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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa</FONT><BR><U>20 de marzo 2013</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Colectivo
Militante - Agenda Radical</FONT><BR>Montevideo - Uruguay<BR>redacción y
suscripciones: <A
title="mailto:germain5@chasque.net CTRL + clic para seguir el vínculo"
href="mailto:germain5@chasque.net">germain5@chasque.net</A></FONT></STRONG><A
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title="mailto:germain5@chasque.net CTRL + clic para seguir el vínculo"
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Nicaragua</FONT></STRONG></FONT></DIV>
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<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>"El Frente Sandinista colapsó, ahora
es la maquinaria política de una familia"</STRONG></FONT></DIV><FONT size=2
face=Arial>
<DIV align=justify><BR><STRONG>Dora María Téllez, Comandante guerrillera del
FSLN, Ministra de Salud en los años 80, Diputada del FSLN en los años 90,
historiadora, fundadora y dirigente del Movimiento Renovador Sandinista (MRS),
reflexionó sobre la involución del Frente Sandinista en una charla con Envío que
transcribimos.</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><STRONG></STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG></STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Revista Envío Nº 370</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><STRONG>Managua, enero de 2013</STRONG></DIV>
<DIV align=justify><A
title="http://www.envio.org.ni/ CTRL + clic para seguir el vínculo"
href="http://www.envio.org.ni/"><STRONG
title="http://www.envio.org.ni/ CTRL + clic para seguir el vínculo">http://www.envio.org.ni/</STRONG></A></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=3 face=Calibri></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><BR>Una pregunta que a mí me hacen a menudo es ésta: ¿Cómo es
que Daniel Ortega llegó hasta ahí? ¿Cómo es que el FSLN terminó así? Es una
pregunta con una respuesta no simple. La involución del Frente Sandinista es un
asunto mucho más complejo. Y el corto tiempo que tengo en esta conversación no
alcanza para describir exactamente todo el proceso. Así que hablaré sólo de
algunos rasgos que creo esenciales. En la historia del Frente Sandinista ha
habido varias etapas. La primera, la de la lucha revolucionaria contra la
dictadura. En esa etapa el Frente fue una organización clandestina, altamente
centralizada como corresponde a una organización clandestina, sumamente
reducida, con una militancia reducida -tal vez unas 300 personas- y con una
conexión con la sociedad bastante reducida también. Organizada para la lucha
armada. Ese proceso duró desde que el Frente Sandinista se fundó en 1961 hasta
1978. Era una organización forjada en medio de la represión de la dictadura, una
organización cerrada, donde no había debate democrático ni podía haberlo. Era
absurdo que lo hubiera cuando ni siquiera podía haber comunicación por la
clandestinidad. Eran tiempos de muy limitada comunicación en todo el país,
tiempos en que aún había teléfonos de disco, incluso de manigueta, con
telefonistas que enchufaban y desenchufaban clavijas en la central telefónica de
Matagalpa y en la de otros lugares. Y ni siquiera los usábamos en el Frente, por
razones de seguridad. Nuestra comunicación era mínima y elemental: nos
comunicábamos con papelitos chiquitos escritos con letra diminuta que llevaban y
traían algunos mensajeros. <BR><BR>Después de la ofensiva guerrillera de octubre
de 1977, y del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro en 1978, esa organización
clandestina se conectó por fin con una enorme movilización social hasta que
acabamos con la dictadura. Cuando eso sucedió el Frente Sandinista no era una
única organización, eran tres. En 1975 el Frente se dividió en tres
organizaciones distintas. No eran tendencias, como se decía entonces. Eran
organizaciones distintas, cada una con su dirección, sus estructuras, su
programa, su política, su filosofía de actuación. Cada una con su propio
planteamiento ante la dictadura somocista. Lo que no cambió fue el nombre y se
decía Frente Sandinista tendencia insurreccional tercerista, Frente Sandinista
tendencia guerra popular prolongada, Frente Sandinista tendencia proletaria. A
finales de 1978 a lo que llegan esas tres organizaciones no es a una unidad
orgánica, sino a una unidad en la acción para el derrocamiento de la dictadura.
