre los
márgenes de acción de la política económica, incluyendo lo monetario, lo
cambiario y lo arancelario.<BR> <BR><STRONG>Dolarización, producto de un
entontecimiento generalizado</STRONG><BR><BR>El presente tiene raíces. En forma
irresponsable, para enero de 2000 el país perdió en varios factores importantes
de política macroeconómica: la política monetaria y la cambiaria. Tengamos en
cuenta que la dolarización fue impuesta sin preparación alguna y sin permitir
debates, durante uno de los gobiernos más corruptos de la historia
ecuatoriana.</DIV>
<DIV align=justify><BR>La dolarización, no lo olvidemos, fue presentada
inicialmente como la panacea para los problemas nacionales. José Luis Cordeiro,
charlatán profesional venezolano a quien los grandes medios de comunicación le
dieron amplia tribuna, en entrevista para el diario El Universo de Guayaquil
(febrero 24-2000) afirmó que la dolarización “no es la cura de todos los males,
no va a acabar con el sida, pero sí sentará las bases para que la economía pueda
crecer”. A Cordeiro le resultaba irrelevante incluso la construcción del nuevo
oleoducto, pues “la medida (la dolarización) se debe aprobar porque es tan
poderosa que por sí sola comienza a hacer girar las ruedas de la reactivación
económica”.<BR><BR>Tras nueve años de dolarización, los resultados han sido muy
pobres. No hay una sostenida reactivación productiva; la generación de empleo es
incipiente; la inflación, exacerbada últimamente por efecto de los elevados
precios de los alimentos en el mundo, sigue siendo una tarea por resolver.
Además, recuérdese que la reducción de la inflación, hasta llegar a un dígito,
se tomó cinco largos y difíciles años. No se ha producido una diversificación de
las exportaciones, y la economía ecuatoriana depende aún del petróleo y los
mismos pocos productos agrícolas tradicionales. Las deficientes mejoras de la
competitividad se explican más por la depreciación del dólar en los últimos
años; y la equidad social mejoró poco y la pobreza se redujo, gracias
especialmente a las cuantiosas remesas de la emigración, así como a la política
social de los últimos dos años. En suma, poco se ha conseguido, sobre todo si
consideramos los notables ingresos de divisas registrados desde cuando se
sacrificó la moneda nacional.<BR><STRONG> <BR>La dolarización, apenas una
herramienta y no el gran objetivo</STRONG><BR><BR>No fue una pócima milagrosa la
dolarización. Siendo apenas una herramienta de política cambiaria y monetaria,
ahora hay grupos interesados en transformarla en el gran objetivo de la política
económica. Para lograrlo, quizás en busca de convertirla en “la línea Maginot”
del neoliberalismo en Ecuador, pintan cuadros terroríficos si se produce su
finalización. Reconocemos, eso sí, que una desdolarización atropellada puede
provocar graves problemas de diversa índole, incluso de tipo político.<BR><BR>En
este punto hay que reconocer algo fundamental: los problemas del país no se
deben sólo a la dolarización (y tampoco exclusivamente a causas externas). No
podemos caer en la ingenuidad de creer que la dolarización genera todas las
dificultades. Sin embargo, el tipo de cambio rígido y la ausencia de una
política monetaria son nocivos en una economía impactada por la desmesurada
apertura de la cuenta de capitales y la igualmente ingenua liberalización
comercial, que aumentan su fragilidad. Esto es aún mucho más grave en un entorno
de crisis generalizada de escala planetaria.<BR><BR>Sabíamos que el esquema
dolarizado sólo sobreviviría mientras se garantizara el ingreso abundante de
recursos foráneos, ingreso que permitiría apuntalarlo, y no al revés, como se
pretende que crea el pueblo ecuatoriano al decir que la dolarización aseguraba
tal ingreso… Por eso, ahora, cuando la posibilidad de sostener los ingresos en
divisas de los años anteriores disminuye aceleradamente, no podemos esperar que
la dolarización –si es que se produce un cuadro de aguda iliquidez– nos saque
literalmente a patadas, tal como sucedió con la convertibilidad en
Argentina.<BR><BR>Por tal razón, mientras más temprano se procesa una respuesta
a este reto, tanto mejor. Además, a estas alturas de la crisis internacional,
para nadie debe pasar inadvertido el enorme riesgo que implica la debilidad
intrínseca del dólar, que pudiera derivar en una crisis de insospechada
magnitud.<BR><BR>Riesgo múltiple. Se sabe que, mientras más espera un país para
enfrentar la disparidad entre el crecimiento de la productividad, los
incrementos de los costos domésticos y la consecuente sobrevaluación del tipo de
cambio, más duro será romper esta relación. Por tanto, siguiendo con esta
