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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de Prensa
<BR></FONT><U>24 noviembre 2009</U><BR><FONT color=#800000>Colectivo Militante -
Agenda Radical<BR></FONT>Gaboto 1305 - Teléfono 4003298 - Montevideo -
Uruguay<BR>redacción y suscripciones: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A></DIV>
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<HR>
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<DIV> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Irak</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG><FONT size=3>Los bebés
deformes de Faluya</FONT> <BR></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>Javier Espinosa,
c</STRONG></FONT><FONT face=Arial size=2><STRONG>orresponsal en
Iraq</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2>
<DIV align=justify><STRONG>Con información de Daniel Postico<BR>El Mundo,
Madrid, 21-11-09</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><A
href="http://www.elmundo.es/"><STRONG>http://www.elmundo.es/</STRONG></A></DIV>
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<DIV align=justify><A
href="http://www.socialismo-o-barbarie.org/"><STRONG></STRONG></A></DIV></FONT></DIV></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>Cinco años después de la
invasión, el corresponsal de El Mundo (Madrid) logra entrar en Faluya tras verse
obligado a obtener un permiso para moverse por las calles de la ciudad iraquí.
Situada a 70 kilómetros de Bagdad, continúa cercada por muros y alambradas.
Javier Espinosa visita los hospitales y a las familias cuyos hijos han muerto o
sobrevivido con monstruosas deformidades debidas a los bombardeos masivos. Las
jóvenes de esta ciudad iraquí están aterrorizadas por la posibilidad de quedarse
embarazadas. Decenas de bebés están naciendo deformes. La razón, según ONGs y
médicos expertos, son las bombas arrojadas por los americanos en 2004. El
periodista se atreve a viajar hasta allí y consigue fotos
impublicables.</STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><BR>En el carné de identidad iraquí 283.678 tan sólo se
aprecia el diminuto rostro de un bebé. Shukriya y Jassem decidieron ocultar su
terrible condición cubriendo el cuerpo de la pequeña con una toalla. El
documento asegura que Fatma, la menor de los seis hijos de la pareja iraquí,
nació el 27 de abril del 2006. «Los otros nacieron antes de la guerra [del 2003]
y ninguno antes ha tenido problemas de salud», explica la madre de la pequeña.
</DIV>
<DIV align=justify><BR>Cuando los doctores del hospital de Faluya le hicieron la
pertinente ecografía le anunciaron que iba a tener trillizos. «Vieron tres
cabezas», dice Shukriya. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Pero el día de la cesárea la esperanza de la mujer mudó a
pesadilla. Los doctores extrajeron primero un monstruo sin vida. Un cráneo casi
sin cuerpo, unido sólo a un pingajo de carne. Después se encontraron con Fatma.
Tenía dos cabezas. Carecía de paladar y mostraba un agujero en el corazón.
</DIV>
<DIV align=justify><BR>En sus repetidas visitas a los centros hospitalarios de
Faluya, Shukriya descubrió que el caso de su hija no era único. Que en la ciudad
iraquí estaba naciendo un inexplicable número de bebés deformes o afectados por
raras anomalías congénitas. Fue la misma conclusión a la que llegaron los
doctores del Hospital General de Faluya y por ello comenzaron a documentar con
fotografías estos extraños padecimientos. <BR>Crónica ha tenido acceso a decenas
de estas instantáneas, imposibles de publicar por su crudeza. Son imágenes que
reflejan lo que semeja ser «un gran desastre», en expresión entresacada del
estudio que ha realizado al respecto la ONG Centro de Conservación del Medio
Ambiente de Faluya. Fotos de criaturas con un solo ojo, con dos cráneos,
hinchadas y con los intestinos fuera (una inusual condición llamada exomphalos),
con parte de la columna vertebral al aire libre (espina bífida), repletos de
escamas o sin alguna de sus extremidades. </DIV>
<DIV align=justify><BR>«Las jóvenes de Faluya están aterrorizadas por la
posibilidad de tener un hijo ante el incremento del número de bebés nacidos con
deformaciones grotescas». Éste era el mensaje que lanzaba la misiva que envió el
pasado día 12 de octubre a la Asamblea General de Naciones Unidas un grupo de
activistas y expertos internacionales liderados por la ex ministra de Asuntos de
la Mujer de Irak, Nawal Al–Samarrai, para llamar la atención sobre lo que está
ocurriendo en la villa árabe. </DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>Septiembre: 75%, deformes</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>El documento ofrecía una angustiosa estadística que
Samarrai atribuyó a cifras recopiladas en el citado Hospital General de Faluya.
