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<HR>
</DIV>
<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de Prensa
<BR></FONT><U>22 de noviembre 2010<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Colectivo
Militante - Agenda Radical<BR></FONT>Gaboto 1305 - Montevideo -
Uruguay<BR>redacción y suscripciones: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A></DIV>
<DIV>
<HR>
</DIV>
<DIV> </DIV>
<DIV><STRONG><FONT size=3>Brasil</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG><FONT size=3>Las mujeres, el
MST y los desafíos de la acción
revolucionaria <BR></FONT></STRONG> <BR></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>María Orlanda Pinassi
*</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>Revista Herramienta Nº
45</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><STRONG><FONT face=Arial size=2>Buenos Aires, octubre
2010</FONT></STRONG></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><A
href="http://www.herramienta.com.ar/"><STRONG>http://www.herramienta.com.ar/</STRONG></A></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial size=2><STRONG>Traducción al castellano de
Aldo Casas<BR></STRONG><BR><BR>Si tuviéramos que estudiar todas las leyes no
<BR>tendríamos tiempo para transgredirlas.<BR>Goethe<BR><BR><STRONG>1. Los
hechos<BR></STRONG><BR>El 8 de marzo de 2006, el telediario de mayor audiencia
en Brasil sorprendía al país con imágenes, reproducidas hasta el cansancio, de
mujeres en actos de “vandalismo” y “ensuciando” el día que convencionalmente
exalta su inserción en la restringida esfera del derecho formal.[1] El tenor de
la noticia era, obviamente, acusatorio contra las 2000 mujeres, militantes de
los diversos movimientos[2] de Via Campesina en Brasil, que ocuparan durante
algunas horas la Huerta Florestal de la Aracruz Celulose, en Barra do Ribeiro,
Rio Grande do Sul.</FONT></DIV><FONT face=Arial size=2>
<DIV align=justify><BR>El episodio era la culminación de una serie de luchas
realizadas entre 2000 y 2005 que no sólo expresaban la denuncia de
discriminaciones y malos tratos infringidos a las mujeres, sino que también
osaban trascender la dimensión específica de su causa, dirigiéndola contra el
gran capital.</DIV>
<DIV align=justify><BR>El acto de enfrentar una transnacional tan poderosa, de
violar sus dominios y dañar, dentro de su laboratorio una considerable cantidad
de plantines transgénicos listos para ser plantados, fue el modo extremo que
encontraron para protestar contra las graves consecuencias socioambientales
provocadas por la categórica especialidad de la empresa escogida: el monocultivo
de eucalipto para la producción de celulosa en gran escala, una actividad que,
por sobre todo, desmonta y desertifica tierras potencialmente destinadas a la
reforma agraria y a la producción de alimentos orgánicos. Por su osadía, la
acción operó como una divisoria de aguas y transformó la fecha en una jornada
internacional de lucha de las mujeres contra toda y cualquier forma de
explotación. O sea: esa lucha constituye un vigoroso manifiesto contra el orden
del capital, transgrediendo la legalidad burguesa que sólo puede garantizarles
una igualdad formal, abstracta.[3]</DIV>
<DIV align=justify><BR>En 2007 avanza el movimiento, a pesar de la fuerte
represión policial, del rechazo de una significativa parte de la opinión
pública, de la censura de la prensa mayoritariamente comprometida con el sistema
y de los mismos obstáculos domésticos que muchas veces son obligadas a enfrentar
para continuar en la lucha. Silenciosamente, las mujeres de Vía Campesina se
prepararon para, una vez más en las calles, denunciar, claro y alto, los efectos
nocivos en este caso del etanol, biocombustible que se expande peligrosamente en
el país.[4]</DIV>
