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<BODY bgColor=#ffffff background=""><FONT face=Arial size=2>
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<HR>
</DIV>
<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><EM>boletín solidario de información -
edición internacional</EM><BR><FONT color=#800000 size=5><U>Correspondencia de
Prensa<BR></U>Agenda Radical - Colectivo Militante</FONT><BR><U>28 de julio
2009</U><BR>suscripciones y redacción: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A><BR></DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG><FONT
size=3>Argentina/Racismo</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>Entrevista a Pablo Cirio,
antropólogo de la música y militante social<BR></STRONG></DIV></FONT>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG><FONT size=3>“El argentino no
está preparado para ver a los negros”</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG><FONT
size=3></FONT></STRONG><BR></FONT><FONT face=Arial size=2><STRONG>Los
descendientes de africanos en Buenos Aires sufrieron un mecanismo consciente de
invisibilización. Lo cierto es que los negros están y existen. Pablo Cirio se
ocupa de estudiar a y con los afroporteños, que cuentan entre sus filas a
ciertos famosos que reniegan de su estirpe y que influyeron decisivamente,
quiérase o no, en muchas de las más ponderadas creaciones
nacionales.</STRONG><BR><BR></FONT><FONT face=Arial size=2></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>Leonardo Moledo y Nicolás
Olszevicki</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>Página/12, Buenos Aires,
27-7-2009</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><A
href="http://www.pagina12.com.ar/"><STRONG>http://www.pagina12.com.ar/</STRONG></A></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2></FONT> </DIV><FONT face=Arial
size=2>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–Usted es antropólogo, pero trabaja con la
música.</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Efectivamente. Mi especialización es la música en
contextos socioculturales, concretamente, ahora, en la población afroargentina
(es decir, los descendientes de negros africanos esclavizados en la época
colonial hasta 1861, que fue el año real de abolición de la esclavitud en
nuestro país).</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Por qué fue el año real?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Generalmente se cita la libertad en 1813, pero ésa fue
una libertad formal. La esclavitud, de hecho, siguió funcionando; los esclavos
siguieron estando bajo condiciones de servidumbre en las casas de sus amos. En
1861, Buenos Aires suscribe a la Constitución Nacional, y es en esa Constitución
donde realmente queda abolida la esclavitud.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Era una población de cuánta
gente?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Las cifras son muy endebles. Uno a veces piensa que los
censos son abstracciones matemáticas puras y duras pero, desde las formas de
diseñar un censo hasta las maneras de contar a las personas, hay mucha
incidencia de factores culturales. Tal es así que en 1887 es el último censo
nacional en el que se cuenta a la población negra de manera diferencial. Después
de 1887 los censos no incluyen la categoría “negro” y crean otra categoría que
es la categoría de “trigueño”, que formó parte de un mecanismo de
invisibilización de la negritud. Lo que los censos reflejan no es la realidad
como una fotografía de la época, sino cuestiones ideológicas. En 1887, en Buenos
Aires dan como población negra un 1,8 por ciento (que parece mínima). Para ese
período, sin embargo, la comunidad negra tenía una prolífica actividad social y
cultural: entre ellos funcionaban 20 periódicos, había cerca de 100 entidades
afroporteñas (entre sociedades carnavalescas, de ayuda mutua, etc.), había
centros políticos, artísticos, culturales...</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–Y el mito de que los negros fueron barridos por
la fiebre amarilla y la guerra del Paraguay, ¿es realmente un
mito?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–No, eso es verdad. Hay varios supuestos que cualquier
argentino podría enumerar si se le pregunta por qué no hay población negra en la
Argentina. La primera argumentación es que acá hubo algunos hechos históricos y
