<!DOCTYPE HTML PUBLIC "-//W3C//DTD HTML 4.0 Transitional//EN">
<HTML><HEAD>
<META http-equiv=Content-Type content="text/html; charset=iso-8859-1">
<META content="MSHTML 6.00.2900.2523" name=GENERATOR>
<STYLE></STYLE>
</HEAD>
<BODY bgColor=#ffffff background=""><FONT face=Arial size=2>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><EM>boletín solidario de información -
edición internacional</EM><BR><FONT color=#800000 size=5><U>Correspondencia de
Prensa</U><BR>Agenda Radical - Colectivo Militante<BR></FONT><U>7 de julio
2009</U><BR>suscripciones y redacción: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A><BR></DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Unión
Europea</FONT></STRONG></FONT></DIV><FONT face=Arial size=2>
<DIV align=justify><BR><STRONG><FONT size=3>Sobre las nuevas políticas
neoliberales</FONT></STRONG><BR><BR><STRONG><FONT size=3>Stephanie
Treillet</FONT></STRONG></DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG></STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Contretemps, Nº 2, Francia, mayo 2009<BR>Traducción
de Josu Egireun</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Viento Sur</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><A
href="http://www.nodo50.org/viento_sur/"><STRONG>http://www.nodo50.org/viento_sur/</STRONG></A><BR><BR><BR>La
reunión del G-20 en Londres concluyó con una serie de decisiones en torno a las
cuales los medios -y la mayoría de los economistas oficiales- no ahorran
comentarios laudatorios: según ellos, se trataría de una verdadera ruptura con
el inmovilismo manifestado por los gobiernos durante las cumbres precedentes y,
sentaría las bases, de una “refundación del capitalismo”. Ni más ni menos. Una
expresión que resulta profundamente ambigüa: se puede entender bien como la
puesta en pie de instrumentos destinados a salvar el capitalismo de su
hundimiento o bien como instauración de reglas de funcionamiento del sistema
totalmente nuevas. En cualquiera de los dos casos, esta visión de las cosas
merece un examen crítico serio.<BR><BR><STRONG>1. Las políticas gubernamentales
de las economías dominantes cara a la crisis</STRONG><BR><BR>Tras el
desencadenamiento de la crisis de las subprime en julio de 2007, las reacciones
de las autoridades monetarias y los gobiernos han pasado por tres etapas
superpuestas.<BR><BR>De los planes de salvamento a los de reactivación.
Recordemos de forma breve el encadenamiento de los hechos: la crisis de las
subprime se desencadenó bajo el doble efecto del estallido de la burbuja
inmobiliaria y el alza de los tipos de interés por la Reserva Federal de los
Estados Unidos (FED). La insolvencia de la gente deudora se tradujo en la
quiebra de los agencias de crédito hipotecario que habían consentido estos
préstamos y, sobre todo, en la diseminación de los denominados “activos tóxicos”
en el conjunto del sistema bancario y financiero. Los mecanismos de
“titulización” de los préstamos (transformación de los préstamos en activos
intercambiables en los mercados financieros a través de paquetes de títulos en
los que se mezclaban títulos dudosos con otros más sólidos) contribuyó, a la
vez, a la diseminación de estos préstamos dudosos en todo el sistema y a su
opacidad, reforzando la crisis de confianza de todos los especuladores. Estamos,
pues, ante el hundimiento del mercado interbancario (los bancos dejan de
prestarse dinero los unos a los otros) y una crisis de liquidez de las entidades
bancarias.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En un primer momento, el dilema al que se enfrentaron los
bancos centrales y, en primer lugar, el FED, fue saber si les convenía bajar los
tipos de interés para evitar la quiebra de los principales bancos. No hacerlo
suponía arriesgarse a una agravación de la crisis, a un hundimiento generalizado
del sistema bancario y a una transmisión inmediata de la crisis a la “esfera
real” de la economía: producción y empleo, tal y como se produjo en octubre de
1929, tras el crash de Wall Street. Hacerlo, conforme al papel de prestamista en
última instancia que corresponde a los bancos centrales, suponía garantizar a la
banca el poder seguir especulando y asumiendo riesgos excesivos con total
