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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa<BR></FONT><U>13 de octubre 2011</U><BR><FONT color=#800000
size=5>Colectivo Militante - Agenda Radical</FONT><BR>Montevideo -
Uruguay<BR>redacción y suscripciones: <A
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href="mailto:germain5@chasque.net">germain5@chasque.net</A></FONT></STRONG><A
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Chile<BR></FONT></STRONG></DIV></FONT>
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<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>La saludable rebelión de los
estudiantes<BR></DIV></STRONG></FONT>
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<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Fernando de la Cuadra
*</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><STRONG><FONT color=#000000 size=2 face=Arial>ALAI, América
Latina en Movimiento</FONT></STRONG></DIV>
<DIV><FONT size=2 face=Arial><STRONG
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href="http://alainet.org/">http://alainet.org/</A></STRONG></FONT></DIV>
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<DIV><FONT size=2 face=Arial><STRONG></STRONG> </DIV>
<DIV align=justify>Se puede considerar el día 12 de mayo como el reinicio de las
movilizaciones estudiantiles en Chile. Precisamente en esa fecha fue convocada
la primera manifestación nacional de los universitarios afiliados a la
Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH). A partir de ese día los
estudiantes irrumpieron en la noticia como una voz renovada y poderosa en contra
de la deteriorada situación en que se encuentra la educación en Chile.
<BR> <BR>La impresionante adhesión que fue adquiriendo el movimiento se
debe a una constelación de factores que poseen, por una parte, una dimensión
histórica alimentada por una frustración acumulada a través de dos décadas. Las
causas de esta insatisfacción son variadas y muchas de ellas -que ya se habían
presentado en los consecutivos gobiernos de la Concertación- muestran el punto
de saturación y fastidio creciente que se venía incubando entre los chilenos
desde la aplicación del modelo neoliberal a mediados de los años setenta. Por
otra parte, el conflicto de los universitarios posee un carácter más coyuntural
y fue adquiriendo una relevancia mayor en la medida que la política del gobierno
de centro-derecha fue cada vez más errática.<BR> <BR>En efecto, desde que
asumió la presidencia el abanderado de la "Coalición por el Cambio", Sebastián
Piñera, las manifestaciones de descontento han ido adquiriendo una creciente
fuerza en vastos sectores de la ciudadanía. A esta decepción y cansancio de la
gente, se suman todas las promesas incumplidas por el actual mandatario, que más
bien parece encarnar una línea de continuidad con las administraciones que tanto
reprochaba. Contrariando todo aquello que fue excesivamente publicitado durante
su campaña presidencial - usando el slogan de "la fuerza del cambio"- Piñera y
sus correligionarios se han revelado totalmente inmóviles e incompetentes para
formular una política de Estado orientada a resolver los persistentes problemas
de justicia social, exclusión y desigualdad aún imperantes en
Chile.<BR> <BR>Ciertamente, es la ausencia de una vocación de estadista y
el abandono de una perspectiva de lo público en diferentes ámbitos, lo que
constituye el foco central de los cuestionamientos a la gestión del mandatario y
su coalición de centro-derecha. Formateado como un gobierno de empresarios, los
problemas de "conflictos de interés" han sido la tónica de la reciente
administración.[1] Pero no sólo eso, el desprecio por todo aquello que implica
lo público se hace evidente también en los miembros del gobierno que formados
bajos los preceptos del neoliberalismo, siempre consideraron que el Estado es la
máxima expresión de la ineficiencia y que, por el contrario, piensan que el
bienestar de las personas es una consecuencia casi exclusiva del esfuerzo e
iniciativa de cada uno y no un resultado de las políticas
públicas.<BR> <BR>La percepción de la ciudadanía con respecto a la falta de
preocupación por los asuntos públicos hay que sumarle el conjunto de deudas
pendientes dejadas por los gobiernos anteriores, a saber: manutención de la
Constitución heredada del régimen militar y del sistema binominal; exclusión de
las minorías, administración del modelo neoliberal, privatizaciones,
desregulación de las actividades empresariales y de las formas como opera el
capital financiero, flexibilización y precariedad laboral, sistema de pensiones
con capitalización individual, aplicación de un sistema tributario regresivo que
