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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa<BR></FONT><U>6 de abril 2012<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Colectivo
Militante - Agenda Radical<BR></FONT>Montevideo - Uruguay<BR>Redacción y
suscripciones: </FONT></STRONG><A
href="mailto:germain5@chasque.net"><STRONG><FONT
size=4>germain5@chasque.net</FONT></STRONG></A></DIV>
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<HR>
</DIV>
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Uruguay</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>La trata con fines de explotación
sexual </STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG><FONT
size=3></FONT></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG><FONT size=3>El comercio del
cuerpo ajeno</FONT></STRONG> </FONT></DIV><FONT size=2 face=Arial></FONT>
<DIV align=justify><BR><FONT size=2
face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Mariana Contreras
<BR>Semanario Brecha, Montevideo</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><A
href="http://www.brecha.com.uy/"><STRONG>http://www.brecha.com.uy/</STRONG></A></FONT></DIV><FONT
size=2 face=Arial></FONT>
<DIV align=justify><BR><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>Es una realidad aceptada en silencio.
Sin embargo pocos la quieren ver, y se suele decir que acá no pasa. Pero pasa, y
cada vez más ojos y oídos se desayunan sobre la existencia de redes de mayor o
menor escala, dedicadas a traficar mujeres y niñas como materia de consumo
sexual en nuestro país. Además, en este informe, la "prostitución vip" como
escalera de naipes para acceder a las pasarelas del modelaje. </FONT></DIV><FONT
size=2 face=Arial>
<DIV align=justify><BR>Cuando el sol cae, la sordidez impregna la noche en
algunos puntos de la ciudad. Insospechados comercios de barrio se transforman en
cantinas adonde llegan chiquilinas de 13, 14 o 15 años. Émulas obligadas del
Show Match de Tinelli bailan el caño para unos parroquianos sedientos y
morbosos. Los hombres son de la zona o llegan alertados por un fino hilo de
vasos comunicantes a ver el espectáculo que se monta para ellos. Así pasan,
entre alcohol, bailes y sexo, hasta que el último aliento de la noche se traga a
las chiquilinas y recompone las fachadas para que todo vuelva a la mentirosa
normalidad.</DIV>
<DIV align=justify><BR>La escena sucede y se repite en Montevideo y en la zona
metropolitana, también en el interior del país, muchas veces bajo la vista casi
cómplice de un barrio que mantiene silencio por temor o porque la red delictiva
sabe cuáles son las necesidades de la zona e interviene aportando recursos y
soluciones.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Si no es un local comercial, podrá ser una casa, donde
anfitriones de buen nivel económico agasajan sirviendo adolescentes para consumo
a piacere de sus invitados. Son fiestas que pueden implicar el traslado de las
menores a otro barrio, a otra ciudad; a otro departamento u otro país, cruzando
legal o ilegalmente la frontera, lo mismo da.</DIV>
<DIV align=justify><BR>No necesariamente se trata de "prostitución vip", donde
modelos, o aspirantes a serlo, pagan "peaje" por cumplir su vocación, sino de
niñas, adolescentes y adultas que mediante mecanismos, sutiles primero y
grotescos después, quedan atrapadas bajo la voluntad de hombres que comercian su
cuerpo.</DIV>
<DIV align=justify><BR>"La esclavitud del siglo xxi" se le llama a la trata y el
tráfico de personas; y aunque el comercio no necesariamente tiene como fin la
explotación sexual (existe la trata con fines laborales, para la venta de
órganos, para el matrimonio, la adopción ilegal de niños, la servidumbre...), el
80 por ciento de las víctimas trasnacionales son mujeres y más de la mitad son
menores de 18 años. En 2009 un informe de Naciones Unidas (ONU) determinó que el
79 por ciento de las víctimas identificadas eran explotadas sexualmente.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En Uruguay, la explotación sexual de niñas y mujeres, así
como la violencia doméstica, son dos formas de violencia de género que han
tenido una visibilidad intermitente. A impulsos de investigaciones como las de
María Urruzola, publicadas en Brecha en 1992, o de trabajos como los de María
Elena Laurnaga, quien investigó la trata de adolescentes, ojos y oídos se han
desayunado sobre la existencia de redes de mayor o menor escala dedicadas a