sociales en los que murieron masivamente: las guerras de la Independencia, la
guerra del Paraguay. Como quedaban muchas más mujeres negras que hombres,
comenzaron a casarse con blancos y la descendencia comenzó a decaer. Esas
razones existieron, pero no explican por qué hoy, en 2009, una parte
significativa de la población argentina se reconoce descendiente de esclavos
negros y mantiene su cultura vigente.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Y dónde están?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Bueno, ahí está el segundo mecanismo de negación de la
negritud. A cualquier argentino que se le pregunte sobre los negros en la
Argentina va a contestar: “Bueno, pero yo no los veo por la calle”. Lo que pasa
es que habría que ver por cuáles calles camina nuestro interlocutor: Buenos
Aires es una ciudad muy grande y el resto del país ni hablemos. Hay muchas
calles, muchos barrios, muchas geografías sociales y culturales. Lo que yo le
puedo decir es que ellos están y viven. Así como los censos son un recorte
cultural e ideológico, nuestra mirada es también un recorte cultural e
ideológico. Uno no mira naturalmente, mira condicionado por la educación, por
factores históricos, por intereses y por silencios. Cuando uno tiene el ojo
entrenado, puede ver cosas que otra persona no ve. El argentino, en su ideario
identitario, no está preparado para ver a los negros. Pero... ¿por qué no
podemos verlos? Ahí hay una cuestión delicada. Yo le voy a hablar de los
afroporteños, cuya situación es distinta a la de los afroargentinos del interior
del país (en cuanto a estrategias de preservación y divulgación de su cultura).
Los afroporteños han elegido conscientemente no mostrar su cultura puertas
afuera de sus casas. Esa fue una estrategia de preservación y defensa frente a
algunos avasallamientos que se vinieron dando en las últimas décadas del siglo
XIX. Hay que tener en cuenta siempre que en 1861 es la abolición de la
esclavitud y ya en 1863 se empezó (con una nota publicada en los almanaques de
la época) a hablar de la inminente desaparición biológica y cultural de los
negros. De 1863 hasta el presente, ese tópico se viene repitiendo periódicamente
en la prensa, en los académicos, en los políticos, en los intelectuales. “No
quedan más negros, ya no hay más tradiciones negras”, se dice. Eso también fue
responsabilidad de la propia comunidad negra, que decidió mantener su cultura
puertas adentro para evitar ser objeto de burla o de humillación pública (en los
carnavales, por ejemplo). Esa estrategia se mantuvo vigente hasta hace dos o
tres años. Puertas afuera se mezclaban con los ciudadanos comunes y corrientes,
y trataban de mimetizarse con la blanquedad. Eso hizo un engranaje nefasto con
el pensamiento blanco que, o bien no los veía (no los quería ver) o bien los
extranjerizaba. Es muy común que, cuando uno ve un negro en la calle, piense
automáticamente que es brasileño o africano. Si bien es probable que muchos sean
de ese tronco, muchos de ellos pueden ser tranquilamente afroargentinos y
nosotros ni siquiera lo pensamos. Otra cuestión delicada es la del mestizaje
cultural y biológico. Los negros se han mezclado con población blanca y con
población aborigen. Ese mestizaje nosotros no podemos verlo. Nosotros vemos en
términos absolutos: se es absolutamente negro o blanco. No podemos ver el
producto de la mezcla cultural. Y América es eso, en realidad: una mezcla de
culturas. Eso derivó, sumado a los grandes índices de pobreza que hay entre la
población negra, en la migración del concepto de negritud al concepto de
pobreza. Se empezó a hablar de negro no en términos étnicos, culturales e
históricos sino en términos de pobreza. Cuando hoy uno habla de negros, eso
tiene un sentido socialmente despectivo. Se está racionalizando una cuestión
económica y social.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Qué relación hay entre los “cabecitas negras” y
los afroargentinos?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Yo me atrevería a decir que son lo mismo. Cuando se
habla del negro, del cabecita negra, estamos pensando en la mezcla de criollos
con aborígenes, pero no tenemos en cuenta la tercera raíz de la Argentina. La
española es una, la aborigen es otra, pero falta la negra. Esa es la otra pata