Según estos guarismos, en septiembre nacieron en dicho centro 170 bebés, de los
cuales el 24% falleció en menos de una semana. Un 75% de los recién nacidos que
murieron fueron catalogados como «deformes». Remontándose a agosto del 2002, el
escrito contabilizaba 530 nacimientos, seis muertes en los primeros siete días
de vida y sólo un caso de deformidad. </DIV>
<DIV align=justify><BR>«Empezamos a oír hablar de este problema durante el
Gobierno de Iyad Allawi (junio 2004–abril de 2005), pero nunca se hizo nada. En
varias ocasiones intenté que se ayudara a las familias afectadas pero los
ministros tenían miedo de los americanos», precisa Samarrai, que renunció a su
cargo en febrero. «No nos cabe duda de la relación que existe entre estos bebés
deformes y el uso de armas como el fósforo blanco y el uranio empobrecido. Es
sólo un ejemplo de los crímenes de guerra que cometieron los americanos y por
eso le hemos pedido a la ONU que se abra una investigación internacional»,
asegura. <BR></DIV>
<DIV align=justify><STRONG>De Vietnam a Faluya</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>La guerra golpeó Faluya como un ciclón. El ejército
estadounidense se empleó a fondo en abril y especialmente en noviembre y
diciembre del 2004 en una batalla calle por calle que los expertos equiparan
sólo a los feroces combates que libraron en la ciudad vietnamita de Hue en 1968.
</DIV>
<DIV align=justify><BR>Según las estadísticas locales, casi 36.000 de las 50.000
viviendas de la ciudad fueron arrasadas o sufrieron graves daños, además de 60
colegios y 65 mezquitas. </DIV>
<DIV align=justify><BR>«Cuando volvimos, los gatos y los perros estaban
gordísimos debido a la cantidad de carne humana que habían comido», recuerda
Ismail Abdul Karim, presidente de la ONG local Alakhiyar, otra de las
agrupaciones que están intentado quebrar el silencio informativo que se ha
creado en torno a los bebés deformes. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Desde un primer instante los residentes de Faluya
denunciaron que las fuerzas estadounidenses habían usado todo tipo de armas
devastadoras: desde uranio empobrecido (conocido por las siglas DU) a fósforo
blanco. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Sólo un año más tarde y después de que la RAI italiana
ofreciera imágenes concluyentes sobre dicha práctica en el documental Faluya: la
masacre oculta, Washington admitió haber utilizado fósforo blanco pero «sólo
contra enemigos combatientes», explicó el coronel Barry Venable, portavoz del
Pentágono. </DIV>
<DIV align=justify><BR>«El fósforo blanco es una munición convencional, no es un
arma química. No es ilegal ni está prohibida», clamó este militar. </DIV>
<DIV align=justify><BR>A cinco años de aquella fecha todavía es fácil descubrir
habitáculos reducidos a escombros en las calles de esta población sita 70
kilómetros al oeste de Bagdad. La ciudad que antaño albergó a 600.000 personas
continúa cercada por muros, alambradas y controles. Cualquier visitante
–incluido el reportero de Crónica– debe obtener un permiso para acceder al
interior. Ello no ha impedido que se reactive la violencia en los últimos meses
ni el retorno de la desquiciada acción de los suicidas. </DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>Campo de lápidas</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>El símbolo del pavoroso legado que ha dejado este
conflicto en la población es el llamado «cementerio de los mártires». El antiguo
estadio de fútbol de Faluya que, al igual que pasó en Sarajevo, tuvo que ser
usado como necrópolis durante las ofensivas del 2004. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Los sepultureros del improvisado camposanto recuperan de
su memoria acontecimientos más próximos. Se acuerdan perfectamente de Fatma.
«Sí, tenía una cabeza muy grande», rememora Jamsa Mohamed Saleh. El empleado del
recinto deambula entre las hileras de tumbas y comienza a señalar las pequeñas
lápidas que marcan las que están dedicadas a infantes. Hay docenas de ellas.
