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<DIV align=center><FONT size=4><STRONG><U>boletín solidario de
información</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa</FONT><BR><U>6 de mayo 2011<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Colectivo
Militante - Agenda Radical</FONT><BR>Gaboto 1305 - Montevideo -
Uruguay<BR>redacción y suscripciones: <A
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href="mailto:germain5@chasque.net">germain5@chasque.net</A></STRONG></FONT><A
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Pakistán </FONT></STRONG></DIV>
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Paquistán conocía su paradero<BR><BR>Bin
Laden ya había sido sobrepasado por la historia</FONT></STRONG> <BR><BR></DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Robert Fisk </STRONG></DIV>
<DIV align=justify><STRONG>The Independent</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Traducción de Viento Sur</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><A
title="http://www.vientosur.info/ CTRL + clic para seguir el vínculo"
href="http://www.vientosur.info/"><STRONG>http://www.vientosur.info/</STRONG></A></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=3 face=Calibri></FONT><BR> <BR><BR>Un don
nadie de mediana edad, un fracasado político sobrepasado por la historia, por
esos millones de árabes que reclaman libertad y democracia en Oriente Medio,
murió ayer en Pakistán. Y entonces el mundo se volvió loco. <BR><BR>Poco después
de presentarnos una copia de su partida de nacimiento, el presidente de EE UU
compareció de nuevo en la mitad de la noche para ofrecernos un certificado de
defunción de Osama bin Laden, asesinado en una ciudad cuyo nombre nos remite a
un coronel del ejército del antiguo Imperio Británico. Un único disparo en la
cabeza, nos han dicho. Pero ¿y el vuelo secreto del cadáver a Afganistán y su
sepultura igualmente secreta en el mar? El extraño y espeluznante destino del
cadáver -nada de féretros, por favor- resulta casi tan escalofriante como el
hombre mismo y su violenta organización.<BR><BR>Los estadounidenses se
emborracharon de alegría. David Cameron calificó los hechos de "gran paso
adelante". India habló de "hito victorioso". "Un triunfo sonado", alardeó el
primer ministro israelí Netanyahu. Pero después de 3.000 estadounidenses muertos
el 11 de Septiembre, muchos más en Oriente Medio, hasta medio millón de
musulmanes muertos en Iraq y Afganistán y diez años intentando encontrar a Bin
Laden, ojalá no tengamos más "triunfos sonados". ¿Atentados de venganza? Tal vez
se produzcan, cometidos por pequeños grupúsculos en Occidente que no tienen
contacto directo con Al Qaeda. Seguro que alguno ya está soñando con una
"Brigada del mártir Osama bin Laden". Puede que en Afganistán, entre los
talibán.<BR><BR>Sin embargo, las revoluciones masivas del mundo árabe en los
últimos cuatro meses ya habían dado muerte políticamente a Al Qaeda. Bin Laden
dijo al mundo -de hecho, me lo dijo personalmente- que quería destruir los
regímenes prooccidentales en el mundo árabe, las dictaduras de los Mubarak y los
Ben Alí. Quería crear un nuevo califato islámico. Pero en los últimos meses,
millones de árabes se alzaron y se mostraron dispuestos al sacrificio, no por el
islam, sino por la libertad y la democracia. No fue Bin Laden quien acabó con
los tiranos. Fue el pueblo. Y el pueblo no quiere un califa.<BR><BR>Entrevisté
al hombre tres veces y solo tengo una pregunta no formulada: ¿qué pensaba
mientras veía cómo se desarrollaban esas revoluciones este año, que enarbolaban
banderas de naciones y no del islam, protagonizadas por cristianos y musulmanes
juntos, esa gente que sus propios hombres de Al Qaeda masacraban
alegremente?<BR><BR>Desde su punto de vista, su logro fue la creación de Al
Qaeda, una organización que no tiene miembros de carnet. Uno se despertaba por
la mañana, tenía ganas de formar parte de Al Quaeda, y ¡zas!, ya era miembro.