impunidad, al tener garantizado el reflote. Los términos de este dilema han
llevado a que las autoridades monetarias (y a través de ellas el poder público)
hayan estado a merced de la banca y los mercados financieros y que, finalmente,
bajasen los tipos de interés.</DIV>
<DIV align=justify><BR>A partir de 2007, y como fruto de la internacionalización
de los sistemas bancarios, la crisis se extiende de los Estados Unidos al otro
lado del Atlántico. En pocos meses la crisis abarca a varios grandes bancos que
quiebran (Lethman Brothers) o están al borde de la quiebra (Northern Rock,
Dexia, Fortis...). A partir de ahí nos situamos ante una crisis global del
crédito, planteándose el mismo dilema para los poderes públicos: dejar hundirse
a los grandes bancos a riesgo de agravar la crisis o poner en pie planes de
rescate, a fin de evitar quiebras comparables a la de Lethman Brothers. Es ahí
donde surgen el Plan Paulson de 700 mil millones de dólares en los EEUU y el
plan Brown en el Reino Unido. Las cantidades utilizadas y la naturaleza del
dilema hicieron estallar el escándalo ante la mayoría de la población que
empieza a sufrir las consecuencias concretas de la crisis y siente la amenaza de
que la misma se agrave. El “dilema moral”, para emplear el lenguaje de los
economistas ortodoxos, es que los especuladores considerados como responsables
del desencadenamiento de la crisis sólo pueden ganar y que cuando tienen
pérdidas, es el Estado (los contribuyentes, los asalariados; es decir, quienes
van a sufrir los efectos de la crisis) el que debe pagar. De ahí que el slogan
“no queremos pagar vuestra crisis” se difunda a nivel de masas como una
evidencia y que la necesidad de restablecer un control público sobre los
circuitos financieros a través de una verdadera nacionalización de los bancos,
aparezca cada vez más como la contrapartida indispensable a su rescate.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Llegados a este punto, ¿se puede decir que los bancos
centrales y los gobiernos han sorteado los errores cometidos en 1929; a saber,
el dejar que el desencadenamiento espontáneo de la crisis lleve al hundimiento
general? Si bien este hundimiento no ha tenido lugar, las medidas adoptadas, a
pesar de su amplitud, no han logrado evitar la generalización mundial de la
crisis, ni su gravedad, ni su transmisión de la esfera financiera a la real,
sobre todo a través del hundimiento del crédito a las empresas (crédito crunch).
Desde 2008, mes a mes, se vienen destruyendo decenas e incluso centenas de miles
de puestos de trabajo a lo largo y ancho del mundo. Por su parte, la OIT y la
OCDE prevén tasas de crecimiento negativo (en torno al 2%) para el 2009 en los
países industrializados, nos descartando a futuro el riesgo de una
deflación.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Es en este momento cuando se ponen en marcha los planes
de reactivación o, lo que se conoce, como la tercera etapa de las políticas
económicas. El plan lanzado por Obama prevé un gasto de 600 mil millones de
dólares, es decir, el 5% del PIB, a través de reducciones fiscales (un 30%), del
incremento del gasto público para la construcción y renovación de
infraestructuras (carreteras, escuelas, promoción de energías renovables...) ,
de la ayuda social indirecta, mediante la prolongación de los subsidios al
desempleo, y de ayudas a los diferentes Estados para la financiación del
Medicaid (seguro sanitario para la gente sin recursos). Por su parte, el FED, ha
reducido la tasa de interés referencial a cero: el dinero no cuesta nada en los
Estados Unidos, pero sin efecto alguno porque el país está en una situación en
la que la demanda de crédito para los hogares y las empresas es muy débil.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Los planes impulsados por los diferentes gobiernos
europeos son, comparativamente, mucho menos ambiciosos. El Reino Unido-como
Estados Unidos- opta por un impulso del consumo mediante la reducción en 2,5
puntos del IVA hasta finales de 2009, mientras Francia y Alemania privilegian la
ayuda a las inversiones, sobre todo privadas. No hay prevista ninguna medida
para restaurar o, cuanto menos, garantizar el poder de compra. El Plan Sarkozy,
cifrado en 26 mil millones de euros, no es sino una recapitulación, modificando
