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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa<BR></FONT><U>28 de febrero 2012<BR></U><FONT color=#800000
size=5>Colectivo Militante - Agenda Radical<BR></FONT>Montevideo -
Uruguay<BR>Redacción y suscripciones: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A></DIV>
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<HR>
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Estados
Unidos</FONT></STRONG></FONT></DIV>
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<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>De los 60 a
Occupy</STRONG></FONT></DIV>
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<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>Los diez mandamientos del perfecto
militante<BR></STRONG></DIV></FONT>
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<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Mike Davis
*</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Revue des
Livres</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG><A
href="http://www.revuedeslivres.fr/">http://www.revuedeslivres.fr/</A></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Traducción de Viento
Sur</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><A
href="http://www.vientosur.info/"><STRONG>http://www.vientosur.info/</STRONG></A></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><BR><BR><STRONG>¿Sabes imprimir
panfletos con multicopista? ¿Estarías dispuesto, como líder de un movimiento, a
dejarte destituir? ¿Cuáles son los pilares de una lucha correctamente
organizada? ¿Tienes a Slavoj Zizek junto a Roosevelt en tu mesilla de noche? ...
Consejos de Mike Davis a militantes de todo tipo. La Revue des
Livres<BR></STRONG><BR>Hace poco, en Canadá, una amiga me preguntó si el
movimiento “Occupy Wall Street” [Ocupar Wall Street] podría sacar alguna lección
de los movimientos de protesta de los años 60. Le respondí que uno de los pocos
recuerdos más o menos claros que conservo de entonces –ya han pasado más de
cuarenta años– es justamente el de haberme prometido que nunca, nunca, me
convertiría en un viejo imbécil con lecciones que transmitir. Pero ella
insistió, y su pregunta acabó por despertar mi propia curiosidad.¿Qué puedo
destacar, a fin de cuentas, de una vida entera entregada al activismo? Bueno,
parece que me he convertido en un especialista, capaz de sacar mil octavillas de
una multicopista de salud frágil, antes de que se desintegre. (He prometido a
mis hijos llevarles uno de estos días al Museo Smithsonian para que admiren
estos artilugios del demonio que tanto han aportado al movimiento por los
derechos civiles y a los movimientos anti-guerra). A todo esto, me acuerdo sobre
todo de algunos consejos que me dieron mis camaradas con más edad y experiencia,
y que memoricé como mis Diez Mandamientos personales (al estilo de los que se
pueden encontrar en un libro de dietética o en algunos folletos bien impresos).
Éstos son, para lo que puedan valer:<BR><BR>En primer lugar, el imperativo
categórico es la organización; o mejor dicho, facilitar la auto-organización de
los otros individuos. Catalizar está bien, pero organizar está mucho
mejor.<BR><BR>En segundo lugar, los dirigentes del movimiento deben ser
temporales y dispuestos siempre a ser sustituidos. El trabajo de un buen
organizador, como se solía decir en la época del movimiento por los derechos
civiles, es organizar su retiro, y arreglárselas para no volverse
indispensable.<BR><BR>En tercer lugar, los manifestantes deben trastocar la
permanente tendencia de los medios de comunicación a la metonimia, es decir, a
designar al todo por una de sus partes, a un grupo por uno de sus individuos
(¿no es extraño, por ejemplo, que conmemoremos el “Día de Martin Luther King”, y
no el “Día del Movimiento por los Derechos Civiles”?). Los portavoces deben ser
sustituidos con regularidad, abatidos incluso, si es necesario.<BR><BR>En cuarto
lugar, vale la misma advertencia para las relaciones existentes entre el
movimiento y los individuos que participan en él como bloque organizado. Creo
muy sinceramente en la necesidad de una izquierda revolucionaria orgánica, pero
estos grupos sólo pueden pretender la autenticidad si dan toda la prioridad a la
construcción de la lucha, y se prohiben a sí mismos tener una agenda secreta
respecto a los otros participantes.<BR><BR>En quinto lugar, como costosamente
aprendimos en los años 60, la democracia consensual no es equivalente a la
democracia participativa. A escala de las comunidades o de los grupos de
