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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa<BR></FONT><U>22 de junio 2011<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Colectivo
Militante - Agenda Radical<BR></FONT>Montevideo - Uruguay<BR>Redacción y
suscripciones: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A></DIV>
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<HR>
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Grecia</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>La caldera
griega<BR></STRONG></DIV></FONT>
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<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG><FONT size=2 face=Arial>Stathis Kuvelakis
</FONT><FONT size=2 face=Arial>*</FONT></STRONG></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Á l´encontre,
20-6-2011</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><A
href="http://alencontre.org/"><STRONG>http://alencontre.org/</STRONG></A></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Tradución de Faustino
Eguberri </STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Viento
Sur<BR></STRONG><STRONG><A
href="http://www.vientosur.info/">http://www.vientosur.info/</A></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2
face=Arial><STRONG></STRONG><STRONG></STRONG><BR><BR>Grecia está de nuevo en
primer plano de la actualidad internacional: el hecho no tiene ya nada de
sorprendente. Esta vez no se trata simplemente de la deuda o de las entregas de
la llamada “ayuda” de la Unión Europea y del FMI, sino de las reacciones que
esas realidades esconómicas suscitan entre una población traumatizada por un año
de “terapia de choque” neoliberal.<BR><BR>En esto también, nada hay de extraño:
Grecia tiene una rica tradición de protesta social y de insurrecciones.
Resistencia masiva contra la ocupación nazi, luchas contra el feroz Estado
policial que sucedió a la guerra civil de 1944-1949, levantamiento de los
estudiantes y los trabajadores contra el régimen militar en noviembre de 1973,
otros tantos jalones que modelan la memoria popular. En diciembre de 2008,
anunciando los movimientos en curso, la juventud de Atenas y de los centros
urbanos se rebeló como consecuencia del asesinato de un estudiante de bachiller
por la policía, expresando la extensión del malestar social, antes incluso de
que estallara la crisis de la deuda. <BR><BR>Los acontecimientos de la semana
pasada, y más en particular la movilización en la calle del 15 de junio de 2011,
que han hecho vacilar al gobierno, se explican por la conjunción de dos
fenómenos. De un lado, una movilización sindical clásica, culminando en una
jornada de huelga general de los sectores privado y público convocada por las
confederaciones sindicales, burocratizadas pero aún bastante poderosas (afilian
a alrededor de un asalariado de cada cuatro). Ciertamente, desde el voto por el
Parlamento, el 6 de mayo de 2010, del famoso “memorándum” concluido entre el
gobierno griego, la UE, el FMI, el país ha contado con no menos de once jornadas
similares, con una participación a menudo importante, pero resultados poco más o
menos nulos. Si esta última jornada del 15 de junio fue un éxito impresionante
(de fuente sindical, la participación habría oscilado según los sectores entre
el 80% y el 100%), y los cortejos imponentes, la razón hay que buscarla del lado
de un nuevo actor, que ha entrado en escena el 25 de mayo pasado.<BR><BR>Ese
día, como consecuencia de un llamamiento lanzado en facebook, inspirándose en
los “indignados” de España, decenas de miles de personas afluyeron a las
principales plazas del país y permanecieron en ellas hasta el amanecer. Una
multitud heterogénea, mayoritariamente constituida por electores decepcionados
de los dos grandes partidos (conservador y socialista) que se alternan en el
poder desde hace más de tres decenios, sale por primera vez a la calle para
clamar su cólera contra el gobierno y el sistema político.<BR><BR>Las consignas
apuntan ante todo al “memorándum” mencionado antes, la “troika” (UE, BCE, FMI) y
las medidas de austeridad que pilota y que, en menos de un año, han reducido un
cuarto los salarios y las jubilaciones (tradicionalmente las más bajas de Europa
occidental después de Portugal), hecho subir la tasa de paro oficial al 16,2% y
llevado a la quiebra a hospitales, universidades y servicios públicos básicos.