<BR><BR>Con el triunfo de la Revolución en 1979 no se produjo tampoco una unidad
orgánica como tal. Se fusionó la dirección de las tres tendencias y el Frente se
rearticuló alrededor de las instituciones del Estado. Dirigiendo las
instituciones clave se colocaron los miembros de la dirección nacional del
Frente, que quedó como principal órgano político. Ése fue el mecanismo de
rearticulación política que encontramos. Y había una corriente de quienes
estaban en el ejército, otra de quienes estaban en el Ministerio del Interior,
otra de quienes estaban en la reforma agraria, otra de quienes estaban en lo que
se llamó "el partido" -la organización partidaria propiamente dicha-, otra de
quienes estaban en las organizaciones de masas.Quienes estábamos en el aparato
de "el partido", decíamos que estábamos en el "ministerio de movilización de la
Revolución". <BR><BR>Esto significó que la articulación política no se produjo
integradamente, sino alrededor de instituciones. En 1990 la derrota en las
elecciones nos encuentra articulados alrededor de instituciones y teniendo que
pasar a la oposición política. Dos desafíos enormes: articularnos como una
organización política, como un partido político y pasar a hacer oposición.
<BR><BR>Pero, ¿cuándo había sido el Frente oposición cívica, oposición política?
Nunca. No teníamos ninguna experiencia. Años antes habíamos estado en la
oposición armada. Además, nunca en Nicaragua un partido político en el poder
había perdido las elecciones limpiamente. Nadie estaba habituado ni a ganar ni a
perder elecciones limpiamente. <BR><BR>Todo era una novedad para el país.y para
el Frente. Nadie entendía nada de la separación de poderes. La concentración de
poderes en el Ejecutivo había sido en Nicaragua una tradición arraigadísima. Y
la Constitución de 1987, la que hicimos durante la Revolución, había seguido ese
mismo molde, no se apartó básicamente del sistema político anterior, basado en
concentrar poder en el Presidente de la República y en restarle poder a todos
los demás. Según la Constitución del 87, por ejemplo, el Presidente podía
nombrar de dedo al presidente de la Corte Suprema de Justicia y al presidente
del Consejo Supremo Electoral. La Constitución de 1987 consagró un sistema
presidencialista bastante autoritario. <BR><BR>Al pasar a la oposición, el
Frente Sandinista tenía otro dilema: cómo actuar en circunstancias tan
difíciles, cómo hacer oposición ante quienes habían estado en contra de la
Revolución y la habían combatido con las armas, cómo actuar ante la oleada
conservadora que se nos venía encima. Y además, qué relación tener con las
organizaciones sociales, con la ciudadanía, con la población. Eran muchos los
desafíos, todo era nuevo. Esto agudizó los debates al interior del Frente,
debates que ya teníamos antes de la derrota. <BR><BR>En el gran debate que se
abrió con la derrota electoral surgió un elemento clave, que es el que más ha
influido en la situación actual. Ese debate se centró en las causas de la
derrota, en cuál sería la actuación del sandinismo en la oposición y en la
demanda de democratización del partido. La corriente encabezada por Daniel
Ortega insistió en tratar de retrasar o frenar el proceso de democratización
interna del partido dada la situación adversa que atravesábamos. Para entonces,
la democratización del Frente era ya una demanda bastante amplia. Se le sumaba
el contexto interno, influido por los resultados electorales. <BR><BR>Después de
la derrota electoral, la Dirección Nacional salvó su responsabilidad,
delegándola en los cuadros intermedios del Frente. Los cuadros intermedios
terminaron siendo los grandes culpables de todo. Y en todas partes les volaron
la cabeza a todos. En esa tarea Daniel Ortega se empeñó a fondo. Así se
preparaba el terreno para lo que sucedería después. Siguiendo a la dirección
nacional, la base le echó también la culpa a los cuadros intermedios. Y como los
cuadros intermedios era la gente que tenía más autoridad en el partido, la gente