el calendario, de gastos ya previstos bajo la forma de ayudas orientadas a
diferentes sectores de actividad (pymes, etc.). Un proyecto que no supera el 1%
del PIB.</DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify>Por consiguiente, estamos ante planes que, desde el punto de
vista de su eficacia a través del desarrollo presupuestario, son totalmente
insuficientes. Por otra parte, se trata de planes que no afectan al reparto de
las rentas, tanto en lo que respecta al reparto primario como a la
redistribución fiscal. Merkel, en Alemania, incluye una reducción de impuestos
de 18 mil millones en su plan de reactivación de 50 mil millones para dos
años.<BR><BR>Las dificultades para coordinar políticas. De ahora en adelante y
aún cuando el comunicado final del G-20 se caracterice por su triunfalismo
(sobre todo porque todo el mundo esperaba que de allí no saldría nada), parece
que las diferentes burguesías nacionales no logran acordar una estrategia común
de cara a la crisis. La Unión Europea ha dado pruebas de su impotencia debido a
las características de su construcción y al contenido de los diferentes
tratados. La independencia del Banco Central Europeo le prohibe financiar los
déficit presupuestarios de los distintos países y no existe un presupuesto
federa ni una fiscalidad común que permita un reactivación a escala europea. Por
eso fue rechazada la propuesta del Reino Unido de una reducción concertada del
IVA. En este panorama la única opción posible era una coordinación de los planes
de reactivación de los diferentes países, pero no hay instrumentos que lo
permitan, sino todo lo contrario. Porque esta opción choca con el “pacto de
estabilidad” presupuestaria que limita los déficit públicos al 3% del PIB con la
obligación de volver al equilibrio presupuestario. En la práctica, cada Gobierno
de la Unión Europea ha puesto en pie su propio plan, sin coordinación alguna,
más allá del consenso común que, en estas circunstancias excepcionales, da por
bueno sobrepasar el pacto de estabilidad, que la crisis ha mostrado
insostenible.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Esta falta de coherencia de las políticas entre las
diferentes economías de la Unión Europea indica, sobre todo, que no todos los
países sufren la crisis de la misma manera y con la misma intensidad. Así, las
situaciones de España y el Reino Unido presentan grandes analogías con la de
Estados Unidos, con un crecimiento -previo a la crisis- muy condicionado por el
boom inmobiliario y de la construcción (España) y del sector financiero (en el
Reino Unido). Y, en ambos casos, con un consumo sostenido a base de un fuerte
endeudamiento de los hogares. En la mayoría de los países de Europa continental
-sobre todo, en Francia- donde el índice de ahorro es, por el contrario,
elevado, la crisis industrial, especialmente en el sector del automóvil,
existente antes de los efectos contagiosos de la crisis del sistema bancario
estadounidense.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Estas divergencias se han manifestado a la hora de
definir los objetivo para la reunión del G-20 y son reveladores de los
diferentes grados de interdependencia entre las economías imperialistas y las
emergentes. Antes de la crisis, la economía de los Estados Unidos era el tractor
de la economía mundial. Pero este edificio ha revelado su enorme fragilidad al
estar basado en un endeudamiento masivo de todas los estratos sociales y
especialmente de los trabajadores y trabajadoras -incluso de los más pobres , ya
que esa era la única forma de mantener el consumo.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Los excedentes comerciales de determinados países
industrializados (Alemania, Japon) y, sobre todo, de los llamados países
emergentes (China y economías del sudeste asiático) o petroleros (países del
Golfo), aseguraban la financiación de este crecimiento mediante la compra de
títulos en dólares y, especialmente, de bonos del Tesoro americano. A cambio, la
importación de productos manufacturados para el consumo norteamericano aseguraba
un crecimiento sostenido a las exportaciones de los países emergentes,