traficar mujeres y niñas como materia de consumo sexual en nuestro país.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>For export</STRONG></DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify>A los 13 años decidió confesarle a su madre que el compañero
con el que ésta vivía –que oficiaba de padrastro– hacía tiempo que abusaba de
ella. Pero la obstinada negación de la madre fue más fuerte que la verdad y al
poco tiempo Ana (supongamos que así se llama la niña) no soportó más la
convivencia y comenzó una situación de alejamiento físico y sobre todo emocional
de su casa. Fueron largas horas deambulando por aquella ciudad del norte del
país, y casi sin percibirlo, la calle comenzó a ganar espacio en su vida. Ante
la pasividad familiar, abandonó definitivamente los estudios y comenzó a
consumir drogas y alcohol. Las noches las alternaba entre su casa y la de su
abuela, una mujer que en tiempos pretéritos vendió a su propia hija para la
prostitución.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Fue en las noches de calle sin rumbo, trillando hasta el
hartazgo la misma zona, que Ana conoció a un hombre de alrededor de 40 años, un
"novio" que le ofreció contención, la protegió y proveyó de mucho de lo que le
faltaba: comida, ropa, dinero. Con su nuevo estatus, las vueltas a la casa la
encontraron en un lugar diferente: el rol de proveedora le devolvió a la
niña/mujer el respeto y la consideración del que sus mayores antes no la creían
merecedora.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Más allá del vínculo afectivo, Ana fue creando una deuda
que al tiempo se hizo explícita: la droga que consumía –y que el "novio"
conseguía a través de terceros– debía ser pagada al proveedor. El sexo sería la
moneda de cambio.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Ese fue el primer escalón en un camino que al tiempo la
llevó a habitar una casa junto a otras menores, y algunas mayores e incluso una
extranjera, todas captadas para ser explotadas sexualmente. Las habitantes de la
casa son (aún hoy) "ofrecidas" para fiestas o a clientes particulares. Hubo
oportunidades en que algunas fueron llevadas ilegalmente a Brasil o a Argentina
con el mismo cometido. Les vendan los ojos para que no puedan identificar el
lugar. Las drogan con alguna sustancia que las hace sentir "confusas, con
bienestar y adormiladas" y las entregan a su suerte, al protagónico rol de ser
la diversión.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Hasta el momento en que decidió que no era vida para ella
–a los 17 años, y luego del nacimiento de su hija– Ana pudo entrar y salir de
aquella casa, manejó dinero, le regalaron ropa, disfrutó de algunas comodidades
que los dueños de la red de explotación disponían en el hogar, tuvieron con ella
algunas "consideraciones" durante su embarazo y luego del parto. Todo ello en
parte por el vínculo afectivo con uno de ellos, pero sobre todo porque las
medidas de coacción ya no pasan por el encierro. Pero tanto da, porque la
compleja forma en la que llegan a esa situación impide utilizar cualquier
palabra que se parezca a "consentimiento". Hoy están "atrapadas y sometidas pero
no encerradas", describió a Brecha una persona vinculada al tema. Hay amenazas
más o menos veladas de que en caso de "romper los códigos" su suerte no será muy
buena: las amenazan con ser denunciadas por mulas (muchas son utilizadas para
trasladar sustancias ilícitas tanto dentro como fuera del país), o con las
consecuencias que puede acarrear haber cruzado ilegalmente las fronteras, o por
haber captado ellas mismas otras mujeres para la red. Una de las formas más
habituales de engendrar miedo es la amenaza de contar a sus familias la realidad
de lo que hacen, o amenazar con hacerle daño a sus hijos.</DIV>
<DIV align=justify><BR>La historia de Ana es tan real como el expediente que se
sustancia en un juzgado del crimen organizado con su caso. Y a pesar de que
"zafó", pedir ayuda, contar su historia, le llevó más de un año de visita
frecuente a quien finalmente sería su confidente y el denunciante de la
situación. Ana zafó, sí, pero no rompió los códigos: durante la investigación no
dio nombres ni especificó lugares que permitan desbaratar la red. Y desde el
comienzo advirtió que si debía declarar en el juzgado, primero quería ver fotos
de los jueces, abogados y fiscales que intervinieran en el caso, para constatar
que ninguno de ellos hubiera sido cliente.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>Cuidar</STRONG></DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify>La trata y el tráfico de personas son considerados hoy dos de
los negocios ilícitos más redituables, después de la venta de armas y drogas.