que podía debatir de tú a tú con la dirección nacional, una vez que fueron
desapareciendo lo que fue quedando del Frente fue una dirección que tenía todo
el poder y unos liderazgos de base con muchísimo menos poder. <BR><BR>El
segmento que encabezaba Daniel Ortega también se oponía a una reforma
constitucional que democratizara el sistema político, de corte presidencialista
y autoritario. Eso también provocó rupturas. Finalmente, el grupo de Ortega
terminó imponiéndose. Pudo hacerlo también porque cuando llegamos a 1990 Daniel
Ortega había estado rodeado de un aparato de propaganda que trabajó mucho para
cultivar y consolidar su personalidad. <BR><BR>El cultivo de su personalidad
inició a partir de 1983. Primero bajo la tesis de que era necesario concentrar
el poder para enfrentar la guerra contrarrevolucionaria. Y después, bajo la
tesis de que había que fortalecer personalidades para enfrentar las campañas
electorales, primero la de 1984 y después la de 1990. Poco a poco, la figura de
Daniel Ortega fue concentrando más y más poder y también teniendo más relieve a
nivel público, de manera que cuando perdemos las elecciones él es la
personalidad del Frente Sandinista que tiene más ascendencia dentro y fuera del
Frente. <BR><BR>¿Por qué fue Daniel y no fue otro dirigente del Frente
Sandinista el que ocupó ese lugar? Mi respuesta a esa pregunta es tal vez un
poco, un poco.exótica. Yo creo que él llegó ahí por eliminación. Cuando en 1978
se juntaron las tres tendencias del Frente Sandinista se dio un gran debate
sobre cuántos miembros en la dirección conjunta que íbamos a formar le tocaban a
cada tendencia. La tendencia tercerista reclamaba mayor participación que las
otras dos tendencias porque era la más fuerte. Pero lograr eso se volvió un
imposible y para volver posible la dirección conjunta se llegó al acuerdo de
tres-tres-tres, tres dirigentes de cada tendencia para una dirección nacional de
nueve. Naturalmente, la correlación de fuerzas no era tres-tres-tres y ahí
comenzó la pugna. Y, obviamente, al triunfo de la revolución el tercerismo trató
de ocupar las posiciones de poder más importantes. <BR><BR>El proceso de
eliminación comenzó sacando a las dos figuras que tenían más relieve público al
momento del triunfo de la revolución, Tomás Borge y Henry Ruiz. Luego se escogió
a personalidades que no chimaran demasiado y tuviesen reconocimiento. Entre los
que directamente estaban vinculados a cualquiera de las tres tendencias, se
eligió a Moisés Hassan, un intelectual, profesor de física, bastante reconocido
en los medios universitarios. Era de la tendencia guerra popular prolongada y
gozaba de la confianza de los líderes de esa tendencia. Y no sacaba roncha.
Luego, Sergio Ramírez, del Grupo de los Doce, un intelectual con prestigio, que
gozaba de la confianza del liderazgo de la tendencia tercerista, pero tenía un
perfil más amplio y un relieve importante. <BR><BR>Y de la Dirección Nacional
del Frente, ¿quién estaría en la Junta de Gobierno? Se pensó en Daniel Ortega,
de la tendencia tercerista, porque era un hombre tímido, callado, hábil en la
maniobra, pero carente de liderazgo público. Parecía no representar una amenaza
para nadie. Así, el tercerismo lograba imponer en la Junta de Gobierno una
correlación favorable, acorde a la fuerza con la que contaba. <BR><BR>En la
tendencia tercerista el que tenía vínculos en los frentes de guerra era Humberto
Ortega y los que andaban en los frentes de guerra eran Víctor Tirado y Germán
Pomares "El Danto". Ésos eran los líderes. Como hombre retraído, no bueno en las
relaciones públicas ni en la relación social ni en la relación con las
estructuras, Daniel Ortega era la persona ideal. Daba la impresión de que no
sería una amenaza para nadie. Ojo: casi siempre los que dan la impresión de no
ser una amenaza terminan encaramándose. Fue, por ejemplo, el caso de Joaquín
Balaguer en la República Dominicana. Tenía cara de baboso, era un secretario con
ascendiente en el trujillato, pero nada más. ¿Por qué eligieron a Balaguer?