privilegia las grandes fortunas en desmedro de la totalidad de contribuyentes,
endeudamiento generalizado, deficiencia de los servicios educativos y de salud,
una legislación ambiental insuficiente que no consigue frenar la acción
predatoria de las empresas o la consagración de valores individualistas y de
brutal competencia entre las personas.<BR> <BR>De esta manera, la carencia
de una política de Estado en temas como educación, salud, empleo o seguridad
social han generado un amplio sentimiento de rechazo por parte de diversos
sectores de estudiantes, profesores, funcionarios de la salud, deudores
hipotecarios, empleados públicos, jubilados, consumidores, pueblos originarios,
ecologistas y de la ciudadanía en general.[2] Las marchas y protestas que en sus
orígenes poseían una demanda sectorial se han transformado en un gran movimiento
nacional que cuestiona profundamente las bases del modelo económico y social
sobre el que se ha instaurado el "milagro" chileno. Desde los trabajadores del
cobre que se oponen a la privatización de los recursos minerales, pasando por
los deudores hipotecarios y las familias afectadas por el terremoto que todavía
se encuentran viviendo en carpas improvisadas, hasta los estudiantes secundarios
y universitarios que exigen una educación pública de calidad o los grupos que
luchan contra la construcción de cinco represas en la región sur (HidroAysén),
todos en suma se han ido articulando en torno de un proyecto que ponga fin a la
política vigente que sólo genera mayor desigualdad y discriminación entre los
chilenos.<BR> <BR>Incapaz de resolver dichas exigencias, el actual
mandatario ha perdido en muy pocos meses toda y cualquier credibilidad,
inclusive entre sus electores. Una de esas promesas fue mejorar la calidad de la
educación, lo que ciertamente no ha sucedido. Por lo mismo, en el último año han
explotado innumerables protestas por la calidad de la Educación Secundaria y
Superior, y cientos de colegios, institutos y universidades han sido ocupados
por los estudiantes. Durante más de cinco meses miles de alumnos han marchado
por el centro de Santiago y de las principales ciudades del país, en contra de
la privatización y mercantilización de la educación en Chile. Al respecto, un
vocero de la Confederación de Estudiantes de Chile (CONFECH) señaló que está en
proceso de construcción un petitorio único que congregue los intereses del
movimiento estudiantil en su conjunto. Entre las principales demandas elaboradas
por los estudiantes -además de la exigencia de una educación pública gratuita y
de calidad- se menciona eliminar el lucro por parte de los entes educacionales,
el fin de la educación municipalizada, la realización de mejoras en la
infraestructura de los establecimientos de enseñanza básica, media y superior y
finalmente, que el pase escolar sea gratuito durante todo el
año.<BR> <BR><STRONG>Pingüinos 2.0: La lucha
continua</STRONG><BR> <BR>Un importante aspecto a destacar de estas
movilizaciones, es que ellas son integradas fundamentalmente, tanto en sus bases
como en sus dirigencias, por estudiantes que durante el año 2006 participaron
activamente en el movimiento secundario, conocido como la "rebelión de los
pingüinos". De esta manera, sus protestas, hoy al igual que hace cinco años,
desnudaron el colapso del sistema político y del modelo socioeconómico imperante
en Chile desde la época del régimen militar. Después de prácticamente cuatro
meses de represión, los estudiantes consiguieron una audiencia con el Presidente
Piñera para exponer sus demandas. La principal de ellas - como ya señalamos- es
la instauración de un sistema educacional público con gratuidad para todos,
fundado en un marco democrático y pluralista, orientado a la producción de
conocimiento para un desarrollo integral e igualitario y para atender las
necesidades del pueblo chileno, en toda su diversidad y
multiculturalidad.<BR> <BR>Para financiar este sistema los estudiantes
proponen algunas medidas que siempre aparecen en el debate, pero que hasta ahora
nunca fueron ejecutadas, como por ejemplo, la realización de una reforma
tributaria de carácter más equitativa, o sea, que aumente progresivamente la
tributación de las grandes fortunas y de las grandes empresas. Ellos también
sugieren una nacionalización de todas las minas de cobre, entregadas o
"concesionadas" al capital privado inmediatamente después del Golpe de Estado de
1973. Para aplicar tales políticas, el régimen político binominal ha
representado un serio obstáculo, por lo tanto, los estudiantes finalmente
sustentan la necesidad de cambiar este sistema por uno que sea una expresión más
proporcionalmente fidedigna de las decisiones y preferencias de los electores.
