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<HR>
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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa<BR></FONT><U>15 de noviembre 2011<BR></U><FONT color=#800000
size=5>Colectivo Militante - Agenda Radical<BR></FONT>Montevideo -
Uruguay<BR>Redacción y suscripciones: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A></DIV>
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<HR>
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Siria</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG><FONT size=3>Cara a cara con
el Ejército Libre de Siria<BR></FONT></STRONG></DIV></FONT>
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<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Mónica G. Prieto, desde Wadi
Khaled, frontera sirio-libanesa <BR>Periodismo Humano</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><FONT size=2 face=Arial><A
href="http://periodismohumano.com/"><STRONG>http://periodismohumano.com/</STRONG></A></FONT></FONT></DIV><FONT
size=2 face=Arial>
<DIV align=justify><BR><BR>Durante meses, el sargento Hassan abu Ali no pensaba
en las órdenes que le daban, sólo actuaba. "Mi misión era cazar manifestantes",
dice con voz queda envuelto en sus raídas ropas para atenuar el frío lacerante
que se cierne sobre el colegio abandonado ocupado por refugiados en una aldea
libanesa de Wadi Khaled, situada a cinco kilómetros de la frontera con Siria.
"Cada día salía de la base con ropa civil y, como otros muchos militares, nos
infiltrábamos en las manifestaciones. Cuando identificábamos a los más activos
sacábamos porras eléctricas y aplicábamos descargas. Dos, tres, cuatro en unos
segundos. Pam, pam, pam. Caían desmayados, entraban los uniformados y se los
llevaban".<BR><BR>La primera manifestación en la que actuó tuvo lugar en Homs el
21 de marzo, apenas seis días después del inicio de la insurrección social. "Yo
estaba convencido de que había extremistas infiltrados, aunque no veía armas
entre los manifestantes. Un día, vino mi hermano, también militar, y me mostró
en su teléfono vídeos de las masacres cometidas en Daraa. Tuvimos una discusión:
él decía que estábamos matando a civiles desarmados, yo que eran <BR>fanáticos
islamistas".<BR><BR>Pero desde aquel día, Abu Ali comenzó a prestar mucha más
atención a los acontecimientos. "Lo empecé a ver con mis propios ojos, más allá
del discurso oficial. Sólo veía gente gritando y cantando consignas, y al
Ejército enviando al mismo número de soldados que manifestantes había. Sólo unos
disparaban. Si la gente nos hubiera disparado, al menos habríamos tenido alguna
víctima".<BR><BR>Desde que abrió los ojos, el sargento Hassan era carne de
deserción, y su único destino, el Ejército Libre de Siria, la formación de
desertores que está plantando cara al régimen de Damasco en las calles en lo que
parece una reedición de los acontecimientos en Libia, pero generando una guerra
civil que puede adquirir proporciones regionales.</DIV>
<DIV align=justify><BR></FONT><FONT size=2 face=Arial>Periodismo Humano ha
encontrado a cinco de sus miembros en la frontera libanesa, donde esperan su
turno para regresar al país o desde donde realizan incursiones puntuales para
debilitar a las fuerzas sirias en lo que parece el principio de una guerra de
guerrillas con pocas armas, menos pero un potencial y una convicción de la que
podrían carecer las fuerzas de Damasco. Con la única condición de preservar su
anonimato para evitar represalias contra sus familias -los nombres son
