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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa<BR></FONT><U>24 de diciembre 2011<BR></U><FONT color=#800000
size=5>Colectivo Militante - Agenda Radical<BR></FONT>Montevideo -
Uruguay<BR>Redacción y suscripciones: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A></DIV>
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Grecia/Italia<BR><BR>Los sagaces
sarcasmos de Karl Marx a propósito de los "gobiernos
técnicos"<BR></FONT></STRONG><BR></DIV>
<DIV align=justify><STRONG></STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Marcello Musto *<BR>La Breche</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><A
href="http://alencontre.org/"><STRONG>http://alencontre.org/</STRONG></A><BR><STRONG>Sin
Permiso<BR></STRONG></FONT><A href="http://www.sinpermiso.info/"><FONT size=2
face=Arial><STRONG>http://www.sinpermiso.info/</STRONG></FONT></A><BR><FONT
size=2 face=Arial><STRONG>Traducción de Miguel de
Puñoenrostro<BR><BR></STRONG><BR>De regreso, desde hace unos cuantos años, al
debate periodístico de todo el mundo por el análisis y el pronóstico del
carácter cíclico y estructural de las crisis capitalistas, Marx también podría
leerse hoy en Grecia e Italia por otro motivo: la reaparición del "gobierno
técnico".</FONT></DIV><FONT size=2 face=Arial>
<DIV align=justify><BR>En calidad de periodista de la New York Tribune, uno de
los diarios con mayor difusión de su tiempo, Marx observó los acontecimientos
político-institucionales que llevaron en la Inglaterra de 1852 al nacimiento de
uno de los primeros casos de "gobierno técnico" de la historia: el gabinete
Aberdeen (diciembre de 1852/enero de 1855). El análisis de Marx resulta
notabilísimo en punto a sagacidad y sarcasmo. Mientras el Times celebraba el
acontecimiento como signo del ingreso "en el milenio político, en una época en
la que el espíritu de partido está destinado a desaparecer y en la que solamente
el genio, la experiencia, la laboriosidad y el patriotismo darán derecho al
acceso a los cargos públicos", y pedía para ese gobierno el apoyo de los
"hombres de todas las tendencias", porque "sus principios exigen el consenso y
el apoyo universales"; mientras eso decían los editorialistas del diario
londinense, Marx ridiculizaba la situación inglesa en el artículo "Un gobierno
decrépito. Perspectivas del gabinete de coalición", publicado en enero de 1853.
Lo que el Times consideraba tan moderno y bien atado, lo presentó Marx como una
farsa. Cuando la prensa de Londres anunció "un ministerio compuesto de hombres
nuevos", Marx declaró que "el mundo quedará un tanto estupefacto al enterarse de
que la nueva era de la historia está a punto de ser inaugurada nada menos que
por gastados y decrépitos octogenarios (.), burócratas que han venido
participando en casi todos los gobiernos habidos y por haber desde fines del
siglo pasado, asiduos de gabinete doblemente muertos, por edad y por usura, y
sólo con artificio mantenidos con vida".</DIV>
<DIV align=justify><BR>Aparte del juicio personal, estaba, claro es, el juicio,
más importante, sobre la política. Se pregunta Marx: "cuando nos promete la
desaparición total de las luchas entre los partidos, incluso la desaparición de
los partidos mismos, ¿qué quiere decir el Times?". El interrogante es,
desgraciadamente, de estricta actualidad en un mundo, como el nuestro, en que el
dominio del capital sobre el trabajo ha vuelto a hacerse tan salvaje como lo era
a mediados del siglo XIX.</DIV>
<DIV align=justify><BR>La separación entre lo "económico" y lo "político", que
diferencia al capitalismo de modos de producir que lo precedieron, ha llegado
hoy a su cumbre. La economía no sólo domina a la política, fijándole agenda y
decisiones, sino que le ha arrebatado sus competencias y la ha privado del
control democrático, y a punto tal, que un cambio de gobierno no altera ya las
directrices de la política económica y social.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En los últimos 30 años, inexorablemente, se ha procedido
a transferir el poder de decisión, de la esfera política a la económica; a
transformar posibles decisiones políticas en incontestables imperativos
económicos que, bajo la máscara ideológica de la apoliticidad, disimulan, al
contrario, un injerto netamente político y de contenido absolutamente
reaccionario. La redislocación de una parte de la esfera política en la
economía, como ámbito separable e inalterable, el paso del poder de los
parlamentos (ya suficientemente vaciados de valor representativo por los
sistemas electorales mayoritarios y por la revisión autoritaria de la relación
entre poder ejecutivo y poder legislativo) a los mercados y a sus instituciones
y oligarquías constituye en nuestra época el mayor y más grave obstáculo
atravesado en el camino de la democracia. Las calificaciones de Standard &
Poor's o las señas procedentes de Wall Street -esos enormes fetiches de la
sociedad contemporánea- valen harto más que la voluntad popular. En el mejor de
los casos, el poder político puede intervenir en la economía (las clases
dominantes lo necesitan, incluso, para mitigar las destrucciones generadas por
la anarquía del capitalismo y la violencia de sus crisis), pero sin que sea
posible discutir las reglas de esa intervención, ni menos las opciones de
fondo.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Ejemplo deslumbrante de cuanto llevamos dicho son los
sucesos de estos días en Grecia y en Italia. Tras la impostura de la noción de
un "gobierno técnico" -o, como se decía en tiempos de Marx, del "gobierno de
todos los talentos"- se oculta la suspensión de la política (referéndum y
elecciones están excluidos), que debe ceder en todo a la economía. En el
artículo "Operaciones de gobierno" (abril de 1853), Marx afirmó que "acaso lo
mejor que pueda decirse del gobierno de coalición ('técnico') es que representa
la impotencia del poder (político) en un momento de transición". Los gobiernos
no discuten ya sobre las directrices económicas hacederas, sino que son las
directrices económicas las parteras de los gobiernos.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En el caso de Italia, la lista de sus puntos
programáticos se puso negro sobre blanco en una carta (¡que, encima, tenía que
haber sido secreta!) dirigida por el Banco central Europeo al gobierno
Berlusconi. Para "recuperar la confianza" de los mercados, es necesario avanzar
expeditamente por la vía de las "reformas estructurales" -expresión que ha
llegado a ser sinónimo de estrago social-, es decir: reducción de salarios,
revisión de los derechos laborales en materia de contratación y despido, aumento
de la edad de jubilación y, en fin, privatizaciones a gran escala. Los nuevos
"gobiernos técnicos", encabezados por hombres crecidos bajo el techo de algunas
de las principales instituciones responsables de la crisis (véase, hoy, el
currículum de Papademos; mañana o pasado, el de Monti), seguirán esa vía. Ni que
decir tiene, por "el bien del país" y por el "futuro de las generaciones
venideras". De cara a la pared cualquier voz disonante del coro. Pero si la
izquierda no quiere desaparecer, tiene que volver a saber interpretar las
verdaderas causas de la crisis en curso, y tener el coraje de proponer y
experimentar las respuestas radicales que se precisan para
superarla.<BR><BR></DIV>
<DIV align=justify>* Marcello Musto es profesor de ciencia política en la York
University deToronto y editor del libro recientemente publicado en castellano:
"Tras lashuellas de un fantasma. La actualidad de Karl Marx". Siglo XXI, 2011.
Su sitio es: <A
href="http://www.marcellomusto.com/">http://www.marcellomusto.com/</A></DIV>
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