afinidad, la toma de decisiones por consenso puede funcionar muy bien, pero
cuando se trata de una lucha de mayor duración o que reúne a más individuos,
pasar a una forma de democracia representativa es esencial para permitir la
participación más igual y más grande posible. Como siempre, el diablo está en
los detalles: conviene asegurarse que cualquier delegado pueda ser destituído de
sus funciones, formalizar el derecho de las minorías políticas para que estén
representadas, y así todo lo demás. Ya sé que es una herejía decirlo, pero los
buenos anarquistas, los que creen en la acción concertada y en el autogobierno
por la base, podrían encontrar enseñanzas de gran valor en el Robert’s Rules of
Order1 [Reglamento parlamentario de Robert] (considerado un instrumento técnico
útil para las discusiones organizadas y para tomar decisiones).<BR><BR>En sexto
lugar, una “estrategia de organización” no consiste sólo en un plan para
aumentar el número de participantes en la lucha, sino también en un trabajo de
conceptualización para alinear esta lucha específica con los objetivos
privilegiados de la explotación y de la opresión. Por ejemplo, una de las
maniobras estratégicas más brillantes del movimiento de liberación negro a final
de los años 60 fue llevar la lucha al interior de las fábricas de automóviles de
Detroit y formar la League of Revolutionary Black Workers [Liga de los
trabajadores negros revolucionarios]. Hoy día podemos ver un desafío y una
oportunidad similares en “Occupying the Hood” [Ocupar los barrios]. Los grupos
que ocupan actualmente los patios de los plutócratas deberían responder rápido y
sin equívocos a la crisis de los derechos humanos que atraviesa la comunidad de
obreros inmigrados. Las manifestaciones por los derechos de los inmigrantes,
hace cinco años, están entre las mayores manifas de la historia de los Estados
Unidos. ¿Tal vez veamos converger el próximo Primero de Mayo a todos estos
movimientos contra la desigualdad en una única jornada de acción?<BR><BR>En
séptimo lugar, construir un movimiento que extienda auténticamente los brazos
hacia los pobres y los parados requiere tener acceso a determinadas
infraestructuras para responder a las necesidades humanas más urgentes:
alimentos, un techo, cuidados médicos. Si queremos que haya vidas consagradas a
la lucha, debemos crear cooperativas para repartir y redistribuir nuestros
propios recursos a los jóvenes que pelean en primera línea. De igual manera,
debemos crear una asociación de juristas implicados en el movimiento, como la
National Lawyers Guild [Asociación Nacional de Juristas], que resultó vital para
la contestación frente a la represión masiva de los años 60.<BR><BR>En octavo
lugar, el futuro del movimiento “Occupy Wall Street” vendrá menos determinado
por el número de personas presentes en el Liberty Park (aunque la permanencia de
esta ocupación es una condición sine qua non para la supervivencia del
movimiento) como por su capacidad para estar presente en Dayton, Cheyenne, Omaha
y El Paso. Muchas veces, la expansión espacial de las manifestaciones equivale a
una implicación cada vez más diversificada de los no-blancos y de los
sindicalistas. La emergencia de las redes sociales representa una oportunidad
histórica para establecer un diálogo horizontal nacional, incluso planetario,
entre activistas que no pertenecen a la élite. El caso es que “Occupy Main
Street” [“Ocupar la Calle Mayor”, como contraste con “Ocupar Wall Street”]
necesita mayor apoyo por parte de los grupos más telegénicos y que disponen de
mejores recursos en los grandes centros universitarios y urbanos. Una oficina
nacional de oradores y contertulios sería una baza inestimable. También es
esencial dar una perspectiva nacional tanto a las historias de la periferia como
a las del corazón del país. El relato de las manifestaciones debe convertirse en
una pintura de la manera en que la gente corriente está peleando por todo el
país: contra la minería a cielo abierto en Virginia Occidental, por la
reapertura de los hospitales en Laredo, en apoyo a los descargadores en
Longview, contra una comisaría fascista en Tucson, contra los escuadrones de la
muerte en Tijuana, o incluso contra el recalentamiento climático en
Saskatoon.<BR><BR>En noveno lugar, la participación creciente de los sindicatos
en las manifestaciones de Occupy –incluyendo la espectacular movilización que
obligó a la policía de Nueva York a renunciar temporalmente a su intento de
desalojar “Occupy Wall Street”) – cambia el dato y hace nacer la esperanza de