pseudónimos- los desertores acceden a explicar su papel en la represión, cómo el
régimen justifica el aplastamiento de las protestas populares y los bombardeos
contra barrios civiles y por qué abandonaron sus filas, así como su actual
aunque precaria organización militar.</FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><BR></FONT><FONT size=2 face=Arial>El
teniente primero Mahmud abu Hassan, de 25 años, fue durante cinco un orgulloso
oficial del Ejército. Se educó en la Academia Militar de Homs, </FONT><FONT
size=2 face=Arial>lo más selecto de Siria, y servía en Damasco hasta la que
revolución social le mostró la cara más brutal del régimen al que servía. "Tuve
suerte, porque no me tocó participar en la represión porque estaba en plena
formación en la Academia. Pero durante unas vacaciones a mi ciudad natal, lo que
vi me hizo abandonar el Ejército".<BR><BR>En su pueblo, situado en la provincia
de Homs, las manifestaciones habían atraído a las fuerzas represoras del
régimen. "Saqueaban casas abandonadas, tiendas, robaban sin más. Entraron en una
casa en busca de un disidente, y al no encontrarlo dispararon a su mujer y a su
hermana en las piernas para que dieran su paradero. Una </FONT><FONT size=2
face=Arial>semana después, observé cómo atacaban la mezquita, donde se habían
concentrado los manifestantes en busca de protección. Dispararon contra el
minarete, y cuando entraron los shabiha [milicias alauíes del régimen de
Damasco] profanaron el Corán". Cuando se le requieren más detalles, Mahmud
enrojece súbitamente. Intenta evitar el tema, hasta que lo condensa en una frase
que parece liberarle de un gran peso. "Se orinaron encima".</FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><BR></FONT><FONT size=2
face=Arial>"Disparaban con tanques pese a que ni una sola bala salió de
la ciudad", puntualiza Mahmud con el índice en alto. "Pueden engañar
a los soldados, pero no a los oficiales. Nos hablan de Bandar al Sultan
[príncipe saudí], nos enseñan documentos que pretenden demostrar que la UE,
Arabia Saudí, Israel y EEUU organizan las marchas. Cuando terminan, solemos
bromear entre nosotros. 'Tened cuidado, no vayáis a matar a alguien de Marte'
".<BR><BR>A su lado, el sargento Abu Ali asiente con convicción. "En todos estos
meses no vi una sola arma entre los manifestantes", rememora con la mirada
perdida. Al sargento lo desplazaron siguiendo el mapa de la insurreción y la
represión. De Homs pasó a Rastán, de Rastán a Telbise, de allí a Jisr al
Shoghour, finalmente a Hama. Su misión pasó a ser disparar a los manifestantes,
solo que afirma que descuidó su puntería para evitar pesos extra en su
conciencia. "Los miembros de la Inteligencia disparaban a mujeres delante mía",
se lamenta apurando un cigarrillo tras otro y mesando su corta
barba.</FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><BR></FONT><FONT size=2 face=Arial>A
finales de julio, en los primeros días de Ramadan -mes sagrado del Islam- a Abu
Ali le tocó participar en el asalto de Hama. "Nos llevaban en autobuses, y luego
esos mismos autobuses regresaban a base cargados de detenidos. Nosotros nos
quedábamos en medio de la ciudad protegidos por cuatro fusiles. Nos quedábamos
temblando: si fuese verdad que los civiles estaban armados, nos habrían
masacrado".<BR><BR>El malestar ante la represión de civiles terminó calando
entre los uniformados, sobre todo entre los de mayor grado. El sistema del
régimen para evitar que tomasen conciencia era disipar dudas con ejecuciones
sumarias. "La orden era disparar en cuanto escuchásemos allahu akhbar [Dios es
