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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><EM>boletín solidario de información -
edición internacional</EM><BR><FONT color=#800000 size=5><U>Correspondencia de
Prensa<BR></U>Agenda Radical - Colectivo Militante<BR></FONT><U>7 de agosto
2009</U><BR>suscripciones y redacción: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A><BR></DIV>
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Brasil<BR><BR>Sarney, Lula y el precio
que sea preciso</FONT> </STRONG></FONT></DIV>
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<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>Bruno Lima
Rocha * </STRONG></FONT></DIV>
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href="mailto:blimarocha@gmail.com"><STRONG>blimarocha@gmail.com</STRONG></A></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>ELAOPA</STRONG></FONT></DIV>
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face=Arial color=#800080 size=2><STRONG><U></U></STRONG></FONT></DIV><FONT
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<DIV align=justify>El líder del gobierno de Lula en el senado brasileño, el
senador Aloizio Mercadante (PT-SP), lanzó una nota pública pidiendo el
alejamiento de José Sarney (senador por el estado norteño del Amapá) de la
presidencia de la cámara alta de la república. El gesto y la negativa del Jefe
de Estado hicieron recordar al país que existe una pelea de gallos en el
interior del PT. La presidencia –con Lula al frente- explícitamente desautoriza
a su líder manteniendo el apoyo al senador oligarca de larga trayectoria. Este
es más un caso típico de la cultura política oligárquica, de tipo caciquismo
político, que moldea su aliado de los últimos cuatro años. Sí, me refiero al
presidente que es ex-sindicalista y según sus propias palabras nunca fue de
izquierda y que gobierna abrazado a una parte de los más conocidos corruptos
brasileños (y que fueron apoyo de los gobiernos anteriores, del propio José
Sarney, tras Fernando Collor de Mello y Fernando Henrique Cardoso). <BR><BR>En
esta disputa, entre parte de la bancada del gobierno y la presidencia, dos
monedas están en juego. Una es de orden táctica, apuntando a garantizar el
blindaje (según el lunfardo de la política brasileña, blindaje es la protección
institucional de un acto lesivo al interés público, aunque criminal, como
acostumbra a ejecutar la Suprema Corte) del gobierno ante la Comisión
Parlamentaria de Investigación (CPI) de Petrobrás. Esta CPI quiere analizar el
destino de los presupuestos de proyectos sociales, culturales, ambientales y de
publicidad de la mayor empresa brasileña, la estatal petrolífera, y las miles de
ONGs vinculadas a intereses políticos que reciben estas enormes cuantías. El
detalle es que aquellos que quieren investigar son tan o más sospechosos que los
aliados del gobierno Lula. Los partidos PSDB (de Cardoso, los tucanos), y el
DEMÓCRATAS (los demo, de demonios, derecha rabiosa y tan oligárquica como el
PMDB) tiene el mismo volumen de indicios de corrupción en el periodo en que
fueron gobierno como ahora con Lula, que tiene como sustentación, de cada 6
personas en el primer escalón, una tuvo un cargo de importancia en la dictadura
militar – 1964/1985). <BR><BR>La otra moneda es de ámbito estratégico, y está
aapuntando al proyecto electoral para gobernadores y presidente de 2010. En este
negocio entra la complejidad de la red de alianzas con las diversas facetas del
PMDB – el mayor partido del Brasil, y que en verdad es una federación de
oligarquías estaduales y regionales – y que entre sí, desde 1985, siempre fueron
gobierno y ocupan y dividen parcelas importantes de control del Estado
brasileño. Al final de cuentas, el presidente más popular de la historia del
país, Lula, se arroja en los brazos de los ex-enemigos políticos (PDMB y PP, ese
último partido civil de apoyo al régimen militar) y aísla cualquier voz
discordante, aunque sea del ala derecha de su partido, que por más datos es