comenzando por China.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Hoy en día, lo paradójico es que el motor de este
crecimiento (el endeudamiento de los hogares estadounidenses) no da para más y
que no hay solución de recambio. La hipótesis de un desacople en la economía
mundial, tal y como pensaban hace un tiempo algunos economistas -a saber, el que
una o varias economías, de países industrializados o emergentes, estuvieran en
condiciones de tomar el relevo de la estadounidense- está fuera de lugar. China,
por ejemplo, no lo podría hacer porque el dinamismo de su crecimiento depende
enteramente de su capacidad exportadora, sobre todo en dirección a los Estados
Unidos, que ahora mismo se encuentra al ralentí debido a la recesión y a la
contracción del mercado de este país. Esta es la razón que explica por qué los
países excedentarios continúan financiando el déficit corriente de los Estados
Unidos mediante la compra de títulos en dólares a pesar de la debilidad de esta
moneda. Dejar de hacerlo conllevaría a una devaluación brutal de su cartera de
préstamos y, al hundir a los Estados Unidos en una recesión fuerte, acelerarían
su propia crisis.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En el contexto actual, al igual que en el período previo
al desencadenamiento de la crisis, la debilidad del dólar en relación a las
otras monedas, concede un margen de maniobra para la reactivación de la economía
americana en detrimento de las exportaciones de su socios comerciales,
fundamentalmente los europeos. Así que una vez más, nos encontramos ante una
fuga hacia delante. Los Estados Unidos, cuanto menos a corto plazo, disponen de
medios para poner en marcha la reactivación de la economía sin poner en cuestión
su modelo de crecimiento, pero sólo lo harán en cuanto no sean lo únicos a tirar
del carro, a fin de que las economías europeas no se beneficien del mismo sin
coste alguno. En contrapartida, han anunciado su rechazo total de cualquier
regulación, por mínima que sea, de los mercados financieros que podrían poner en
cuestión la financiación de ese crecimiento. En el lado opuesto, y para hacer
frente acuna opinión pública ofendida, los gobiernos francés y alemán, tratan de
compensar su rechazo a los aumentos salariales mediante el alarde de una
voluntad de regulación y limitación de las rentas financieras más
escandalosas.<BR></DIV>
<DIV align=justify>Pero más allá de estos matices formales, todos se guían por
la misma lógica.<BR><BR>La eficacia limitada de estas políticas. Aún cuando,
como se ha visto, los gobiernos y las autoridades monetarias han llegado a
evitar un hundimiento en cadena del sistema bancario, actualmente se encuentran
totalmente impotentes ante la profundización de una crisis que parece difícil de
frenar; claro está, dentro de los límites que ellos mismos se han dado.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Los mecanismos que han conducido al estallido de la
crisis de subprime han mostrado que en el capitalismo neoliberal, la esfera
financiera funciona, como lo explica Dominique Philon, como una carrera de
persecución en una relación dialéctica entre tentativas de regulación e
innovación financiera.</DIV>
<DIV align=justify><BR>De ese modo, instrumentos que en un principio estaban
destinados a limitar la adopción de riesgos, se transforman en elementos
especulativos que refuerzan la toma de riesgos. Este es el caso de los mercados
a plazo cuya función es permitir a quien interviene en ellos de cubrirse contra
variaciones futuras de precios y, tal y como lo vimos durante la primavera de
2008, refuerzan los movimientos especulativos de las materias primas agrícolas y
mineras en el mercado mundial. También es el caso de la titulización : fue
presentada -se ha visto- como un instrumento para evitar que los riesgos de
determinados préstamos recayeran sobre un número reducido de prestamistas y, en
realidad, esta figura ha sido utilizada por la banca para esquivar la regulación
preventiva establecida por el comité de Basilea y el Banco de Regulación
Internacional (BRI) a finales de los 90 como consecuencia de la crisis asiática
de 1997-98 y por la que se impuso, en principio, la norma de no superar. en los
créditos concedidos, un ratio en relación a los fondos propios de las entidades.