<DIV align=justify><BR>En 2008, la jornada de lucha de las mujeres de Via
Campesina comenzó con la ocupación de la Hacienda Tarumã, propiedad ilegal de
otra poderosa transnacional de la celulosa, la sueco-finlandesa Stora Enso,
situada en la ciudad gaúcha de Rosário do Sul. Durante la acción, 900 mujeres y
250 chicos despejaron un amplio espacio en el Desierto Verde para plantar y
devolver a la tierra miles de mudas de árboles nativos inescrupulosamente
extirpadas por el capital.[5] Para comprender verdaderamente la acción, es
necesario aclarar que la Stora Enso se fija como “meta formar una base forestada
de más de 100.000 hectáreas e instalar fábricas en la región”. A pesar de que la
empresa es extranjera y, de acuerdo con la legislación brasileña (Ley 6634 de
1979, y el artículo 20, parágrafo 2, de la Constitución Federal), no puede
adquirir tierras en una franja de 150 kilómetros desde la frontera de Brasil,
mediante un expediente tramposo, creó la agropecuaria Azenglever, empresa
pantalla propiedad de brasileños. Con su nombre, la transnacional posee cerca de
50 haciendas que totalizan más de 45.000 hectáreas, entre las cuales está la
Tarumã. Por eso es que las mujeres exigen:</DIV>
<DIV align=justify><BR>La anulación de las compras hechas ilegalmente en la faja
fronteriza y la expropiación de esas áreas para la reforma agraria. Solamente
las 45.000 hectáreas que están a nombre de Azenvegler bastarían para asentar
2250 familias, generando 6750 empleos directos. Actualmente 2500 familias están
acampadas en Rio Grande do Sul, y el INCRA alega que no hay tierras para
asentarlas.[6]</DIV>
<DIV align=justify><BR>En 2009, las acciones se ampliaron alcanzando la
Monsanto, empresa de agroquímicos en Santa Cruz das Palmeiras, estado de Sao
Paulo, a la misma Aracruz, Bayer e incluso la Syngenta Seeds que, en Paraná,
había asesinado un militante de Vía Campesina en 2007. En igual proporción,
evidenciando la preocupación que causa en los agentes del capital, la reacción
contra las mujeres y sus hijos fue especialmente brutal.</DIV>
<DIV align=justify><BR>La represión policial y la criminalización incentivada
por los medios se intensifican también contra los mismos movimientos sociales
rurales y urbanos en diversos estados brasileños, especialmente Rio Grande do
Sul, Sao Paulo, Río de Janeiro y Pará.[7] Pese a lo cual, las mujeres de Vía
Campesina en este año 2010 no retrocedieron y masivamente salieron a las calles
de todo el país. En RS, por ejemplo, la marcha denunció que la mujer, a través
del amamantamiento, se convierte en vector directo de los daños causados por los
transgénicos y agrotóxicos.[8] En SP se destacó la marcha de las mujeres hasta
la sede de Cutrale, en Araraquara, gigantesca transnacional productora de jugo
de naranja, responsable del apoderamiento de tierras, expropiación de miles de
pequeños productores, desmonte, monocultivo y polución ambiental. Además de eso,
otras 3000 mujeres organizaron una marcha desde Campinas a la capital con el
gran desafío de evidenciar ante la sociedad cómo las mujeres aún viven en esa
situación de opresión y explotación, especialmente por cumplir una doble jornada
de trabajo: el reproductivo y doméstico, y el mismo trabajo productivo,
relacionado con el mercado; con lo que se intensifica, en verdad, tanto la
explotación como la opresión de las mujeres.[9]</DIV>
<DIV align=justify><BR>Incluso frente a todas las adversidades, ellas parecen
decididas a desafiar el sistema de producción vigente y desenmascarar la
completa falta de respeto del capital por la mujer, sobre todo por la mujer
trabajadora. Por sobre todo, parecen incansables en una lucha que continúa
sorprendiendo por su praxis atrevida, consignas radicales y aguda conciencia del
papel histórico que desempeñan para la emancipación en su más amplio sentido.