<BR><BR>Poco subrayado hasta recientemente por los medios internacionales,
cuando es de una amplitud y un enraizamiento social mucho más significativos que
su “primo” español, este “movimiento de las plazas” como se denomina él mismo,
es seguramente diferente de las formas anteriores de acción colectiva.<BR><BR>De
ahí sin duda algunos malentendidos: este movimiento no puede de forma alguna ser
reducido a una protesta moral. Es, al contrario, revelador de una profunda
crisis de legitimidad no solo del partido en el poder, sino del sistema político
y del estado como tales. Enarbolando banderas griegas, a veces acompañadas de
banderas tunecinas, españolas o argentinas, el “pueblo de las plazas” hace
secesión y deja estallar su hartazgo frente a la revocación del “contrato
social” fundamental entre el Estado y los ciudadanos. Como proclama la banderola
central que atraviesa desde hace semanas la plaza central de Atenas, Syntagma,
la “plaza de la Constitución”: “No estamos indignados, estamos determinados”.
<BR><BR>Es en efecto una exigencia de democracia real, combinada a la toma de
conciencia de que ésta es incompatible con políticas de demolición social, lo
que constituye el motor del movimiento en curso. Todas las tardes, en las plazas
de varias decenas de ciudades del país se celebran asambleas populares
masivamente seguidas de un tipo inédito de actividades: circulación de la
palabra, discusión de las propuestas preparadas por las comisiones de trabajo,
decisiones sobre las modalidades y los objetivos de las futuras
acciones.<BR><BR>El espacio urbano reconquistado se convierte así en el lugar de
la protesta y el símbolo de esta reapropiación popular de la política. A pesar
de dejar de lado las afiliaciones partidarias, por temor a manipulaciones y
divisiones estériles, los militantes de las formaciones de la izquierda radical
afluyen rápidamente. Las concentraciones del fin de semana, particularmente las
del 5 de junio, reúnen a varios centenares de miles de manifestantes en todo el
país, de ellos cerca de 300.000 en Atenas. Se opera una decantación política: en
un ambiente que recuerda el de los Foros Sociales Europeos de su mejor momento,
las asambleas llaman a la convergencia con los sindicatos y al cerco del
parlamento (en Atenas) y de otros edificios públicos (en provincias) en la
perspectiva del voto, previsto para fin de mes, del nuevo paquete de austeridad
negociado con la UE. Es exactamente lo que ocurre en la jornada bisagra del 15
de junio, cuando el encuentro de los cortejos sindicales y de los del “pueblo de
las plazas” toma aires insurreccionales y se enfrenta a la represión policial,
particularmente alrededor del parlamento y de la plaza Syntagma.<BR><BR>Durante
largas horas, la mayor confusión se instala en la cúspide del estado. En una
capital presa del caos, el primer ministro Georges Papandreu negocia ampliamente
con la oposición de derechas la formación de un gobierno de “unión nacional” del
que él mismo no formaría parte. Al fin de la noche, ante una opinión y medios
estupefactos , anuncia el fracaso de estas tentativas y una sencilla
remodelación ministerial (el ministro de Defensa toma el puesto del de
Economía).<BR><BR>Pero es demasiado tarde: habiendo él mismo admitido la
ilegitimidad de su poder, afectado por nuevas deserciones de diputados de su
partido, Papandreu juega contra reloj, esencialmente preocupado por la
aprobación a la fuerza del acuerdo realizado con la UE. <BR><BR>Un acuerdo al
que una calle revigorizada está más que nunca determinada a hacer –físicamente-
barrera. A la crisis social y económica se ha añadido una crisis política
generalizada, que no podrá ser resuelta por la convocatoria de elecciones
anticipadas. ¿La caldera griega en ebullición se acercaría al momento de su
explosión? Las semanas que vienen serán decisivas. Una cosa es segura: la onda
de choque que ha salido de este país sacude ya en profundidad el actual edificio
europeo.<BR><BR>* Stathis Kuvelakis es autor, entre otros, de La France en
révolte (Textuel, 2007). Es profesor en el King’s College (Londres).</DIV>
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