Porque todo el mundo sintió que no iba a estorbar a nadie y que iba a mantener
el estatus quo. Después, Balaguer demostró que tenía el colmillo bien guardado y
se reeligió hasta cinco veces. <BR><BR>A Humberto se le consideraba un dirigente
con colmillo. Humberto siempre ha tenido colmillo y además siempre lo ha
enseñado. En ese sentido es un hombre transparente. Él manejaba los frentes de
guerra durante la lucha contra la dictadura, se malmataba con nosotros, teníamos
discusiones fuertísimas con él en medio de la guerra. Es un hombre de opiniones
fuertes, un hombre que escribía, que tenía sus tesis, que se ocupaba de temas
estratégicos.Humberto es como es: apasionado, explícito, de carácter agresivo,
bueno a la maniobra, pero también bueno a la tercia. Muy distinto de Daniel.
<BR><BR>Daniel Ortega fue cultivando otra personalidad en el camino. La fue
cultivando durante los años 80, a medida que se va concentrando poder alrededor
de él. Y eso sucede a medida en que va agudizándose la guerra con la Contra. El
momento más crítico de la guerra fue 1983. Ese año encuentra a la revolución con
una institucionalidad nueva, que ya era fuerte, pero que estaba bastante
dispersa. En 1983 había tal desconexión institucional para enfrentar a la Contra
y la Contra había avanzado de tal manera que la necesidad de concentración de
poder y de concentración institucional fue generalizada. A nivel regional, a
nivel departamental, a nivel municipal, a nivel nacional todo se organizó de
arriba a abajo, todo se centralizó. <BR><BR>Se crearon entonces mecanismos para
vincular las instituciones estatales al partido. Es entonces cuando comienza a
apuntalarse el poder institucional de Daniel Ortega, que se coloca como
coordinador del Frente Sandinista -no recuerdo exactamente el nombre preciso de
la figura- y como coordinador de la Junta de Gobierno. Todo eso sucede antes de
las elecciones de 1984. <BR><BR>En 1985, cuando se celebró una gran asamblea
sandinista que revisó la relación del Frente con las organizaciones de masas,
aparecieron muchas críticas por la relación vertical que había entre el partido
y la base social, una relación de subordinación, una relación autoritaria, de
ordeno y mando. Hubo también debate sobre la estructura interna del Frente. Pero
la tendencia que se impuso de nuevo en aquel momento fue la de seguir
concentrando el poder. Porque, en efecto, la guerra estaba cruda, Reagan había
ganado de nuevo las elecciones y sabíamos que iba a cumplir su palabra de
atacarnos con todos los fierros. <BR><BR>La elección de 1984 nunca la
consideramos una elección desafiante. Porque el candidato que hubiera podido ser
competitivo, Arturo Cruz, se bajó del caballo a mitad del camino y no quedó
nadie con posibilidades. Participaron siete partidos y la abstención fue
elevada, pero esas elecciones no las consideramos un desafío, como sí
consideramos las de 1990. <BR><BR>Ya para 1990 se había avanzado bastante en la
consolidación de la figura de Daniel Ortega. Entre otras cosas porque el
producto que salió de la elección de 1984 fue un Presidente y un Vicepresidente.
La Junta de Gobierno dejó de existir y la figura presidencial comenzó a pesar.
Daniel ya no coordinaba la Junta, era Presidente y lo era con todos los poderes
que tenía en ese momento, y con los que le daba la Constitución de 1987.