del mestizaje, que falta en nuestra historia. Esa otra pata fue diluida, fue
solapada, fue acallada. Y fue una estrategia consciente por parte de la
generación del ’80 en su afán de construir una moderna Nación Argentina. Para
eso era clave el ideario blanco (que se mantiene virtualmente intacto). Y, como
nadie habló con los afroargentinos a nivel de investigación (siempre se habló
sobre ellos, de ellos, en contra de ellos), se me ocurrió que era interesante
hablarles. Y lo que dicen es muy interesante.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Qué dicen?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–En este país de ausencias, ellos se consideran los
primeros desaparecidos. La pregunta es por qué: si ellos están, si ellos viven,
¿cómo se pueden considerar desaparecidos? La respuesta es que son desaparecidos
de Africa: sus ancestros fueron secuestrados de su continente y traídos
compulsivamente, esclavizados, a esta tierra.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–Los que viven ahora, ¿son afroporteños
puros?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–No existe el concepto de pureza, en ningún aspecto. Ese
concepto se toma de la biología o de la culinaria, pero en términos culturales
eso no existe (porque uno trata de ponerle valor a eso). Acá fueron traídos
muchos grupos diversos del Africa negra, de cuyos nombres no se acuerdan ni los
propios descendientes. Porque ellos también quisieron olvidar ese pasado. La
mayoría son del tronco bantú, del centro-sur de Africa. Hablar de ese tronco es
hablar de medio continente africano. Esos grupos, a su vez, se mezclaron entre
sí, y se mezclaron con los blancos, y se mezclaron con indígenas, y de ahí
provinieron todos los descendientes. Yo, antes de pensar en términos de pureza o
impureza, prefiero pensar en los afroporteños como aquellos que se reconocen
descendientes de esclavizados y que mantienen valores de su cultura.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Cómo cuáles?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–La música, la religión, el idioma, la culinaria.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Y qué idioma conservan?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Bueno, lo que pasa es que el idioma no está disociado de
la variación cultural. Se conservan, por ejemplo, cantos arcaicos (posiblemente
originarios de Africa) que están en lenguas arcaicas del tronco bantú. Yo he
podido traducir una de esas canciones, que ni siquiera ellos saben qué
significan, dado que las cantan por fonética. Eso, a su vez, se fue deformando
con los siglos, lo cual lo hace aún más complicado. Pero se mantiene, más o
menos, el vocabulario. Y mucho de ese vocabulario permeó al lunfardo: mucama,
quilombo, catinga. Mucho quedó igual. Y mucho fue variando por las
circunstancias históricas del país, por ejemplo, “chongo”. En la comunidad
negra, eso significa persona blanca. Fuera de esa comunidad, eso significa otra
cosa. Ellos, también, preservaron palabras que no pasaron al lunfardo: mundele
(un tipo de carne de vaca) o calunga (cementerio) o tute (caliente). En su habla
coloquial, ellos usan esas palabras, que por cuestiones históricas no pasaron a
nuestro idioma general.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Y dónde se los encuentra?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Bueno, la ciudad de Buenos Aires es muy grande, y a eso
hay que sumarle el continuum poblacional que es el Gran Buenos Aires. Estamos
hablando de un área de más de 10 millones de habitantes. Por cuestiones de
pobreza, a través de las sucesivas crisis que fue atravesando el país, la
pobreza actuó como fuerza centrífuga y los fue alejando del centro. A fines del
siglo XIX, ellos vivían en los históricos barrios de Montserrat, San Telmo y San
Cristóbal. Con diferentes crisis, ellos fueron yéndose hacia Flores. En la
primera mitad del siglo XX, ellos vivían allí. De hecho funcionó un club llamado
La Armonía, en el que se bailaba su música. Hoy, en su mayoría, viven en Merlo,
en Ituzaingó, en Paso del Rey, en La Tablada, en La Matanza, en Valentín Alsina,
en Lomas de Zamora. Una pequeña población queda en Buenos Aires, pero muy
pequeña. Ahí habría que hacer una aclaración. Ellos son todos afroporteños, pero
internamente se dividen en dos subcategorías. Los negros usted y los negros che.