El último plebiscito convocado por los estudiantes -junto a otras organizaciones
gremiales, políticas y sociales- demostró la mayoritaria adhesión de la
ciudadanía a propuestas como una educación pública gratuita (96%) o el fin del
lucro con fondos públicos en todos los niveles de la educación (90%).[3]
<BR> <BR>¿Cuál es el futuro de estas movilizaciones? Consideramos que
independiente de los acuerdos concretos a los que el movimiento estudiantil
pueda alcanzar en algún momento con los representantes del gobierno[4], lo
importante es que sus demandas y su crítica radical del modelo económico, social
y ambiental imperante en Chile, concitaron la adhesión de vastos sectores de la
ciudadanía y despertó la conciencia crítica de la sociedad chilena, una sociedad
dividida y paralizada por las heridas y traumas del pasado.<BR> <BR>En su
meritorio y heroico intento de cambiar el modelo educacional chileno, los
estudiantes están indicando una agenda de transformaciones relevantes para el
país, la cual fue postergada por los trabajadores y los partidos políticos. Los
estudiantes representan actualmente un actor sin miedo, movilizado en plazas y
calles, articulado a través de todo el país, que utiliza formas democráticas de
funcionamiento, con amplio consenso social y que posee una agenda de mudanzas
que van mucho más allá de la simple indignación o de la rabia
contestataria.<BR> <BR>Aunque el destino y el éxito de las diversas
estrategias seguidas por el movimiento sean inciertas, nos atrevemos a sustentar
que a pesar de la creciente acción represiva contra ellos[5], estas marchas y
protestas van a continuar por un largo período, en un proceso no lineal de
avances y retrocesos, de negociación y de rupturas, de conquistas y derrotas, de
cooptación y de resistencia. Lo que sí está claro, es que la sociedad chilena se
encuentra retomando sus luchas históricas y, por eso mismo, cimentando una nueva
subjetividad al calor de las manifestaciones. Con los conflictos emergiendo
permanentemente al plano de lo "visible" y concreto, la democracia se hace en
definitiva más saludable, rejuvenece, se fortalece y profundiza, ya que sabemos
que el exceso de consenso puede ocultar generalmente el miedo y la apatía,
sentimientos enormemente perniciosos cuando se ciernen sobre una comunidad o
país que aspira a construir un futuro más justo y
fraterno.<BR> <BR></DIV></FONT>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>* Fernando de la Cuadra
es</FONT><FONT size=2 face=Arial> Doctor en Ciencias Sociales. Investigador
del Laboratorio de Estudios de la Violencia (LEV) y de la Red Universitaria de
Pesquisadores sobre América Latina
(RUPAL).<BR><BR><BR><STRONG><U>Notas</U></STRONG><BR><BR>[1] Es necesario
consignar, que al comenzar su mandato, Piñera nominó varios empresarios para
asumir importantes pastas del gobierno (Relaciones Exteriores, Economía, Minas y
Energía, Obras Públicas, Agricultura), situación que ha ido cambiando en el
transcurso de su administración, reemplazando algunos de ellos por ministros con
un perfil más "político".<BR>[2] En la última encuesta realizada por el CERC
(Centro de Estudios de la Realidad Contemporánea) se constata que el nivel de
aprobación del gobierno solamente alcanza a un 22% y, por el contrario, el
índice de desaprobación se elevó a un 66%. Por su parte, la falta de
credibilidad en el Presidente Piñera llega a unos 83%, sumados los que
directamente no creen nada (67%) y los que sólo creen un poco (16%).<BR>[3]
Plebiscito informal y no vinculante realizado durante los días 7 y 8 de octubre
a partir de una convocatoria de la Mesa Social por la Educación que congrega
diversas entidades como el Colegio de Profesores de Chile, Confederación de
Trabajadores del Cobre, Patagonia sin represas, CONFECH, Confederación de
Estudiantes Secundarios (CONES), etc.<BR>[4] En este momento, el dialogo entre
el gobierno y los estudiantes se encuentra congelado.<BR>[5] Existen fuertes
indicios de que la represión contra el movimiento estudiantil y otros sectores
movilizados se puede profundizar en lo que resta del mandato de Piñera, dado que
el gasto en sistemas de inteligencia, vigilancia y seguridad ha aumentado
considerablemente. Además, la campaña anti-delincuencia está siendo utilizada
como pretexto para montar una red de control, seguimiento y espionaje sobre la
población en general, en el marco de aquello que se ha denominado Doctrina de
Seguridad Ciudadana.</FONT></DIV>
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