«Desde hace dos años no dejan de llegar niños. Enterramos entre 30 y 50 al mes.
La mayoría nacen ya muertos. Llevo trabajando aquí desde 1989 y nunca había
visto algo igual. Dicen que son las armas que usaron los americanos», apunta.
</DIV>
<DIV align=justify><BR>Su compañero Kamel Yassem Mohamed se encarga de lavar los
cuerpos siguiendo la tradición del Islam. «Muchísimos son bebés deformes»,
asevera. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Desbordados por un fenómeno que no comprenden, los padres
de las víctimas decidieron reunirse el año pasado en un colegio local. «Hicimos
un llamamiento y aparecieron 350 niños», relata Ismail Abdul Karim. En una
grabación que se realizó sobre aquella protesta se aprecia al grupo de afectados
bajo una pancarta que reza: «Niños incapacitados víctimas de las operaciones
militares». También se pueden ver varias de las criaturas. Uno de los chiquillos
muestra unas piernas reducidas a muñones que semejan aletas. </DIV>
<DIV align=justify><BR>La pequeña Tiba Aftan llora desconsolada bajo el agobio
que le produce el tumor que tiene en la cara. Durante sus primeras semanas de
vida, Tiba parecía ser un bebé sano. Pero su madre relató a la cadena de
televisión Al Yazeera cómo su hija pasó de ser una entrañable recién nacida a un
ser desfigurado. </DIV>
<DIV align=justify><BR>«Tres días después de su nacimiento me di cuenta de que
tenía unas pequeñas arterias sobre el ojo. La gente decía que era sólo una marca
de nacimiento», explicó. Cuando Aftan tenía un mes de vida, las ramificaciones
comenzaron a crecer y extenderse. Surgieron como una masa de color violeta y
aspecto turbador que le cubrió medio rostro. «Los médicos me dijeron que no
había cura, que tenía un tumor en los vasos sanguíneos», añadió la madre. Afta
tuvo suerte. Tras deambular por múltiples hospitales pudo trasladarse a Jordania
donde los doctores le extirparon la protuberancia. <BR></DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Agujeros en el corazón</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>Son incontables los casos de niños que no han sido tan
afortunados. Basta con realizar una visita al nuevo y flamante hospital de
Faluya, uno de los escasos proyectos de reconstrucción que parecen haberse
materializado en Irak desde la invasión estadounidense. Aquí, doctores como Ali
Abdel Hamid reconocen no comprender el incremento de bebés que nacen con
trastornos incompatibles con la vida. </DIV>
<DIV align=justify><BR>«Las anomalías congénitas ocurren en todos los países,
pero en Faluya el número es asombroso. El problema más común ahora es lo que
llamamos enfermedades cardíacas hereditarias. Los bebés nacen con los dos
ventrículos del corazón comunicados por un agujero. Es algo habitual en el resto
del mundo pero también lo es que ese agujero se cierre cuando el bebé crece,
pero aquí no pasa eso. Los niños se nos mueren. Los agujeros en el corazón son
enormes. Ayer murió otra niña de esa misma dolencia. Antes de la guerra teníamos
tres o cuatro de este tipo al mes; ahora es la misma cifra pero por semana»,
denuncia el facultativo. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Hamid acompaña al periodista en un recorrido por las
habitaciones del hospital, donde se multiplican los casos de pequeños afectados
por estos defectos. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Con sólo 29 días de vida, Sharaf Sabah ha tenido que ser
operada de espina bífida. Cerca de ella descansa Malak Ahmed, que nació hace
cinco jornadas. Su cráneo parece abombado. «Le está supurando el cerebro. Se le
está llenando de líquido», aclara la doctora Samira Telfah Abdel Gani. </DIV>
<DIV align=justify><BR>En otra habitación se encuentra Hudeifa Udei, un bebé que
vino al mundo hace sólo 48 horas. Tiene las piernas contrahechas, como si fueran
las extremidades de un sapo. «Si preguntas a cualquier experto o lees libros de
medicina, te dicen que estas deformaciones son producto de la contaminación del
medio ambiente. Pero no tenemos pruebas definitivas sobre la relación que tengan
con las armas que usaron los estadounidenses», dice Abdel Gani. </DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>En urgencias</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>Desde hace días Samira es la encargada de certificar con