Porque ese rol, así como tiene un fuerte impacto externo al movimiento, viene
provocando una lenta, difícil, pero imperativa transformación en la sociabilidad
interna, absolutamente necesaria para la constitución revolucionaria de los
movimientos a los que pertenecen.<BR><BR><STRONG>2. Una
reflexión<BR></STRONG><BR>Para comprender mejor el sentido histórico que las
mujeres de los más diversos movimientos sociales de masas vienen imprimiendo a
las luchas anticapitalistas que actualmente se registran en Brasil y también en
América Latina, propongo al lector una necesaria reflexión teórica.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En 1848, Marx advertía sobre la necesidad de “encontrar
de nuevo el espíritu de la revolución” y de la emancipación universal que,
manteniéndose como promesa histórica, debe ser condición esencial del
proletariado, única clase social capaz de realizarla concreta y
radicalmente.[10] En los 160 años que nos separan de aquellas palabras de Marx,
fueron tantas las formas contingentes y las suposiciones teóricas sobre el modo
de ser del “verdugo del capital” como las malogradas tentativas de realizar
aquella su necesaria tarea histórica.</DIV>
<DIV align=justify><BR>De hecho, durante el largo período ascendente del
capitalismo –que prevaleció hasta los años 1960– el proletariado logró, en el
terreno de la lucha de clases, un significativo avance en su situación económica
y en su poder de negociación sindical. Aunque ese avance se distribuyó tan
desigualmente como desigual fue el ritmo de desarrollo de los países
involucrados.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Agotada, al fin, la fase civilizatoria de crecimiento, el
sistema sociometabólico del capital entra en una crisis gigantesca e
irreversible, con lo cual sólo consigue reproducirse de modo esencialmente
destructivo. No es sorprendente que las consecuencias más graves de la situación
hayan caído sobre las condiciones de reproducción de la clase trabajadora, con
lo que su poder de lucha sufre un acentuado reflujo en todo el mundo. De ahí
que, a diferencia de lo que durante mucho tiempo se pensó, en el momento más
complejo y pleno de la sociedad de clases controlada por el capital, predominan:
la pérdida progresiva de los derechos arduamente conquistados por la clase
trabajadora y el desempleo estructural que condena a una inmensa cantidad de
hombres, mujeres y niños –nuevamente “libres como un pájaro”, como en la época
de la acumulación primitiva– a una temible degradación de las condiciones de
vida y de trabajo.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En este marco, la búsqueda de un proletariado ofensivo a
partir de las “positividades” del desarrollo objetivado por el sistema de
reproducción del capital resulta hoy totalmente anacrónica, y la insistencia en
esta expectativa está condenada a una frustración peligrosamente
desmovilizadora. Pues aquel proletario originario de las condiciones históricas
del siglo XIX sufrió mudanzas tan drásticas que hoy sería difícil encontrar algo
más que vestigios de lo que fuera en aquellos tiempos. O sea, la continuidad de
ese proceso de desarrollo controlado por el capital ya no puede ser considerado,
en modo alguno, como camino para la emancipación de la humanidad, sino de su
cautiverio y destrucción.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Durante mucho tiempo, los tradicionales instrumentos de
organización obrera ni siquiera consideraron la posibilidad de incluir en sus
filas a la masa de individuos lanzados al desempleo por el capital en tiempo de
crisis. Hasta entonces se presuponía que la interrupción de las crisis cíclicas
y de la inestabilidad que amenazaba al mercado de trabajo generando desempleo
masivo representaban un desequilibrio temporal y la lumpenización una excepción
a la regla, que alcanzaba un campo social marginalmente despreciable a los
efectos de una revolución socialista.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Sin embargo, la actualidad muestra una situación bastante
distinta, no sólo porque el desempleo ya no puede ser considerado momentáneo,
sino que tal condición no necesariamente convierte al desempleado en lumpen. El
hecho también descubre el carácter defensivo y fragmentado de los mecanismos
tradicionales de lucha del proletariado –los sindicatos y partidos políticos–,
desmitificando la teleológica asociación politicista que muy frecuentemente se
hizo entre la conciencia de clase y un supuesto desarrollo pleno del capitalismo
con sus instituciones democrático-participativas. Por eso mismo es que, para
Mészáros, el reencuentro con la perspectiva revolucionaria, requiere