Pues bien, la titularización se lo permite, al poder desembarazarse de préstamos
dudosos y eliminarlos de los balances contables.</DIV>
<DIV align=justify><BR>A través de estos ejemplos, se ve que se han realizado
regulaciones parciales, bien sea a través de llamamientos dirigidos a la
autodisciplina de las instituciones financieras -como, en un principio, lo
preveían las decisiones del G20 -, o mediante la imposición de sanciones, si
bien a partir de umbrales muy débiles y con una falta total de voluntad política
para aplicarlos. Y todo ello, sin tocar en lo más mínimo el funcionamiento
global del sistema. Pero la lógica de los mercados financieros hace que estos
dispositivos sean evitados y lleguen a ser inoperantes, ofreciendo nuevas
oportunidades a la especulación.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En lo que respecta al ámbito de la economía real, el
desfase entre la gravedad y la duración probable de la recesión, y la debilidad
de los planes de reactivación es patente. Ocurre como si los gobiernos
continuaran creyendo que esta es una coyuntura pasajera a pesar de haber
admitido que han pecado de optimismo en ocasiones anteriores. Es por eso que las
medidas adoptadas tienen un tufo rutinario y no abordan, ni de lejos ni de
cerca, las causas profundas de la crisis. Sin embargo, ésto no es a causa de la
ceguera de los representantes de las clases dominantes, sino, fundamentalmente,
por la imposibilidad que tienen de introducir políticas que aborden los
problemas de raiz en el funcionamiento del sistema.<BR><BR><STRONG>2. La nueva
situación del capitalismo neoliberal</STRONG><BR><BR>Esta crisis es global
(tanto en su sentido geográfico como sectorial), y estructural. Y,
contrariamente a las crisis precedentes, es, también, multidimensional, en el
sentido de que no sólo se trata de una crisis financiera, económica y social,
sino también, ecológica. Deja patente el carácter insostenible, a medio plazo,
del modo de producción capitalista en lo que a la preservación de las
condiciones de vida de la humanidad se refiere. En este sentido la crisis actual
es diferente a las que, de manera recurrente, ha conocido el capitalismo
neoliberal a partir de los años 80: crisis bursatil de 1987 en Nueva York,
crisis japonesa de los 90, crisis del peso mejicano en el 94, crisis asiática
del 97-98, o la crisis de la “nueva economía” en 2001, entre otras.<BR><BR>Una
crisis estructural. Para comprender por qué las medidas que se están adoptando
son ineficaces, es preciso remitirse a lo que ha sido el funcionamiento del
capitalismo neoliberal desde principios de los años 80, porque es en esta época
cuando las políticas económicas de los países dominantes abandonan el objetivo
de incremento del PIB y mantenimiento del empleo por el objetivo prioritario de
luchar contra la inflación. En efecto, la inflación favorece a los deudores (en
los “treinta gloriosos” a las empresas cuyas inversiones se realizaban en base a
un fuerte endeudamiento), penalizando a los acreedores que van a ser los que, en
adelante, van a dictar las políticas económicas.</DIV>
<DIV align=justify><BR>De ese modo, el cambio que se opera en la modalidad de
financiación de las grandes empresas (pasando de un financiamiento intermediado
por la banca a un financiamiento directo a través de los títulos financieros)
concede todo el poder a los que detentan el capital. En las empresas se pasa a
la “dictadura de los accionistas” y sus exigencias de garantice beneficios
mínimos del 15% sobre las inversiones; y, en el ámbito macro-económico, a la
puesta en pie de políticas monetarias restrictivas, mediante la desfiscalización
de las rentas financieras y la contención salarial que, en poco tiempo, se
combinan con procesos de liberalización y desreglamentación de todos los
mercados (del comercio internacional, de los mercados financieros y del mercado
laboral) y tentativas de desmantelamiento de los sistemas de protección social y
de los servicios públicos.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Estos cambios estructurales alcanzaron sus objetivos de
manera formidable, en la medida que en todos los paises industrializados
lograron reducir la parte salarial en el valor añadido del orden del 10% en los
últimos veinte años (situándolos en una tasa históricamente muy débil) y
restablecer, correlativamente, la tasa de beneficio de las empresas, que casi no
tiene precedente en su amplitud y duración.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En estas condiciones, ¿cómo surge una crisis tan grave?