que, tal vez, este levantamiento pueda llegar a convertirse en una auténtica
lucha de clases. Pero debemos recordar al mismo tiempo que la mayoría de los
líderes sindicales están incorregiblemente casados –y mal casados– con el
Partido Demócrata, y también que están empantanados en estas guerras intestinas
y amorales entre sindicatos que han arruinado cualquier esperanza de un nuevo
desarrollo de la lucha de los trabajadores. Los manifestantes anticapitalistas
deben conectarse más intimamente con los grupos de oposición de base y con los
comités electorales más progresistas en el seno de los sindicatos.<BR><BR>Por
último, una de las lecciones más simples pero también más duraderas que se
pueden extraer de la disidencia de las generaciones anteriores reside en la
necesidad de hablar un lenguaje popular. La urgencia moral de un cambio adquiere
su mayor valor cuando se expresa en una lenguaje compartido por el mayor número
de gente.<BR><BR>Las principales voces radicales –Tom Paine, Sojourner Truth,
Frederick Douglass, Gene Debs, Upton Sinclair, martin Luther King, Malcolm X y
Mario Savio– supieron siempre ganarse al pueblo americano con ayuda de palabras
familiares y poderosas, ecos de las principales tradiciones de la conciencia
americana. Un ejemplo extraordinario de esta aptitud fue la campaña casi
victoriosa de Sinclair a la investidura de gobernador de California en 1934. Su
manifiesto, “Acabar con la pobreza en California ahora”, consistía en realidad
en una simple traducción del programa del Partido Socialista en términos
bíblicos, y más en concreto en parábolas del Nuevo Testamento. De esta forma se
ganó a millones de electores.<BR><BR>Hoy día, cuando los movimientos Occupy se
preguntan si necesitan una definición política más concreta, hay que plantearse
qué reivindicaciones pueden ganar al mayor número de personas, manteniéndose
radicales, en el sentido de antisistémicas. Algunos jóvenes militantes bien
podrían guardar temporalmente sus Bakunin, sus Lenin o sus Slavoj Zizek, para
desempolvar el programa de campaña de Roosevelt de 1944: el Economic Bill of
Rights [Declaración de derechos económicos] /2. <BR><BR>Era un toque de corneta
a una ciudadanía social y la declaración del carácter inalienable de los
derechos al empleo, a la vivienda, al acceso a la atención sanitaria y a una
vida feliz –muy alejada por tanto de la tímida política de la administración
Obama, esa política de rebajas del
“Por-favor-no-nos-maten-más-que-a-la-mitad-de-los-judíos”. El programa de este
cuarto mandato (al margen de cuáles pudieran ser las motivaciones oportunistas
de la Casa Blanca) se servía del lenguaje de Jefferson para plantear las
reivindicaiones fundamentales del CIO /3 y del ala socialdemócrata del New
Deal.<BR><BR>No era desde luego el programa “máximo” de la izquierda (que
reivindica una propiedad social y democrática de los bancos y de las mayores
empresas), pero es la posición más progresista nunca adoptada por un partido de
gobierno o un presidente americano. Hoy día, está claro, el Economic Bill of
Rights es una idea completamente utópica, pero al mismo tiempo es la simple
definición de lo que necesitan los americanos. Los nuevos movimientos, a
semejanza de los antiguos, deben ocupar a cualquier precio el terreno de las
necesidades fundamentales, y no el de un “realismo” político de corto alcance.
Si optamos por ello, ¿por qué no beneficiarnos entonces de la bendición de
Roosvelt?<BR><BR><BR>* Mike Davis es profesor de historia en la Universidad de
California, Riverside, y miembro del comité de redacción de la New Left Review.
[Entre sus obras más recientes en castellano están: Ciudad de cuarzo, Lengua de
Trapo, 2002; Planeta de ciudades miseria, Foca, 2008; El coche de Buda, el Viejo
Topo, 2009].<BR><BR><BR><U><STRONG>Notas<BR></STRONG></U><BR>1. Publicado por
primera vez en 1876, el Robert’s Rules of Order, escrito por Henry Martyn
Robert, trata del procedimiento parlamentario, esto es, de las reglas y
convenciones denesarias para el vuen desarrollo de una asamblea deliberante o de
una reunión. En 2011 apareció la 11ª edición.<BR><BR>2. Los “Bill of Rights”
[Declaración de Derechos] hacen referencia a las diez primeras enmiendas de la
Constitución americana adoptadas en 1789. Garantizan las libertades
fundamentales.<BR><BR>3. Creado en 1938, el Congress of Industrial Organizations
(CIO) fue uno de los principales sindicatos americanos, hasta su unificación con
la American Federation of Labor (AFL) en 1955.
<HR>
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