Bin Laden la fundó, pero nunca fue un guerrero de primera línea. En su cueva no
había ordenador, él no hacía llamadas por teléfono para detonar bombas. Mientras
que los dictadores árabes gobernaban sin contestación con nuestro apoyo,
evitaron en gran medida condenar la política estadounidense; el único que lo
hacía era Bin Laden. Los árabes nunca estuvieron por la labor de estrellar
aviones contra edificios altos, pero admiraban a un hombre que decía lo que
ellos querían decir. Pero ahora, y cada vez más, ya pueden decir esas cosas. No
necesitan a Bin Laden. Este se había convertido en un don
nadie.<BR><BR><STRONG>Delatado</STRONG><BR><BR>Pero hablando de cuevas, la
muerte de Bin Laden pone a Pakistán en un aprieto. Durante meses, el presidente
Ali Zardari ha estado contando que Bin Laden estaba viviendo en una cueva en
Afganistán. Ahora resulta que se hallaba en una mansión en Pakistán. ¿Le han
delatado? Desde luego que sí. ¿Ha sido el ejército pakistaní o el servicio
secreto? Es muy posible que ambos. Pakistán conocía su
paradero.<BR><BR>Abbottabad no sólo alberga la escuela militar del país -la
ciudad la fundó el coronel James Abbott del ejército británico en 1853-, sino
que también acoge el cuartel general de la 2ª División del Cuerpo de Ejército
del Norte de Pakistán. Apenas hace un año traté de entrevistar a otro "enemigo
público nº 1", el líder del grupo que se considera responsable de la masacre de
Mumbai. Le encontré en la ciudad pakistaní de Lahore, custodiado por policías
pakistaníes en uniforme y armados con metralletas.<BR><BR>Por supuesto, hay otra
pregunta más que no se ha formulado: ¿no podían haber detenido a Bin Laden? ¿No
contaba la CIA -o los comandos de élite de la Marina o las fuerzas especiales de
EE UU o cualquiera que haya sido la fuerza estadounidense que ha acabado con él-
con medios suficientes para arrojar la red sobre el tigre? "Justicia", así ha
calificado Barack Obama su muerte. En otros tiempos, "justicia" implicaba, desde
luego, un procedimiento, un tribunal, una vista oral, una defensa letrada, un
juicio justo. Como los hijos de Sadam, Bin Laden ha sido abatido a tiros. Claro
que él nunca quiso que le cogieran vivo, y había cubos de sangre en la
habitación en que murió.<BR><BR>Pero un juicio habría inquietado a más personas
que a Bin Laden. Después de todo, este podría haber hablado de sus contactos con
la CIA durante la ocupación soviética de Afganistán, o de sus reuniones a cuatro
ojos con el príncipe Turki, el jefe de los servicios secretos de Arabia Saudí,
en Islamabad. Sadam -que fue juzgado por el asesinato de 153 personas y no de
los millares de kurdos que hizo gasear- murió en la horca antes de que tuviera
tiempo para hablar de los componentes del gas letal que había recibido de EE UU,
o de su amistad con Donald Rumsfeld, o de la ayuda militar que obtuvo de EE UU
cuando invadió Irán en 1980.<BR><BR>Curiosamente, no lo declararon "enemigo
público nº 1" por los crímenes contra la humanidad del 11 de septiembre de 2001,
sino por los atentados anteriores de Al Qaeda contra las embajadas de EE UU en
África y contra el cuartel estadounidense en Dahran. En todo momento esperaba
que le cayera encima un misil de crucero, igual que yo cuando le entrevisté. Se
había preparado para morir antes, en las cuevas de Tora Bora, en 2001, cuando
sus guardaespaldas le impidieron resistir y luchar y le obligaron a cruzar las
montañas para huir a Pakistán. Tal vez pasó un tiempo en Karachi, estaba