el más grande, consigna empleada en las manifestaciones para resaltar su
carácter pacífico]. En abril o mayo, un soldado kurdo llamado Hamam Denief se
negó a disparar delante mía. Un oficial de mayor graduación le descerrajó un
tiro delante de todos. A nosotros nos advirtieron que no dijésemos nada; a los
que no lo presenciaron le dijeron que había sido un francotirador infiltrado
entre los manifestantes".<BR><BR>Las ejecuciones sumarias de los militares que
se niegan a participar en la represión es una denuncia recurrente. El capitán
Abu Fares, de 47 años, lo sabía bien cuando desertó, el 3 de mayo, tras 29 años
en la Inteligencia Militar. Toda una vida a las órdenes del temido generalAssef
Shawkat, cuñado del dictador Bashar Assad, y al servicio de la máquina represora
del régimen. Hasta que vio algo que consideraba demasiado, explica sentado en el
suelo, con las piernas cruzadas y un vaso humeante de té en las
manos.<BR><BR>"Disparos indiscriminados, civiles que caían abatidos. Estaba en
la escuela de oficiales de Homs cuando se produjo una manifestación. Me enviaron
al frente de mi patrulla. Allí sólo había gente que pedía reformas, pero las
órdenes eran disparar. Y se disparaba de forma indiscriminada. Yo me negué a
disparar, pero al ser un oficial nadie me dijo nada. De allí fuimos desplazados
a Badiya, luego a Baba Amr [ambos barrios de Homs], pero se comenzó a notar que
yo no apretaba el gatillo". Durante un mes y medio consiguió pasar
desapercibido, pero el castigo no tardaría en llegar: fue desplazado a Daraa,
primer foco de insurreción y uno de los más fieros. "Vi la ocasión de escapar y
la tomé". Afirma que él fue el segundo oficial que desertó tras Walid al
Qashami, miembro de la Guardia Presidencial, y antes que el coronel Hussein
Harmoush, el primero que declaró la creación del Ejército de los Oficiales
Libresdesde Turquía. Se trata de la primera organización de desertores, que tuvo
poco tiempo de actuación: Harmoush fue detenido en extrañas circunstancias y
extraditado a Damasco, desde ofreció una poco creíble confesión en la televisión
pública de sus actividades "insurgentes". Los activistas le dan hoy por
ejecutado.<BR><BR>Del Ejército de Oficiales Libres no se tardó en pasar al
Ejército Libre de Siria, comandado desde el exilio turco por el coronel Riad al
Assad -nada que ver con la familia del presidente- que clama tener a unos 10.000
uniformados a sus órdenes en todo el país. Abu Fares afirma que sólo en Líbano
hay unos 200, esperando al volver al país, colaborando en la entrada de armas y
protagonizando acciones puntuales como en el caso del sargento Abu Ali, que ya
ha participado en dos acciones armadas contra el Ejército sirio desde la
frontera libanesa, 330 kilómetros sin apenas demarcación.<BR><BR>"Cada vez es
más difícil porque el Ejército sirio está minando la frontera, pero nuestro plan
por el momento es emprender una guerra de guerrillas. No tenemos armamento para
otra cosa", explica Abu Fares mostrando una de sus más preciadas armas, un
decodificador de comunicaciones con el que, asegura, puede interceptar la radio
militar siria y prevenir algunas de sus operaciones. Desde la ventana de la
vivienda donde ha refugiado a su familia, en completa oscuridad por falta de
suministro <BR>eléctrico, cinco niñas se concentran frente a una rústica
chimenea de leña. Al otro lado de la ventaña se ve nítidamente Al Oweishat, la
primera localidad siria tras la frontera.<BR><BR>Los entrevistados, salvo el
capitán Abu Fares, organizaron su deserción con los Comités de Coordinación.