necesariamente...ponerle fin a la separación trágicamente autodesarmadora del
“brazo industrial” del trabajo (los sindicatos) y su “brazo político” (los
partidos tradicionales), y lanzarse a la acción directa políticamente
consciente, en contra también de la aceptación sumisa de las condiciones cada
vez peores que las reglas pseudodemocráticas del juego parlamentario les imponen
a los productores (...).[11]</DIV>
<DIV align=justify><BR>El escenario es explosivamente problemático y plantea un
enorme desafío al campo de la crítica marxista que no puede desconocer que esta
forma societaria, fundada necesariamente en la insoluble desigualdad social, es
el resultado de una concentración tendencialmente vertical y abrupta de la
riqueza material producida. Esto quiere decir que la esencia contradictoria de
esta sociedad alcanza su madurez de un modo tan bárbaro que su ideología
orgánica necesita enterrar de una vez todo y cualquier contenido iluminista,
civilizatorio, por más abstracta que haya sido su efectividad. Adopta, entonces,
un concepto militarizado de “control democrático” con el fin de seguir
garantizando la reproducción de su esencia más profunda, o sea, la subordinación
estructural del trabajo al capital.[12]</DIV>
<DIV align=justify><BR>Pero, como arriba dijimos, la degradación estructural de
la clase trabajadora –algo que no causa sorpresa ni constituye novedad histórica
en países como Brasil– no sólo no se superó con el desarrollo sino que, muy por
el contrario, se viene generalizando y banalizando la utilización, de norte a
sur del país, de una nueva modalidad de trabajo análogo al esclavo, en muchos y
diversos aspectos más perverso que la esclavitud del período colonial, si eso
fuese posible. La tragedia se completa con el recrudecimiento de la relación
monopólica que actualmente se establece entre países dominantes y dominados que,
por intermedio de los capitales transnacionales dedicados al agronegocio,
diseñan un cuadro de sugestiva y generalizada colonialidad para estos
últimos.<BR><BR><STRONG>3. Los desafíos<BR></STRONG><BR>El agravamiento de las
condiciones sociales vigentes en América Latina es un fenómeno que se produce,
paradójicamente, bajo el predominio de la ideología de que no hay alternativa al
mundo del capital, que se desarrolló notablemente sobre todo después del fracaso
de las principales experiencias de llamado socialismo realmente existente.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Desafiando esa condena al presente, emerge en la región
toda una nueva generación de movimientos sociales de masas, con centro en el
trabajo, en función justamente de las agudas dificultades enfrentadas. Pensamos
en los zapatistas, en México; piqueteros, en Argentina; indígenas cocaleros, en
Bolivia, en Ecuador, en Perú; en las fábricas recuperadas, en Venezuela,
Argentina y Brasil. Destaco aquí la actuación, que tiene ya 25 años, del
Movimiento de los trabajadores rurales Sin Tierra, en Brasil, como una base
fundamental para la comprensión de la praxis de estas significativas
organizaciones alternativas constituidas en el espacio latinoamericano.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Ante los duros golpes sufridos recientemente por la clase
trabajadora y el estrechamiento de sus límites de acción en el terreno de la
lucha de clases, esos movimientos sociales de masas surgen muchas veces como
única vía para el restablecimiento de la dignidad humana para un número cada vez
más significativo de familias trabajadoras arrojadas al desempleo.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Conformados al margen de la tutela del Estado –lo que
puede ser muy positivo– y afincados a nivel de las mediaciones de segundo orden
del capital [13] –lo que puede conducir a su fracaso–, la explosión del
potencial revolucionario de esos movimientos sociales dependerá del curso del
proceso histórico constituido y de sus posibilidades de ampliar el abanico de
las decisiones necesarias.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Lo que está en juego son las dimensiones realmente
anticapitalistas del MST no sólo en relación a la negación del orden, sino y
fundamentalmente en relación a su capacidad de construir la positividad de una
alternativa societaria. Obviamente, no es para nada fácil responder a semejantes
cuestiones, incluso porque se trata de un proceso que aún está por revelarse
plenamente. Por ahora, es posible delinear puntos para el debate ya que el MST
realiza una praxis con poder de confrontación potencialmente transformador de la
realidad existente.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Dicho de otra manera, el éxito del emprendimiento está