<BR><BR>En la elección de 1990 sí hubo un juego de personalidades, una verdadera
competencia. Y la apuesta del Frente fue la misma: Daniel Ortega sería el
candidato. ¿Por qué él de nuevo? Porque cambiar la apuesta hubiera significado
introducir en el Frente Sandinista un gran debate. Y si en 1989 alguien hubiera
abierto el tema de quién sería el candidato, hubieran aparecido varios: Tomás
Borge y algún otro. Si hubiéramos abierto esa discusión en 1989 dentro del
Frente se hubieran producido agrupamientos en torno a candidaturas, una
situación y un debate desconocidos para nosotros, a los que seguramente les
temíamos. <BR><BR>El otro debate que estaba pendiente, el de la relación del
Frente con las organizaciones de masas -que volvió a surgir en ese momento- se
resolvió con el acuerdo de hacer un Congreso después de que ganáramos las
elecciones. Así que decidimos ir a las elecciones con los mismos candidatos y
después hacer un Congreso que revisara a fondo muchos temas, que estaban ahí,
pendientes. Apuntalamos a las mismas personalidades, al Presidente y al
Vicepresidente. <BR><BR>La campaña electoral de 1989, la de Daniel Ortega
presentado a la población como "el gallo ennavajado" terminó de elevar su
figura. Pero ya en ese título que se le dio, y en otros muchos mensajes de
aquella campaña, se empezaba a expresar la opción del FSLN de hacer política
como siempre se había hecho en Nicaragua. <BR><BR>Todos los partidos políticos,
y todas las personas, queremos primero transformar la realidad y después viene
la tendencia de acomodarnos a la realidad. Eso pasó también con el Frente
Sandinista. De manera que el Daniel Ortega que llegó a las elecciones de 1990
estaba ya completamente instalado como una figura de poder político bastante
tradicional. Dentro del Frente y fuera del Frente, pero sobre todo fuera del
Frente. Dentro todavía había ciertos balances, pero fuera del Frente, la figura
de Daniel era indudablemente la de mayor peso. Faltando los cuadros intermedios,
se comenzó a desplegar y a establecer el modelo de caudillo y masas, el cultivo
de una relación directa y subordinada. En ese modelo, el engranaje de partido
que es necesario es uno que esté solamente al servicio del caudillo.
<BR><BR>Después de la derrota electoral de 1990 Daniel Ortega va imponiéndose
sobre el resto de líderes del Frente. Una parte de esos líderes se repliega.
Algunos por razones obvias: tienen que buscar de qué comer. Otros se repliegan
porque se repliegan. En el caso de los cuadros intermedios, a los que se les
hizo la guerra, se repliegan también porque tenían que buscar un trabajo. Nadie
quedó con un cargo, sólo los que quedamos de diputados. Y el ejército de
profesionales que tenía el Frente Sandinista cuando perdimos las elecciones era
enorme, poco menos de siete mil profesionales. Pero la inmensa mayoría no había
terminado la carrera porque se había metido a la revolución, no tenían título de
nada. <BR><BR>Y en 1990 había que salir a trabajar para comer. Pero, ¿a trabajar
en qué? ¿Con qué título? "Yo soy especialista en organización del movimiento
comunal", "Yo soy especialista en organizar suministros para las milicias".
¿Quién te va a dar trabajo con eso? Ésos no son oficios en una sociedad
post-guerra. Entonces, unos a comprar y vender frijoles, otros a vender telas,
otros a vender calzones, otros a buscarse un tramo en el mercado.El ejército de
profesionales del Frente salió a buscar de qué vivir. ¿Quiénes quedaron
solamente en el aparato del partido? Los que éramos diputados y Daniel Ortega.
Nosotros teníamos un salario y él tenía recursos para mantenerse. Eso fue lo que
quedó.<BR><BR>Daniel Ortega se ha dado a la tarea de decir que él fue el único
que permaneció fiel después de la derrota electoral, el único que andaba del
timbo al tambo con la gente. Ciertamente, él era el único que tenía recursos
para andar del timbo al tambo. El resto tenía que buscar de qué comer y con qué
vivir. Solamente los que habíamos quedado de diputados teníamos asegurado un
salario para el debate político. Y exactamente eso fue lo que hicimos: el debate
político. <BR><BR>Para mediados de los años 90 Daniel Ortega ya había logrado
imponerse en el Frente Sandinista. Lo hizo por dos vías. Por tener el poder de
ser la figura pública del Frente de mayor relieve. Y por la ya conocida
estrategia de que cada vez que alguno no estaba de acuerdo con él le montaba la
campaña: "traidor", "vendido", "agente de la CIA, del imperialismo, de la
socialdemocracia internacional." Esa campaña funcionó para mucha gente. Todavía
me he encontrado, cinco o diez años después, a gente que me pide disculpas. Una
vez un hombre me detuvo en la calle. "Yo quiero pedirle perdón a usted" "¿Y por
qué?", le dije. "Porque dije bascosidades de usted, diciendo que usted era
traidora. Y ahora me doy cuenta de que era mentira, que usted tenía razón".
<BR><BR>Y es que la gente no ve argumentos, ve personalidades. Y si Daniel
Ortega abre la boca y dice que acostarse con Arnoldo Alemán en la misma cama,
desayunar, almorzar y cenar con él, es lo que necesita la revolución, hay mucha
gente en el Frente que dice que eso es precisamente lo que necesita la
revolución. Y si al día siguiente dice que ya no, mucha gente dirá que ya no.