fotografías la presencia de estas enfermedades congénitas. Tan sólo en las
primeras 10 jornadas contabilizó hasta 14 bebés con deformidades. Lo normal
sería encontrar de tres a cuatro casos por cada 100 alumbramientos. «La mayoría
son problemas de corazón pero también hay niños con el cráneo deformado o con
seis dedos», revela. </DIV>
<DIV align=justify><BR>La conversación queda interrumpida temporalmente cuando
los facultativos son convocados con premura a la sala de urgencias. Acaba de
estallar una bomba en la ciudad. No se conoce el número de víctimas. «No tenemos
tiempo de realizar una investigación formal sobre estas anormalidades porque el
día a día es éste. Bombas y guerra», se apresura a decir la doctora. </DIV>
<DIV align=justify><BR>Aunque también admite que no dispone de evidencias
definitivas, otro doctor del hospital, Anis Ahmed, recuerda que al regresar a la
ciudad en 2004, tras la arremetida norteamericana, «los propios soldados nos
dijeron que no se nos ocurriera comer la comida que encontrásemos en las casas,
ni beber el agua del grifo ni siquiera utilizar la ropa que habíamos dejado en
los armarios. Que lo tirásemos todo. Sólo querían que bebiéramos de unos tanques
de agua potable que trajeron a la villa. ¿Por qué?, me pregunto. Al llegar nos
encontramos con decenas de pájaros muertos por las calles. Mi opinión es que hay
un vínculo evidente entre las armas que usaron y lo que está pasando». </DIV>
<DIV align=justify><BR>Las incógnitas que se plantea la población de Faluya no
dejan de acrecentarse. Lo mismo que los casos de malformaciones. El Hospital de
Faluya no es ni mucho menos el único centro sanitario que ha constatado la
expansión de estas enfermedades infrecuentes. </DIV>
<DIV align=justify><BR>El oculista Abdula Melhem revisa cada semana varios casos
de recién nacidos con «párpados deformes y atrofia ocular». También», añade el
doctor, «son muy comunes las cataratas, los daños en los nervios (ópticos) y
hasta deformidades de toda la órbita (ocular). A veces los bebés nacen con un
ojo pequeño y algunos incluso sin ojos». <BR>Pese a que el diagnóstico de los
médicos fue siempre muy sombrío, Shukriya nunca dejó de luchar por la
supervivencia de Fatma. La llevó a especialistas de Bagdad y de Ramadi. Todos le
explicaron que la única opción para salvar a la niña era una compleja operación
imposible de realizar en Irak. «Tuve que empeñar todas mis joyas de oro [el
ajuar que suelen acumular las féminas árabes para el matrimonio]. Más de 3
millones de dinares [más de 2.500 euros, una pequeña fortuna en este país]».
</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Le explicaron los doctores la razón de esta
malformación?</STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><BR>–Todos decían que fue a causa de las armas que usaron los
norteamericanos. </DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>–¿Recuerda algún caso parecido en la familia de
sus hermanos, padres, abuelos?</STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><BR>–No, nunca nos habíamos enfrentado a nada igual. </DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>El día del fin</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>La agonía de Fatma alcanzó su clímax en febrero. «Sufría
mucho. Le empezó a crecer la cabeza. Los médicos me dijeron que se acercaba el
final. Una noche vi cómo le cambiaba la cara. No podíamos ir al hospital porque
habían decretado el toque de queda. Parecía que la cabeza le iba a estallar».
Jassem fue el primero en darse cuenta de que al menos el padecimiento de la
pequeña había concluido. Le agarró una mano y vio que ya no tenía vida. «Nos
pasamos la noche rezando el Corán al lado de su cuerpo. Por la mañana, cuando se
acabó el toque de queda, la llevamos a enterrar». </DIV>
<DIV align=justify><BR>La foto de Fatma, la niña de las dos cabezas, cuelga
ahora de algunos recintos como la sede de la ONG Alakhiyar. Se ha convertido en
un emblema turbador. Sus padres coinciden con el resto de las familias de Faluya
azotadas por este flagelo. Exigen respuestas. Una averiguación oficial. «Y que
los americanos paguen por el sufrimiento y el dolor que tuvo que soportar
Fatma», zanja Shukriya.
<HR>
<BR></FONT></DIV></BODY></HTML>