Retomamos aquí el análisis de Michel Husson (Pur capitalisme, éditions
page-deux, 2008) que avanza dos propuestas fundamentales para comprender la
especificidad del capitalismo neoliberal: la inflación de la burbuja financiera
tiene, por una parte, raíces reales y, por otra parte, es perfectamente
funcional en relación al funcionamiento del capitalismo neoliberal.</DIV>
<DIV align=justify><BR>La primera idea se basa en la constatación de que el
capitalismo en su fase neoliberal, al asegurar el incremento de la tasa de
beneficio, no ha resuelto más que una de sus dos contradicciones fundamentales,
dado que, por otra parte, no ha asegurado la realización de toda esa plusvalía.
Es decir, no ha asegurado un mercado para todas las mercancías producidas y
tampoco ha comprendido que la inmensa mayoría de la población en los países
industrializados es asalariada y que ha sido la contracción de los salarios más
que los incrementos rápidos de la productividad del trabajo, quien ha asegurado
el gran incremento de los beneficios.</DIV>
<DIV align=justify><BR>A partir de ahí se observa un desfase (históricamente
inédito) entre la importancia de la tasa de beneficio y la debilidad de la tasa
de reinversión y de crecimiento. Las finanzas sirve para cubrir este desfase a
través de una utilización diversificada de los beneficios no reinvertidos:
distribución de dividendos, inversión en acciones de la propia empresa para
incrementar su valor en bolsa, etc. Estos beneficios se convierten, también, en
la base de la “tercera demanda” que, si bien de forma limitada, trata de
contrarrestar la debilidad de la demanda salarial. Así pues, es fácil comprender
por qué las finanzas no pueden ser vistas ni como una deriva, ni como un
“exceso”, ni como un tumor parasitario sobre un cuerpo sano (el capitalismo
“productivo”) sino como la condición misma del funcionamiento del
neoliberalismo, que busca desembarazarse de todas las barreras para imponer las
condiciones que le permitan la máxima explotación de la población
asalariada.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En estas condiciones, la vacuidad de los discursos
actuales sobre la “moralización” y la “regulación” del capitalismo resulta
patente en dos sentidos: En primer lugar, porque -y a pesar de que sea una
evidencia nunca está de más repetirlo- la cuestión de la moralización del
capitalismo está fuera de lugar. El capitalismo no tiene nada que ver con la
“moral” o la “ética”; y tampoco se puede decir, como se lee en determinados
textos críticos, que no es inmoral (aunque sus consecuencias lo sean hasta el
límite) y que los capitalistas no son “cínicos” y “ávidos de beneficio”.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Una vez más, las frases de Marx en el Manifiesto del
Partido Comunista no han perdido nada de actualidad: “La burguesía ha
desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario. Donde quiera que
ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones feudales,
patriarcales, idílicas. Ha desgarrado sin piedad las abigarradas ligaduras
feudales que ataban al hombre a sus ‘superiores naturales’ para no dejar
subsistir otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel ‘pago al
contado’. Ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo
caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del
cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio. Ha
sustituido las numerosas libertades escrituradas y adquiridas por la única y
desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación
velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación
abierta, descarada, directa y brutal”.<BR>Históricamente el capitalismo es
portador de esta liberación de toda moral desde su principio fundador. Dicho de
otro modo, la acumulación de capital no puede funcionar más que siendo ilimitada
y en su funcionamiento no puede haber un elemento auto-limitativo. Por lo que,
también, resulta ilusorio hablar de un “capitalismo verde”.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Y así llegamos al segundo argumento que, en este
contexto, hace referencia a la libertad total de los mercados financieros. Para
el G-20 resulta del todo imposible prohibir los paraísos fiscales, suprimir el
secreto bancario o poner límites a la libre circulación de capitales
(garantizada, tanto en el artículo 56 del Tratado de Lisboa como por el artículo
48 que prevé el “libre establecimiento de las instituciones financieras”.) Es
por eso que hace 10 años, cuando la creación de ATTAC, ningún gobierno -ni
siquiera los socialdemócratas- consideraron seriamente la posibilidad de
implantar la “tasa Tobin”. Sin embargo, podrían haber considerado, que la misma