obsesionado con Karachi; aunque parezca increíble, incluso me dio fotografías de
pintadas a favor de Bin Laden en las paredes de esta antigua capital de Pakistán
y alabó a los imanes de la ciudad.<BR><BR>Sus relaciones con otros musulmanes
eran un misterio; cuando me reuní con él en Afganistán, al principio desconfiaba
de los talibán, negándose a dejarme ir a Jalalabad por la noche desde su campo
de entrenamiento y poniéndome en manos de sus lugartenientes de Al Qaeda para
que me protegieran durante el viaje al día siguiente. Sus seguidores odiaban a
todos los musulmanes chiíes por herejes y a todos los dictadores por infieles,
aunque se declaró dispuesto a cooperar con los exbaasistas iraquíes contra la
ocupación estadounidense de Iraq, como dijo en una cinta grabada a la que la
CIA, como es costumbre, no prestó atención. Nunca tuvo una palabra de alabanza
para Hamás y apenas era digno de su calificativo de "guerrero sagrado" que esta
organización le dedicó ayer y que, como siempre, hizo directamente el juego a
Israel.<BR><BR>En los años posteriores a 2001 tuve una breve comunicación
indirecta con Bin Laden, reuniéndome una vez con miembros de Al Qaeda de su
confianza en un lugar secreto de Pakistán. Escribí una lista de 12 preguntas, en
primer lugar una que resultaba obvia: ¿qué clase de victoria podía cantar si sus
acciones habían provocado la ocupación de dos países musulmanes por EE UU? No
hubo respuesta durante semanas. Después, un fin de semana, cuando estaba yo a
punto de dar una conferencia en Saint Louis, en EE UU, me dijeron que Al Jasira
había reproducido una nueva cinta grabada de Bin Laden. En ella contestó, sin
mencionarme, a cada una de mis 12 preguntas. Y efectivamente, lo que quería es
que los norteamericanos fueran al mundo árabe: así podía
destruirlos.<BR><BR>Cuando fue secuestrado el periodista Daniel Pearl, del Wall
Street Journal, escribí un largo artículo en The Independent, en el que supliqué
a Bin Laden que tratara de salvarle la vida. Pearl y su mujer se habían hecho
cargo de mí cuando fui golpeado en la frontera afgana en 2001; incluso me dio
acceso a su agenda de contactos. Mucho después me dijeron que Bin Laden había
leído mi artículo con tristeza, pero Pearl ya había sido asesinado. O eso
dijo.<BR><BR>Las obsesiones de Bin Laden afectaron también a su familia. Una
mujer le abandonó, dos más han muerto por lo visto en el ataque estadounidense
del domingo. En 1994 conocí en Afganistán a uno de sus hijos, Omar, que
acompañaba a su padre. Era un niño educado y cuando le pregunté si estaba
contento, me contesto "yes", en inglés. El año pasado publicó, sin embargo, un
libro titulado Living Bin Laden, donde -después de recordar cómo su padre mató a
sus queridos perros en un experimento de guerra química- lo calificó de "mala
persona". En su libro también rememora nuestro encuentro, concluyendo que
tendría que haberme dicho que no, que no era un niño feliz. <BR></DIV>
<DIV align=justify>A mediodía de ayer recibí tres llamadas telefónicas de árabes
que estaban todos seguros de que los norteamericanos habían matado al doble de
Bin Laden; conozco a muchos iraquíes que todavía creen que los hijos de Sadam no
murieron en 2003 ni Sadam fue ahorcado realmente. En su momento, Al Qaeda nos lo
dirá. Desde luego, si estamos todos equivocados y se trataba de un doble,
recibiremos un nuevo vídeo del Bin Laden real, y el presidente Barack Obama
perderá la próxima elección.
<HR>
<BR><BR><BR><BR> <BR><BR><BR></DIV></FONT></BODY></HTML>