Así lo dicen los informes internacionales, los mismos que señalan a Uruguay como
un país de "origen, tránsito y destino" de personas. Aquí, "el tráfico interno
de los niños –especialmente de las niñas– va en aumento y, por desgracia, parece
que hay una tolerancia inaceptable para este tipo de explotación sexual, que
generalmente incluye familias que viven al margen de la sociedad, social y
económicamente excluidos", dijo durante su visita en 2010 la relatora de la onu,
Joy Ngozi Ezeilo.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Cuando Ana decidió salirse de la red y la denuncia fue
presentada en el juzgado, no contó con protección policial alguna. Nadie le
aseguró que podía estar tranquila porque en caso de que alguien quisiera
amedrentarla, secuestrarla, agredirla, asustarla o robarle a su hijo, estaría
protegida. "Nos dijeron que pagáramos un 222", relató una persona allegada al
caso que respondió la policía. Tampoco la persona que facilitó la realización de
la denuncia, ni los operadores de campo que trabajaron con ella contaron con esa
tranquilidad.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Tampoco recibió protección una niña de 14 años que
denunció a su abusador. La menor fue traída desde un país latinoamericano bajo
el engaño de que trabajaría como niñera del hijo de una pareja de su misma
nacionalidad. El matrimonio había llegado a su casa, en una zona rural y pobre
del país andino donde es frecuente que lleguen personas ofreciendo trabajo, y
consiguió autorización de sus padres para que viajara. Pero apenas pisó
territorio uruguayo, la pareja retuvo sus documentos, y la niña fue sometida a
un régimen de esclavitud: por las noches trabajaba haciendo artesanías, por la
mañana debía llevar al niño a la escuela para luego instalarse en una plaza a
vender lo producido durante la noche. A las seis de la tarde volvía al hogar
para hacer las tareas de la casa. Como si fuera poco, el hombre comenzó a abusar
sexualmente de la niña. La situación, que hasta ese momento había sido
"naturalizada" dejó de serlo, y Elisa –otra vez, supongamos que así se llama–
contó a unos conocidos casuales de la plaza lo que estaba viviendo. Rápidamente
actuaron haciendo la denuncia y rápidamente la niña fue derivada a un hogar del
Inau. Pero habían pasado 6 meses (se está tramitando su repatriación) y nadie
había posibilitado siquiera una comunicación telefónica de la niña con su
familia. Catorce años, un país desconocido, una cultura extraña, un idioma que
es el mismo pero no tanto, una situación de esclavitud y de abuso y no hubo un
solo adulto que durante medio año se percatara de lo beneficioso que podía ser
una llamada telefónica. No es que se estuviera investigando si su familia estaba
vinculada a la trata, o que alguien considerase, por algún motivo, inconveniente
la comunicación, fue por pura falta de sensibilidad y sentido común.</DIV>
<DIV align=justify><BR>El matrimonio autor del delito sigue libre. Sin embargo,
no existió protección especial para esta niña, al punto tal de que cada vez que
se traslada al centro donde le brindan apoyo y contención, una funcionaria del
inau la acompaña a la parada del ómnibus, y otras funcionarias la esperan en el
destino y la llevan hasta el local. Una pregunta se torna obvia: ¿acaso una
persona que es capaz de abusar sexualmente de una niña, de trasladarla de país,
de someterla a un régimen forzado de trabajo no sería capaz de, ante la delación
de sus crímenes, tomar represalias en su contra?</DIV>
<DIV align=justify><BR>La protección integral falla. Y esa desprotección frente
a la situación de amenaza es uno de los problemas que detectan quienes trabajan
el tema, y sostienen que es la gran sombra que impide que muchas situaciones
salgan a la luz.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Aunque el país no cuenta con una ley específica, sí han
existido avances en la legislación: se incluyeron los delitos de trata y tráfico
en la ley de migraciones de 2007, existe una ley sobre violencia sexual,
comercial o no comercial, contra niños, adolescentes o incapaces (2004). Por su
parte, la ley de lavado de activos y financiamiento del terrorismo (2009)
incluye ambos delitos, permitiendo así que sean tratados por los juzgados de
crimen organizado. Eso habilita a que los jueces utilicen una serie de
prerrogativas a la hora de tratar los temas. Sin embargo, teoría y práctica
están desfasadas y la investigación y la protección de las víctimas es
justamente lo que está en la mira. La oficina de Interpol y crimen organizado,
encargada de la investigación, "no fue creada para trabajar estos asuntos
específicamente. La trata es apenas uno de los temas de su competencia y la que
es con fines de explotación sexual muchísimo más", explicó a Brecha la abogada
Diana González. Y si bien existió siempre "una buena actitud en algunos
policías, no hay llegada a la situación real". Lo que sí hubo fueron
"importantes denuncias de mala praxis: filtración de información, no
credibilidad de lo que la víctima planteaba (y por lo tanto exposición a
riesgos) y muchos prejuicios respecto de las víctimas. Lo que estaba en el
discurso y en las acciones era: a ella le gustaba, lo hizo, optó por esto y
ahora que se aguante".</DIV>
<DIV align=justify><BR>Es que para investigar estos delitos se debe tener un
"equipazo de investigación", que además debe "manejar muy bien el tema género y
derechos sexuales, lo cual implica revisar en la policía todos sus
estereotipos", sostiene la abogada. Y agrega que se debería contar con
condiciones similares en nivel de confiabilidad y profesionalidad a las de las
investigaciones sobre narcotráfico.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Por el contrario, hoy ese equipo no existe, y además
muchas de las garantías establecidas en la ley no son utilizadas, por ejemplo la
posibilidad de trabajar con agentes encubiertos (a solicitud de la fiscalía), o
habilitar escuchas telefónicas que permitan recabar pruebas. De esa manera se
evitaría la declaración de las víctimas (la ley no las obliga a corroborar el
delito.) "Lo mejor que les puede pasar es no tener que hablar en el proceso
porque el Estado no las va a poder proteger en la dimensión que ellas necesitan,
señaló a Brecha la abogada.</DIV>
<DIV align=justify><BR>Una consideración similar de la realidad actual tuvieron
Andrea Tuana y Cristina Prego, integrantes de El Faro. Ambas reclamaron equipos
capaces de llevar adelante una investigación proactiva: que a partir de datos
que se brinden la policía desarrolle una investigación, y que la misma no sólo
se realice cuando existe una denuncia de un caso concreto. "Hemos proporcionado
datos que, estamos seguras, no han sido investigados", relatan ambas: "plazas y
casas donde hay niñas siendo explotadas. O hemos dicho que en Ibiza (el boliche)
están tranzando mujeres" pero las actuaciones no se concretan. Por el contrario
la policía "suele tener una actitud patotera con los operadores de campo
(quienes trabajan con las víctimas), intimidando incluso para obligar a entregar
información" sobre situaciones de víctimas con las que los operadores trabajan.