Porque cuando se deifica a una persona la referencia no es la realidad ni los
principios ni el programa sino lo que esa persona dice y hace. Cuando Daniel
Ortega se alió con Arnoldo Alemán, mucha gente en el Frente decía "Qué
inteligente es el comandante, qué bárbaro ese maje, la sacó del estadio con esa
alianza". Pero si la Dora Téllez se aliara con Alemán dirían: "Qué traición la
de la Dora Téllez, abandonó los principios y se fue a arrastrar con Arnoldo
Alemán". Así funciona mucha gente. <BR><BR>Lo que en 1995 no estaba
completamente claro en el Frente era que Daniel Ortega no se detendría. Que
Daniel Ortega estaba dominado por su afán de concentrar más poder. Y no se
detuvo. Es más: no se ha detenido. Ni se detendrá por su voluntad. Habrá que
detenerlo. <BR><BR>La primera oleada que salió del Frente fuimos nosotros, pero
no cedimos. Salimos a formar un partido político, el Movimiento Renovador
Sandinista. Para Daniel Ortega lo ideal hubiera sido que nos saliéramos, pero no
a hacer un partido, sino que pasáramos a ser un grupo de hablantines dispersos.
Después de nosotros vino una segunda oleada, y después la tercera oleada y
después la cuarta oleada.Y en Jinotepe recientemente me encontré ya a la quinta
oleada.Porque el proceso de concentración de poder incluye ahora a la familia de
Ortega. Y eso requiere de la liquidación de los últimos vestigios de los líderes
del Frente Sandinista que tienen que ver con el pasado. Les dicen "la chatarra
de la revolución". Ahora quienes forman el partido son jóvenes. ¿Y por qué
jóvenes? ¿Porque son buenos? No. Porque ellos pretenden que esos jóvenes sean
incondicionales con quienes los están poniendo ahí. Los empujan a no tener
espíritu crítico, a obedecer. <BR><BR>El primer proceso que ha llevado a la
involución del Frente Sandinista ha sido la concentración de poder, primero en
la figura de Ortega, y ahora en la de su familia. <BR><BR>El segundo proceso que
ha hecho involucionar al Frente Sandinista es el de pragmatización de la
política. Ciertamente, los políticos tienen que ser pragmáticos y la política
tiene que ser pragmática porque uno vive en la realidad con otros que no piensan
como uno. Y en política siempre hay que negociar, siempre hay que transar para
poder convivir. Y la convivencia tiene que ver con tolerancia y con un cierto
nivel de transacciones para resolver problemas concretos. Siempre hay que
negociar, pero hay que negociar sobre problemas concretos de la gente, sobre
temas de fondo que afectan a la gente. <BR><BR>Ya en los años 90, y con fuerza,
se percibió en el orteguismo la tesis de que todo era negociable, con tal de
conservar, aumentar, mejorar las cuotas de poder, sin importar ni programa ni
principios ni los intereses nacionales ni los intereses populares. Esa tesis
llevó a Ortega hasta el pacto con Arnoldo Alemán en 1998. Un pacto que Alemán
creyó que era como los que se hacían durante el somocismo, que se firmaban, se
cumplían y ahí se quedaban: primero repartición de cuotas al 60-40, después al
50-50 y así.La equivocación de Alemán fue creer que el pacto quedaba fijo, como
sucedió en los pactos que hizo el somocismo. Lo que para Alemán era un modelo de
estabilidad, para Ortega era un trampolín. <BR><BR>Con una obsesión por el poder
político, el orteguismo se ha ido quedando sin programa político. Ayer hablaron
contra el TLC con Estados Unidos y hoy negocian en el TLC con Estados Unidos,
sólo por mencionar un ejemplo. Igual con el FMI y con el Banco Mundial. Antes
eran los demonios, ahora son sus "pofis". Si analizan las decisiones del
orteguismo en la Asamblea Nacional verán que un día dicen A y otro día dicen B,
el completo opuesto, y no les parece importante ser contradictorios. <BR><BR>En
manos de la familia Ortega-Murillo el Frente Sandinista ha quedado huérfano de
programa político. La concentración de poder en los Ortega y la
hiper-pragmatización de la política ha significado liquidar la tradición de
dirección colectiva que tuvo el Frente Sandinista y la orientación política de
ser una fuerza con la aspiración de transformar la realidad. <BR><BR>El tercer
proceso en la involución y la descomposición del Frente Sandinista es lo que
Sergio Ramírez llamó "el huevo de la serpiente": el dinero. El dinero fue un
factor que no entró a jugar en las correlaciones de fuerza en el Frente
Sandinista, ni en general en la política nicaragüense de los últimos años, hasta
ya adelantados los años 90. La diputada conservadora Miriam Argüello fue
Presidenta de la Asamblea Nacional y el salario máximo que lograron los
diputados cuando terminó su período creo que eran 1,400 dólares. Y nunca vimos
en tiempos de Miriam Argüello ningún otro privilegio para los diputados. El
golpe de salarios se produjo después del pacto entre Ortega y Alemán, cuando el
salario de cada diputado llegó a casi 5 mil dólares, sumado a otras prebendas.