constituía una solución racional al desorden de los mercados (que, precisamente,
era el objetivo del Keynesiano Tobin desde los años 70). En el contexto del
capitalismo neoliberal, eso hubiera significado una puesta en cuestión
insoportable de la libertad total del capitalismo. No es por azar, en fin, que
ninguno de los gobiernos socialdemócratas que han ocupado el poder en la Unión
Europea a finales de los 90, haya realizado el mínimo esfuerzo por diseñar la
reactivación europea o una construcción alternativa a la Europa
neoliberal.<BR><BR>¿Tiene salida el capitalismo neoliberal? Se puede hablar de
la crisis del capitalismo neoliberal en el sentido de que ha llegado a su
agotamiento. La crisis ha puesto de manifiesto la ausencia de autorregulación y
la incapacidad de los mercados financieros a asegurar una asignación óptima de
las finanzas y una limitación de los riesgos; pero, más allá de eso, la crisis,
gracias a los mecanismos de financiarización, es, como hemos visto, el resultado
de una fuga hacia adelante permanente en el intento de dar solución a las
contradicciones internas del modelo de acumulación y de reparto de las rentas
que engendra.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Ahora bien, salir de esta fase neoliberal mediante una
verdadera refundación, comparable a la implantación de la regulación keynesiana
tras los años 30 en los Estados Unidos o la ruptura con la misma en los 80,
parece poco probable. Por el momento, las clases dominantes no tienen modelo
alternativo.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Ciertamente, se puede pensar en un aggiornamento. El
capitalismo neoliberal está en un momento crucial y es más o menos cierto que va
a implantar algún cambio en su funcionamiento a través de lsa modificaciones
técnicas de las reglas de juego de los sistemas bancario y financiero. Estamos
asistiendo a rupturas significativas con determinados dogmas. Los Estados van a
continuar utilizando numerosos instrumentos de intervención, inimaginables
apenas hace dos años, y pueden llegar a “nacionalizaciones” parciales o totales
(pero provisionales y sin ningún poder de decisión) de los establecimientos
bancarios o financieros. Tampoco podemos descartar totalmente un giro
proteccionista, aunque el G20 lo haya descartado oficialmente.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Pero no hay y no habrá ninguna ruptura con los
principales pilares del funcionamiento de este sistema: la libertad absoluta de
la circulación de capitales y una reparo entre salarios-capital desfavorable
para los salarios, que crecerán menos que el incremento de la productividad del
trabajo. Todo ello sobre un escenario de fondo en el que se pone en competencia
a todos los trabajadores y trabajadoras de todos los países entre sí y en el que
se intenta mercantilizar todas las actividades de todos los sectores de la
sociedad. Lo hemos visto ya; en los planes de reactivación, no tenemos ninguna
medida en favor de las y los asalariados y las empresas van a aprovechar la
oportunidad de la crisis para restablecer sus condiciones de rentabilidad
(despedir gente). Y, en lo que respecta a los presupuestos públicos, van a estar
condicionados por las cantidades puestas para reflotar los bancos, que se va a
traducir en la reducción del gasto público.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Para ir más lejos en el análisis es necesario no dejarse
llevar por el uso abusivo del término neoliberal y tratar de comprender las
razones de ser del paradigma keynesiano-fordista de los años 50 a los 80 y la
naturaleza particular del Estado neoliberal.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Contrariamente a una opinión muy extendida, el Estado no
ha dejado nunca de estar presente e intervenir en el capitalismo neoliberal,
según fórmulas renovadas que se pueden resumir en el término “gobernanza” para
las que, en ocasiones, la Unión Europea ha ejercido de laboratorio. No estamos,
ni de lejos, ante un Estado inexistente o un Estado mínimo.</DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify>En efecto, históricamente el mercado jamás ha funcionado sin
Estado. Desde los orígenes del capitalismo, es el Estado quien ha asegurado la
creación de un mercado de trabajo, la defensa de la propiedad privada, el
sometimiento del proletariado y, más tarde, la defensa de la competencia entre
las propias empresas (leyes anti-truts). En las economías contemporáneas, a
pesar de lo que se diga, existe una fuerte intervención del Estado (las tasas
impositivas no bajan mas que ligeramente a pesar de todos los esfuerzos) porque