mayoritaria y hegemónica. <BR><BR>Este es un mensaje sencillo y directo. No
importa el motivo de la discrepancia entre políticos petistas y su símbolo
mayor, para Lula y su núcleo duro (el entorno del presidente que se arriesgó por
él en 2005) nada puede estar por encima de las lealtades del gobierno para con
quien lo sostiene, aún siendo corrupto, fisiológico, oligárquico, caciquista,
patrimonialista y mercenario. Infelizmente, nada de lo que consta de ese relato
es exagerado. Si en Venezuela el movimiento bolivariano tiene que combatir a la
derecha endógena, en el Brasil la derecha como uno todo es mayoría en la
política profesional, incluyendo el gobierno de Lula en su primer escalón, la
base aliada y la oposición del PSDB, DEM y PPS. La “izquierda” legalista queda
restringida a la disidencia ética del PT, el PSOL, y nada más. <BR><BR>Este es
un dilema clásico de la política, que ocurre cuando un operador político pasa
por encima de cualquier organicidad partidaria. Por hacer cálculos propios, este
líder tiende a preferir bases de apoyo para la llamada gobernabilidad y la
proyección de continuidad del mandato por el sucesor. Aunque suene extraño, es
cómo alejarse de las metas originales para mantener una parcela del poder del
Estado, concentrado en el Brasil en el cajero de la Unión y en las prerrogativas
del Ejecutivo. Es lo opuesto a la afirmación de la organicidad zapatista, cuando
Marcos asume que la referencia política debe ser mandar obedeciendo. Es la
inversión de los valores de la izquierda social bolivariana, cuando se asume que
las comunidades estén al mando de la política. Finalmente, es todo menos una
política de izquierda. <BR><BR>Nada de eso es novedad en la trayectoria reciente
de Luiz Inácio. Este proceso ya se hace notar desde, por lo menos, la difusión
de la Carta al Pueblo Brasileño (pieza de la campaña presidencial de 2002) y la
alianza con José Alencar (entonces senador por el estado de Minas Gerais y
empresario del ramo textil) para vicepresidente en 2002. En aquel momento, lo
poco que restara del proyecto político de la década del ‘80 se perdió en la ruta
de los caminos traidores de la historia política del país. Restaría entonces la
alianza orgánica con las corrientes internas del PT y los partidos de la
izquierda electoral. Como meta de gobierno, Lula y su equipo intentarían al
menos la ejecución de los planes sectoriales, siendo la reforma agraria y el
aumento del poder de compra del salario mínimo, las banderas históricas. Se hizo
sólo un remedo de ambas, y nada más. Pero, delante de la elite política
brasileña, Lula probó ser duro de caer, superando la disidencia que formó el
PSOL (en 2003 y 2004) y posteriormente, sobreviviendo a la crisis del llamado
“Mensalão”, el escándalo de la compraventa de votos de diputados federales a
través del aporte financiero regular mensual de empresarios corruptos, de los
bancos que lavaban el dinero y con el aval del Palacio de Planalto (presidencia
de la república). <BR><BR>Faltando exactos doce meses del inicio de la campaña
presidencial de 2010, la presidencia no va a arriesgar nada. Esto implica pagar
el precio necesario para evitar que senadores oligarcas como José Sarney, Renan
Calheiros, Romero Jucá y cia. no vengan a tornarse una versión peemedebista del
airado Roberto Jefferson (el diputado del PTB, que era aliado de Lula y que,
después de ser atrapado en una operación ilegal, resolvió denunciar todo) de la
crisis política de 2005. Para evitar ese riesgo y mantener altas las
oportunidades de Dilma Roussef (jefe de la Casa Civil y candidata oficial a la
sucesión), Lula va a pagar el precio que sea preciso. <BR><BR>* Bruno Lima Rocha
es politólogo, docente universitario y participa del Encuentro Latinoamericano
de Organizaciones Populares Autónomas (Elaopa): <A
href="http://www.elaopa.org">www.elaopa.org</A> </DIV>
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Uruguay</STRONG></FONT><BR></DIV>
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