<BR><BR>Con el pacto comenzó también la multiplicación de los altos cargos, la
repartidera de cargos y de prebendas. Arnoldo Alemán descubrió que el
clientelismo político podía seguir siendo rentable y que en el Frente Sandinista
había una cantidad importante de gente que era corruptible y lo único que hacía
falta era enseñarles el dinero. Y se los enseñó. <BR><BR>Un cuarto proceso que
explica la involución del Frente Sandinista es que ya, previo al pacto de 1998
con Alemán, Daniel Ortega y su grupo habían llegado a la conclusión de que en
Nicaragua la política, para ser exitosa, tenía que ser como la política que se
había hecho siempre. ¿Y cómo se hizo siempre? Con pactos, con clientelismo, con
prebendas, con corrupción y con impunidad. Ahora, en este último tramo, Ortega
ha añadido un elemento clave: la familia. Así era la política en la dictadura
somocista: familia, pactos, impunidad, corrupción, prebendas y clientelismo
político. Y en aquella época, también poder militar. En esta época a Ortega sólo
le es necesario neutralizar el poder militar. Y todos los días trata de avanzar
en esa dirección. <BR><BR>Ése es el Frente Sandinista de hoy. El orteguismo ha
llevado al Frente Sandinista a abandonar totalmente su afán transformador de la
sociedad para convertirlo en una continuidad del modelo de actuación política de
la dictadura somocista. El Frente Sandinista ha dejado de ser un factor de
transformación de Nicaragua para convertirse en un partido que ha vuelto los
ojos al modelo somocista para darle continuidad. <BR><BR>El orteguismo ha
vaciado de contenido al Frente Sandinista, alejándolo de su propia trayectoria.
Como dijo un día Saramago: Daniel Ortega es indigno de su propia historia.
<BR><BR>El Frente Sandinista actual dejó de ser un partido revolucionario, dejó
de ser un partido de izquierda, dejó de ser un partido con afán de transformar
la sociedad nicaragüense. Y dejó de ser un partido. Lo que es ahora es una
maquinaria política al servicio de una familia en el poder, con un único
objetivo: conservar el poder a toda costa. ¿Para qué conservarlo? Eso ya no
importa. <BR><BR>Lo que ha experimentado el Frente Sandinista no es propiamente
un proceso de involución. Es un colapso. La involución se fue produciendo
durante años. Y hay que reconocerle el mérito a Daniel Ortega: él ha sido la
cabeza, el inspirador y el diseñador del proceso que llevó al Frente Sandinista
de ser un partido revolucionario a ser un partido legítimamente somocista.
<BR><BR>¿Ustedes oyen hablar de alguna dirección en el Frente Sandinista? Y lo
digo a título de análisis sociológico y no a título de crítica política.