reflexión, la decisión a favor de la construcción de una opción monetaria tendrá
que ser analizada con suma responsabilidad. En la misma forma, la coalición de
apoyo que procese esta determinación deberá ser establecida antes que se
deteriore aún más la economía, y más específicamente la balanza de
pagos.<BR> <BR><STRONG>Dolarización o desdolarización, no es toda la
cuestión</STRONG><BR><BR>Entonces, si la dolarización no puede ser vista como
causa de los problemas que atraviesa Ecuador, una desdolarización tampoco podrá
asumirse como la única respuesta necesaria y mucho menos como panacea (¡otra
vez!). Es más: el diseño de una estrategia económica alternativa no pasa por
desdolarizar inmediata y totalmente la economía. En el ámbito monetario y
cambiario, se requieren opciones que permitan recuperar en forma paulatina la
capacidad de respuestas ante los cambios de la economía internacional. Una
opción puede ser un esquema bimonetario, tanto como la utilización, sobre todo
localmente, de dineros alternativos y complementarios, así como de herramientas
que viabilicen un mejor aprovechamiento de la liquidez disponible (por ejemplo,
con un sistema de compensación de facturas).<BR><BR><STRONG>De modo que, ¿se
puede construir ordenadamente un sistema bimonetario? Sí. Todo depende de cómo y
cuándo</STRONG><BR><BR>Tal construcción, con unos costos relativamente
controlados y equitativamente distribuidos, debe contar con los necesarios
consensos políticos. Por cierto, debe resultar de una acción planificada a
partir de estrategias adecuadas, acompañadas de una campaña pedagógica que
permita dar a conocer comprensivamente sus pormenores en la expectativa de
recuperar la confianza en una nueva moneda propia y que conviva con el dólar:
divisa que poco a poco circule en menor cuantía, siempre sobre la base de la
confianza y el libre proceder de los agentes económicos.<BR><BR>Pero que quede
claro: no se propone recuperar la capacidad de emisión para reeditar un manejo
perverso de la política monetaria y cambiaria. Con la recuperación de espacios
de soberanía económica en el ámbito monetario, no se pretende financiar déficits
fiscales o darle paso a un nuevo salvataje bancario, como el que procesó el
gobierno de Mahuad, causante de la debilidad de la moneda nacional ecuatoriana y
que representó un costo de más de ocho mil millones de dólares. Si se requiere
alguna devaluación, será para enfrentar los desbalances externos y no para que
los exportadores se beneficien con incrementos espurios de la
competitividad.<BR><BR>Para asegurar una transición ordenada, este reto factible
y lógico debe descansar en tres principios: 1) A nadie se le obligará a devolver
sus dólares y a nadie se le deberán congelar sus cuentas en moneda extranjera.
2) Resulta indispensable el fortalecimiento del Banco Central, con capacidad de
emisión a partir de reglas claras. 3) El Estado necesita maximizar sus fuentes
de financiamiento a partir de una reforma fiscal progresiva y del control de la
mayor cantidad posible de ingresos petroleros, obtenidos mediante revisión de
los actuales contratos hidrocarburíferos.<BR><BR>Respetando tales premisas, la
tarea consiste en propiciar la tenencia de dinero en moneda nacional, lo cual
implica estimular la preferencia por activos en la nueva moneda nacional, al
tiempo que se aliente el uso de esta moneda en las transacciones económicas. Por
cierto, este esfuerzo no puede ser ajeno a las iniciativas regionales que se
orienten a la constitución de una zona monetaria latinoamericana.<BR><BR>Desde
esta perspectiva, aparece otra opción para cristalizar una ordenada salida de la
dolarización, con la constitución del Sistema Unitario de Compensación Regional
(SUCRE). Una propuesta que en principio conduzca a instaurar una moneda virtual
para facilitar los flujos comerciales de la región puede llevar a que se adopte
una moneda común para los países de América Latina. Además, ya es tiempo de
proponer respuestas compartidas entre los pueblos latinoamericanos, que, a más
de configurar una unión monetaria regional, tenga en la mira una efectiva
superación del modelo neoliberal.<BR><BR>En suma, la sociedad ecuatoriana debe
preparar una salida ordenada de la trampa cambiaria, sin creer que así se
resolverán todos sus problemas. El asunto, visto desde una perspectiva integral
del desarrollo, no se reduce entonces a una simple resolución del tema monetario
y cambiario. ¡Dolarización o desdolarización, no es toda la cuestión! </DIV>
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<HR>
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Uruguay</FONT></STRONG><BR></DIV>
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