condicionado a las formas más o menos autónomas en la toma de decisión en
relación a los dilemas que enfrenta en su procesualidad y, sobre todo, al
principio orientador y operativo de la autocrítica permanente. Semejante proceso
obedece a la necesidad que tiene el movimiento social de masas de introducir,
mediante su praxis cotidiana, cambios radicales en la división social del
trabajo interno y construir, en un todo coherente, una nueva sociabilidad
orientada hacia la igualdad sustantiva.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En este sentido, partimos de la premisa de que la
cuestión femenina es básica incluso porque...dadas las condiciones y dominación
establecidas de jerarquía, la causa histórica de la emancipación de la mujer no
puede ser alcanzada sin sostener el reclamo de la igualdad sustantiva en reto
directo a la autoridad del capital, que prevalece no sólo en el omniabarcante
“macrocosmos” de la sociedad sino igualmente en los “microcosmos” constitutivos
de la familia nuclear.[14]</DIV>
<DIV align=justify><BR>Para comprenderlo, acompañamos la organización interna de
las mujeres que integran el MST, privilegiando las acciones que, desde 2006,
realizaron los 8 de marzo, en conjunto con mujeres de otros movimientos de la
Vía Campesina. Y, en todos esos momentos, nos parece que una cuestión
especialmente problemática es que, pese a que la supresión de la opresión de las
mujeres sea vital para la construcción de una alternativa societaria, semejante
afirmación está muy lejos de ser unánime en el interior del MST.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Según todo indica, la actuación más efectiva de los
hombres del movimiento tiende a volverse hacia la realización objetiva de las
cuestiones económicas, enfriándose con la conquista de la tierra y la formación
de los asentamientos. La positividad de esta conquista para el movimiento en su
conjunto es obviamente indiscutible, y constituye la objetivación exitosa de su
lucha por la reforma agraria. Sin embargo, esa misma conquista puede también
convertirse en una regresión para todo el movimiento –si se observa el
restablecimiento interno de amenazadoras relaciones jerárquicamente
estructuradas–.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Son fundamentalmente las mujeres quienes acusan esa
regresión, ya que, después de vivir, a veces durante años, bajo la lona
preta de los acampes, desempeñando las mismas funciones que los hombres y
siendo partícipes de una significativa ruptura de la división tradicional del
trabajo familiar, experimentan en el proceso de asentamiento un regreso no
deseado a la antigua dominación patriarcal. En ese momento, muchas de ellas,
incluso después de asentadas, toman la decisión de no aceptar el retroceso,[15]
manteniéndose en la lucha, ya sea por el reconocimiento de su papel fundamental
en todos los momentos de afirmación del movimiento, o en la actuación solidaria
que desempeñan junto a las familias que siguen acampadas.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Según las mujeres, la efervescencia revolucionaria del
MST se encuentra, verdaderamente, en el proceso de acampe; el asentamiento no
constituye un fin, sino una mediación rumbo al socialismo. Por eso mismo son
ellas, principalmente, las que vienen imponiendo la mencionada autocrítica
permanente al movimiento en su conjunto, tratando de impedir que se congele en
torno a las mediaciones de segundo orden.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En este sentido, es importante destacar que las acciones
del ocho de marzo constituyen enteramente una iniciativa de las mujeres.
Duramente criticadas inicialmente por los liderazgos masculinos del movimiento,
con el paso de los años, sus manifestaciones vienen logrando el reconocimiento y
la solidaridad efectiva de sus compañeros. Y esto sólo ocurre porque la
determinación femenina dentro del movimiento es más fuerte que las críticas que
sufren.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Su lucha interna, por lo tanto, no es contra los hombres,
sino contra las deformaciones patriarcales heredadas de una sociabilidad que es
previa a la formación del movimiento y que todos, hombres y mujeres, cargan y
reproducen en el mismo movimiento, lo que sólo puede beneficiar al
capital.<BR><BR>En conclusión: el cuadro describe una situación que está aún muy
lejos de ser concluyente, pero la praxis de esas mujeres evidencia, desde el
principio, el elevado grado de su conciencia de clase que, a partir de la
dimensión de su propia lucha, potencia lo que en ella puede haber de específico.