Existe "omisión, indiferencia y un gran prejuicio" a la hora de actuar. "Durante
las investigaciones sobre narcotráfico ha sucedido que saltan temas de trata,
pero ven a las mujeres como parte de la red. Son las putas traficantes, gente
que importa poco", sostuvieron. Vale decir aquí que, efectivamente, en muchas
ocasiones trata y narcotráfico se interrelacionan: las mujeres son más rentables
ya que cumplen la función de mula (muchas veces como pago del viaje al exterior)
luego tienen la "opción" de permanecer en el extranjero y tiempo después lo que
comenzó siendo una opción termina siendo vida de esclava.</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG>Echar el ojo</STRONG></DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify>Comprender el delito como parte de la violencia de género
parece ser uno de los grandes desafíos del Ministerio del Interior. Quizá por
eso, hace unas semanas, en coincidencia con el Día Internacional de la Mujer, el
ministro Eduardo Bonomi anunció una serie de medidas vinculadas a la violencia
doméstica. Entre ellas informó la creación de una unidad especializada y una
mesa intrainstitucional de trabajo en torno al tema. Allí habrá representantes
de Crimen Organizado e Interpol, Migraciones, Identificación Civil, Policía
Caminera, la Escuela de Policía, el departamento de Relaciones Internacionales y
la División de Políticas de Género. Es, para muchos, la esperanza de que la
realidad actual pueda revertirse.</DIV>
<DIV align=justify><BR>La creación de una División de Políticas de Género sentó
un precedente en la incorporación de esa perspectiva, aseguró a Brecha la
directora del área, Marisa Lindner. Se presentó una propuesta para incluir la
perspectiva de género en la educación policial, atendiendo a la salud sexual y
reproductiva y a la violencia de género. "Lo visualizamos como un proceso,
porque incorporar la perspectiva de género requiere de cambios muy profundos en
los sistemas de ideas. Sabemos que no se resuelve con un curso, son temas de
mediano y largo plazo porque implica revisarnos en nuestras prácticas de ser,
pensar y sentir", reconoció Lindner.</DIV>
<DIV align=justify><BR>En 2010 la relatora de la onu cuestionó la "falta de
información estadística" sobre el delito en Uruguay y resaltó que "esto ha
provocado el fenómeno de permanecer invisible y no reconocido entre la población
y las autoridades". A 20 años de aquella investigación de Urruzola que dio
cuenta del complejo entramado de una red de uruguayos que explotaban sexualmente
mujeres en Italia, poco parece haber variado la sensibilidad nacional en torno
al tema. "No hay demasiada conciencia de la gravedad de tener adolescentes y
niñas en condiciones de sometimiento sexual en el país. En la trata interna se
ven mucho más las adolescentes y cómo se las desvaloriza, también se desvaloriza
su situación. Apenas se ve un tránsito de las adolescentes por los
departamentos, y con las adultas que sobreviven en condiciones más o menos
aceptables para el mercado del norte, el pasaje al exterior. Que haya una chica
de 17 años que sirve de consumo sexual de un jubilado, o al funcionario de tal
oficina en el Interior, y acá mismo en Montevideo, es bastante común", opinó
González. Señal de que 20 años no es nada cuando se trata de aprender a mirar y
reconocer lo que no quiere ser visto.
<HR>
</FONT></DIV></BODY></HTML>