Los negros usted, que son una minoría, son los pocos que lograron una posición
de elite económica e intelectual, a fuerza de deshacerse de su lastre étnico y
de no comprometerse con su cultura ancestral (y, por lo tanto, de abrazar el
ideario blanco de ciudadano). A algunas de esas personas negro usted las
conocemos muy bien, porque son personas de la farándula, o de la política, y,
por una cuestión cultural, nosotros no los podemos ver como negros (y ellos
tampoco se reconocen como negros).</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Por ejemplo quiénes?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Vamos a dar nombres. La escritora Griselda Gambaro
(afrodescendiente del tronco colonial). El pianista Horacio Salgán. El peluquero
Roberto Giordano. La actriz o conductora Carmen Barbieri (cuyo abuelo era
guitarrista de Gardel). Todas esas son personas que, para nosotros, son blancas
(y que se esfuerzan por ser blancas), pero tienen una raigambre negra. El tema
de la negritud, entre ellos, no se habla. Esos son los negros usted. La gran
mayoría, sin embargo, son los negros che.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Y la música?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Bueno, lo que estructura la cultura negra porteña es el
candombe, y lo que marca el ritmo del candombe es el tambor. Y el toque del
tambor para los afroporteños es su conexión sonora con sus ancestros: reviven a
sus ancestros a través de la danza y el baile. O sea que toda música es vivida
como una danza lúdica pero, a la vez, religiosa.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Y la comida?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Mucha de ella la comemos a diario, y no tenemos memoria
de ese patrimonio negro. Por ejemplo, el dulce de leche. Cuando se dice que
nació de un descuido en la provincia de Buenos Aires, luego de que la cocinera
de Rosas se olvidara la leche en el fuego, nadie dice que esa cocinera era
negra. Por ejemplo, las achuras: las comidas de las vísceras son típicamente
negras. No por nada el barrio de Montserrat se llamaba el “Barrio del Mondongo”.
Los criollos no comían esa carne, la tiraban. Y las negras achuradoras (esto lo
dice Echeverría en El matadero) iban a recoger esa carne para hacer su
comida.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Eso es de raíz africana?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Afroamericano, en realidad. Hay una anécdota de Borges
muy interesante. El volvió a su casa, en la década del ’20, y le contó a su
madre, enfervorizado, que había estado con compadritos, y que lo habían invitado
a comer. La madre, entonces, le pregunta: “¿No habrás comido asado, esa
porquería que comen los esclavos?”. Otra comida, que no ha pasado a la tradición
culinaria nuestra, es una en la que se hierven huesos de pata de vaca hasta que
se deshacen; eso se mezcla con cebolla rehogada y ajo y se pone en una fuente,
como si fuera queso. Esa era una comida de negros muy pobres. Por tradición
historiográfica se sabe que los negros siempre estaban recogiendo huesos de vaca
en los mataderos.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Cuántos son, aproximadamente?</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>–Aproximadamente, de acuerdo con varios estudios
realizados, serían un cuatro por ciento de la población del país, es decir, unos
dos millones de personas. Pareciera un disparate, pero ahí hay que tener en
cuenta muchas cosas. Cuando nosotros decimos “negro”, en líneas generales, nos
estamos refiriendo a algo muy visible: al color de piel. Pero hay que aclarar
que no todos los negros son negros. Fíjese en Horacio Salgán, o en Carmen
Barbieri. Por eso se usa una categoría más amplia, que es la de
afrodescendientes. Nosotros podríamos tranquilamente ser afrodescendientes y no
lo sabemos. Los afrodescendientes, para darse cuenta de quiénes son sus pares,
no se fijan en la piel sino en el pelo. El pelo enrulado o tipo mota es
copyright africano.</DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
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Uruguay</FONT></STRONG></DIV>
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