Pero que va mucho más allá, al poner bajo la luz las marcas irreversibles de las
contradicciones que, en general, residen en la relación actual del capital con
el mundo del trabajo. En estos términos, tal praxis es suficientemente amplia
para poner en jaque las falacias del derecho formal burgués y exponer para que
el mundo todo sea testigo la tragedia humana y ambiental que el actual patrón de
acumulación impone al Brasil, como país meridional estructuralmente destinado a
una situación de colonialidad y de periferia.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En esa medida, el movimiento de mujeres d MST no sólo
confirma el radicalismo de la práctica de ocupación que viene caracterizando la
lucha histórica del movimiento por la reforma agraria, sino que parece
constituir una singularidad aún más estimulante. Se trata, entonces, de un
movimiento muy articulado de mujeres trabajadoras, acampadas y asentadas, cuya
perspectiva de clase potencia su poder de crítica y autocrítica, para desafiar
los avances absolutamente destructivos del capital y para enfrentar con
admirable coraje los inmensos desafíos internos y externos al movimiento.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Más aún, esas mujeres están reabriendo la historia y
reencontrando el verdadero espíritu de la revolución del que hablaba Marx, al
dar un salto ontológico en dirección a la emancipación, no sólo de las mujeres,
sino de toda la humanidad.<BR><BR><BR>* Socióloga brasileña, es integrante del
consejo de redacción de Margem Esquerda. Profesora de sociología de la UNESP,
Araraquara, San Pablo, colaboradora de la Escuela Nacional Florestan Fernandes y
autora del libro Da miséria ideologica à crise do capital – uma reconciliaçao
histórica, San Pablo, Boitempo Editorial, 2009. Correo electrónico: <A
href="mailto:mpinassi@uol.com.br">mpinassi@uol.com.br</A></DIV>
<DIV align=justify><BR><BR><STRONG><U>Notas</U></STRONG></DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify>[1] Según datos difundidos por la CEPAL vienen ocupando un
espacio cada vez mayor en el mundo del trabajo latinoamericano. A nivel de los
derechos, sin embargo, quedan limitadas por las tendencias del mercado de
trabajo que muestran en la región una expansión gigantesca del empleo informal,
caracterizado por la precariedad en términos de inestabilidad temporal y
ausencia de cualquier reglamentación de los contratos de trabajo, las
remuneraciones, la jornada, los beneficios sociales y las condiciones de
higiene. Puesto que son principalmente las mujeres quienes ocupan los lugares
disponibles del sector, puede concluirse que el aumento en la participación de
ellas en la vida económica de América Latina se da fundamentalmente mediante su
incorporación a los sectores más vulnerables de la estratificación ocupacional.
Este fenómeno se considera una “feminización de la pobreza” en relación con la
reorganización del modelo neoliberal de producción. Semejante conquista
consiste, por lo tanto, en el reverso de la liberación de las mujeres. Ver sobre
esto O estado da paz e a evoluçao da violencia, Campinas, Editora UNICAMP, 2002,
pag. 170. También A feminizaçao do trabalho de Claudia Mazzei Nogueira,
Campinas, Autores Associados, 2003.<BR>[2] MST, Movimento de Trabalhadores
Sem-Terra; MPA, Movimento de Produtores Agrícolas; MAB, Movimento de Atingidos
por Barragens; MMC, Movimiento de Mulheres Camponesas; MTD, Movimento de
Trabalhadores Desempregados.<BR>[3] En función de este proceso de lucha, las
mujeres del movimiento crearon la Artulaçao Deserto Verde. Ver por You Tube el
video Rompendo o silencio 1 y 2.<BR>[4] En un reportaje publicado en el diario
Folha de Sao Paulo el 7 de enero de 2008, investigadores del Instituto
Smithsonian de Panamá, advierten sobre el hecho de que de los 26 productos que
proveen bio-combustibles o energía “limpias”, 12 de ellos son más dañinos para
el ambiente que la gasolina, incluyendo entre estos al etanol proveniente de la
caña de azúcar, pues este cultivo agrícola utiliza gran cantidad de agua
contamina los ríos cercanos y, con la práctica de las quemas, contribuye al
agravamiento del efecto estufa.<BR>[5] Ver por You Tube el video Mulheres ocupam
a Stora Enzo.<BR>[6] Ver el diario Brasil de Fato año 6 nº 262, marzo 2008.