Primero evacuaron a sus familias, sabiendo lo que les podía pasar cuando
trascendiera que habían abandonado las filas del régimen. Abu Fares no cayó en
ello: dos de sus hermanos pagaron el precio de su deserción, fueron arrestados y
aún hoy siguen desaparecidos. El castigo por desertar incluye "el saqueo de
nuestras viviendas y el arresto y la tortura de nuestros
familiares".<BR><BR>Después abandonaron el país ilegalmente, cruzando los
confusos bordes de las montañas que separan el Líbano de Siria, esperando la
ocasión para regresar. "Ahora que se ha montado una estructura en el interior
del país sólo pienso en volver", dice Abu Hassan: "No deserté para sentarme con
las mujeres". "Los desertores están regresando", confirma Abu Fares, antes de
puntualizar que "hace dos días enviamos a otros 18 hombres". "Si vuelves dentro
de una semana no nos encontrarás aquí", dicen entre risas el teniente primero y
el sargento ante sus dos soldados rasos.<BR><BR>El Ejército Libre de Siria ha
optado, explica Abu Fares, por limitarse a una guerra de guerrillas con la única
pretensión de "defender a los civiles, desestabilizar aún más al régimen y
promover las deserciones". Actúan en grupos pequeños, no más de 10 personas, se
limitan a emboscadas de militares y, desde el exterior, a conseguir armas y
munición con las que alimentar sus exiguas fuerzas. Porque se llevaron el
equipamiento que portaban -fusiles de asalto, lanzagranadas- pero no es
suficiente para enfrentarse a un Ejército con aviación y artillería pesada y, lo
que es más grave, se quedan fácilmente sin munición.</FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><BR></FONT><FONT size=2
face=Arial>Entre quienes regresaron recientemente se encuentra el capitán Abu
Ali, durante cierto tiempo uno de los oficiales de mayor rango entre los
desertores sirios del Líbano. En conversación telefónica -afirma estar en Homs,
en uno de los peores días de la represión- el capitán de 32 años, con 12 de
servicio a sus espaldas en la Inteligencia Militar, amplía las tácticas
militares de la milicia de desertores. "Tenemos todo tipo de armas ligeras pero
escasez de munición, así que la prioridad es conseguir munición mediante las
fronteras y comprárselas al Ejército sirio", asegura.<BR><BR>Abu Fares y Abu
Hassan coinciden en que la situación de los reclutas sirios es tan miserable que
los menos convencidos suelen vender su munición a los desertores en los
checkpoints. "Cada operación es diferente, pero por lo general hacemos misiones
cortas, de entre 15 y 30 minutos de duración. Nos cuesta mantener el fuego,
aunque alguna vez hemos combatido durante seis horas". A la falta de munición se
suma la ausencia de bases permanentes, ya que su presencia es siempre itinerante
salvo en el caso de Jabal Zawiyah, una franja del norte respaldada por Turquía,
único garante internacional del Ejército Libre, pero eso no ha impedido que la
milicia de desertores se convierta en un contendiente de talla.<BR><BR>Afirman
tener 22 batallones en 13 provincias sirias y en los últimos dos meses han
protagonizado acciones en Deir al Zor, Rastán (donde en una sola operación
afirmaron haber destruido 17 vehículos militares), Abu Kamal, Hama, Homs, Daraa
o Idlib, entre otras ciudades. Se atribuyen la muerte de centenares de soldados
sirios y estuvieron presentes en el barrio de Baba Amr, en Homs, durante la
sangrienta ofensiva de la semana pasada: se retiraron "de forma táctica para
evitar más muertes civiles", afirma Abu Fares.<BR></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>Sobre la posibilidad de una guerra
civil -un hecho, desde el momento en que dos bandos armados se enfrentan en
Siria- Abu Ali y Abu Fares excluyen tan dramática posibilidad. "En ocho meses
los civiles no han empleado la violencia ni la van a emplear. Sólo los militares
de uno y otro bando estamos armados", dice Abu Ali. "Además en el Ejército Libre
de Siria [eminentemente suní, como el propio Ejército y la propia Siria] hay
honorables drusos, alauíes, cristianos. cualquier hombre honrado considera su
deber enrolarse en nuestras filas".<BR><BR>Si bien las cifras de 10.000
militantes parecen poco realistas, el potencial de esta milicia en el contexto
local es grande. "Ya hay 100.000 casos de reclutas llamados a filas que no se
han presentado porque no quieren participar en la represión", afirma Abu Fares.
Un civil de Homs contactado por Periodismo Humano aseguraba que en su barrio los
varones sólo esperaban una llamada del Ejército Libre de Siria para engrosar sus
filas. "Hemos rebicido muchas peticiones pero no tenemos armas para todos.
Conservamos sus nombres y los movilizaremos cuando podamos", dice Abu Ali.
"Muchos soldados regulares están esperando su momento de desertar, y lo harán
cuando la comunidad internacional se pronuncie contra Assad".
<HR>
<BR> <BR></FONT><BR></DIV></BODY></HTML>