la inversión privada tiene necesidad de infraestructuras, de formación de la
mano de obra, etc. Además, a partir de la ruptura neoliberal, son los Estados
quienes han organizado la desregulación y la puesta en pié de nuevas normas para
el mercado (directivas de la Unión Europea para la liberalización de los
servicios, negociaciones de la OMC). Por tanto, la impotencia de los Estados es
una petraña. ¡No existe ningún rodillo comprensor del liberalismo! Existe, por
el contrario, un Estado al servicio de los mercados, que impulsa a tope la
competencia entre las y los trabajadores. Y cada Estado hace lo mismo al
servicio de su propia burguesía.</DIV>
<DIV align=justify><BR>A través de todas las contrarreformas liberales, el
Estado, que no ha disminuido significativamente, ha visto transformadas
cualitativamente sus funciones en relación a la reproducción del capital: en el
terreno de la fiscalidad, de los servicios públicos, de la reproducción de la
fuerza de trabajo, etc. Se ha pasado de un Estado productor, planificador,
redistribuidor a un Estado regulador. Esta función reguladora aparece en las
políticas de subrogación de los servicios públicos, las políticas laborales (a
través de dispositivos workfare -condicionar el subsidio del desempleo a
desempeñar alguna actividad de servicio público-, la RSA en Francia...) y en
toda la filosofía contenida en la Estrategia de Lisboa, consistente en poner
todos los sistemas de formación y las políticas sociales al servicio de las
empresas.</DIV>
<DIV align=justify><BR>A contrario del período precedente, el Estado keynesiano
o fordista y eso que los neoclásicos llaman la “represión de las finanzas”
(control estricto de la Bolsa) no ha constituido, como se dice a menudo, un
“compromiso” entre el capital y el trabajo. A lo mucho, ha supuesto una
transacción, provisional e inestable, impuesta por un movimiento obrero que
disponía de una relación de fuerzas muy favorable. Al final, con dispositivos
(el salario social, la extensión de servicios públicos) que el capital jamás ha
aceptado y que ahora trata de desmantelar. Por lo tanto, a fecha de hoy, no hay
para la burguesía un paradigma alternativo coherente al modelo neoliberal.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Ciertamente, se podría imaginar una salida abstracta de
la crisis en el marco del sistema capitalista en la que sus elementos esenciales
serían una verdadera re-reglamentación de las finanzas y una progresión de los
salarios que asegure una expansión del mercado orientado a una mejor satisfación
de las necesidades sociales. Pero tal evolución no será aceptada de forma
espontánea por las clases dirigentes, ni siquiera por una fracción de ellas. No
lo será salvo como último recurso frente a movimientos sociales fuertes.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Desde esa óptica, el programa más coherente del que
dispone la burguesía es el de Sarkozy, que continúa imponiendo a marchas
forzadas todo tipo de contrarreformas junto al incremento de las medidas
represivas contra el movimiento obrero.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Por lo tanto, resulta fundamental mantenerse firmes en
los dos frentes de lucha: las medidas drásticas contra los mercados financieros
(su prohibición y no su limitación) son inseparables de una puesta en cuestión
radical del actual reparto de la riqueza.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En este contexto, la mayoría de las luchas llamadas
antiliberales presentan un carácter transitorio y una dinámica anticapitalista.
Resulta vano intentar establecer un compartimento estanco entre antiliberalismo
y anticapitalismo. Este objetivo puede convertirse en un objetivo para la
mayoría de la población a condición de despojarlo de su carácter propagandístico
y articularlo a través de objetivos concretos como, por ejemplo, los diferentes
puntos de ruptura posible con la Europa Liberal.</DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=center><STRONG><FONT size=3><FONT color=#800000
size=4>Correspondencia de Prensa</FONT><BR>boletin solidario de información -
edición internacional<BR></FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=3>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A><BR><STRONG><FONT size=3><FONT
color=#800000 size=4>Agenda Radical - Colectivo
Militante</FONT><BR></FONT></STRONG><A
href="mailto:Agendaradical@egrupos.net"><STRONG><FONT
size=3>Agendaradical@egrupos.net</FONT></STRONG></A><BR><STRONG><FONT
size=3>Gaboto 1305 - Teléf: (5982) 4003298 - Montevideo -
Uruguay</FONT></STRONG><BR></DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=justify><BR><BR></DIV></FONT></BODY></HTML>