Conviene destacar también que el gobierno Lula promovió menos asentamientos que
el de FHC. Fue electo con la promesa de asentar 400.000 familias, sin embargo,
hasta 2006 solamente 80.000 habían recibido tierra. Además, el MST denuncia que
entre los asentamientos contabilizados, mucho consiste en tener la
regularización de tierras públicas ocupadas hace mucho tiempo por colonos. Por
lo cual esas medidas, amén de no estar destinadas al MST, no afectan la
estructura agraria.<BR>[7] Según la edición 2009 de la publicación Conflitos no
Campo Brasil de la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), uno de los aspectos que
provoca el enojo de los representantes del agronegocio es que uno de los puntos
privilegiados hoy por el MST tiene como centro la lucha por la actualización del
índice de productividad con fines de reforma agraria, previsto por la
Constitución Federal. Ejemplo de estas reacciones es el hecho de que sólo
después de la trampa montada por Cutrale y sus matones en el incidente de Iaras,
estado de Sao Paulo, y, obviamente, del papel esencial de la prensa que explotó
hasta el cansancio esas imágenes, la bancada ruralista en el ámbito del Congreso
logró aprobar otra Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) criminalizado
las acciones del MST .<BR>[8] “Este proyecto de agricultura debe ser detenido. O
el futuro de las próximas generaciones será la muerte. Y nosotras, mujeres, no
queremos ser generadoras y amamantadoras de la muerte”. Declaración de Ana
Hanauer, de la coordinación del MST y de Via Campesina. Diario Brasil de Fato 11
a 17 de marzo 2010.<BR>[9] Declaración de Tatiana Berringuer, de Consulta
Popular. Diario Brasil de Fato 11 a 17 de marzo 2010.<BR>[10] Ver Carlos Marx,
El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, Buenos Aires, Editorial Polémica, 1972,
pág. 17 y ss.<BR>[11] István Mészáros, El desafío y la carga del tiempo
histórico, Caracas-Valencia, Vadell Hermanos Editores, 2009, pág. 71.<BR>[12] No
casualmente vemos que aumenta la frecuencia de críticas más o menos
anticapitalistas, fruto de las múltiples insatisfacciones con la actualidad.
Desde allí surgen las utopías que se multiplican en la misma proporción
matemática que los problemas que buscan combatir. Todas expresan la reacción
posible de grupos que –en parte o totalmente- fueron privados de los privilegios
proporcionados por este mundo. Aún siendo tributarios de causas justas, el
problema es que, en el límite y con raras excepciones, este tipo de movimiento
basados en causas específicas no consiguen ir más allá de reclamar el derecho de
mejorar su posición en el ranking de la sociedad jerárquicamente constituida.
<BR>[13] Esto surge de uno de los más geniales análisis de los Manuscritos
económico-filosóficos de 1844 realizado por Mészáros en A teoria da alienaçao em
Marx (San Pablo, Boitempo, 2006, pág. 208), que formula los conceptos de
mediación de primer orden -o “actividad productiva como tal, factor ontológico
absoluto de la condición humana”- y mediación de segundo orden o ‘mediación de
la mediación’ alienada derivada de la propiedad privada, del intercambio y de la
división del trabajo”.<BR>[14] István Mészáros, Más allá del capital,
Caracas-Valencia, Vadell Hermanos Editores, 2001, pág. 218. <BR>[15]
Contradictoriamente, es común la separación de las parejas en esta fase del
proceso de conquista de la tierra, por iniciativa de la mujer.
<HR>
</FONT></DIV></BODY></HTML>