¿Alguien conoce la dirección del Frente Sandinista? ¿Se reúne el Congreso del
Frente Sandinista a deliberar algo? ¿Cuáles son las reglas de ese partido? Lo
último que vimos antes de las elecciones municipales de 2011fueron los reclamos
de bases del Frente en unos 40 municipios. Protestaban contra el "dedazo",
contra la imposición que Ortega hizo de los candidatos a alcaldes. ¿Y qué pasó
con los que protestaron? Todos fuera, a todos les pasaron la cuchilla. El
"dedazo", la imposición de las candidaturas, sin consulta y sin debate, fue una
expresión más de autoritarismo. Todo el que crea que un partido político
autoritario dentro puede producir una sociedad democrática fuera, en la
sociedad, es iluso. Si un partido político quiere producir transformaciones
democráticas en la sociedad, tiene que ser democrático. <BR><BR>¿Qué hubiera
hecho Sandino si hubiera seguido las mismas tesis del orteguismo? En febrero de
1934, Sandino se hubiera bajado de la avioneta en Campo Bruce, y en vez de ir a
la casa presidencial a firmar la paz con el Presidente Sacasa, se hubiera
cruzado la calle y hubiera buscado al embajador de Estados Unidos, Mister Hanna.
Y se le hubiera cuadrado y le hubiera dicho: "Yo le voy a asegurar sus intereses
en Nicaragua y a cambio déjeme ser Presidente en el próximo período". Como había
hecho Moncada, que se le fue a cuadrar a los gringos y terminó de Presidente.
<BR><BR>Sandino pudo hacer eso. Ya le había ganado la guerra a los gringos y era
en ese momento la persona más popular en todo el país. Pudo cuadrársele al
embajador, pudo pedirle que le quitaran a Somoza de jefe de la Guardia Nacional,
pudo pedirle ser él el jefe de la Guardia.Los gringos le hubieran comprado la
idea, seguramente hubieran estado fascinados con esa solución.Pero, ¿a qué
precio hubiera vendido Sandino "su primogenitura"? <BR><BR>Sandino no se vendía
por cuotas de poder, no tenía una política pragmática, no miraba el dinero,
quería otra política, otra Nicaragua. Cuando inició la guerra, ¿qué le había
dicho Moncada a Sandino? "No seás caballo, te estás haciendo el sacrificado y
los pueblos no agradecen". Y entonces Sandino se le hizo el baboso a Moncada:
"Está bien, general, pero ahora tengo que arreglar algo con unos levantiscos que
andan por ahí, espéreme un momentito que ya vengo a firmar el papel". Y Sandino
se fue a encabezar a los levantiscos, a hacer la guerra, y después a enfrentar a
los gringos, y ya nunca volvió donde Moncada. Y después, mientras Sandino estaba
en la guerra, Moncada puso a todos los generales del Ejército Constitucionalista
a escribirle cartas a Sandino. Y le escribían y le decían en julio del 27, en
agosto del 27, en septiembre del 27: "General, bájese de ese caballo, los
campesinos con los que usted anda son brutos, mire que ya nos estamos arreglando
con los gringos, mire que los gringos lo van a joder a usted, mire que ya los
liberales vamos para arriba, que ya nos dieron las cuotas que nos iban a dar,
que usted puede ser jefe político de Matagalpa." <BR><BR>¿Cómo se terminó la
Guerra Constitucionalista? Con prebendas. ¿Qué pidió Moncada para terminar la
Guerra Constitucionalista? Las jefaturas políticas de los departamentos
considerados liberales. Y se las dieron. Pero Sandino no entró en eso y pasó a
combatir a los gringos. Sandino no quería un cargo, una prebenda, quería otra
Nicaragua. <BR><BR>¿Hubiera sido Sandino si sigue el camino pragmático de Daniel
Ortega? Tuvo delante esa opción: me bajo del caballo, después me arreglo con los
gringos, después agarro mi carguito, después voy subiendo en el Partido Liberal,
me voy encaramando y después me tiro para Presidente. Pero eso no fue lo que él
hizo. Si hubiera hecho eso no estaríamos hablando de él ahora. Él tomó una
opción. Y por eso fue el Sandino que conocemos y admiramos.<BR><BR>Hay todavía
gente que busca algo que se le parezca al Frente Sandinista de la
clandestinidad, al Frente Sandinista que conocieron, al de la Revolución. Y eso
ya no existe. El Frente Sandinista revolucionario es sólo historia, y está
difunto.¿Hay posibilidades de que resucite? ¿Pudimos nosotros hacer el cambio
desde adentro? No, por eso nos fuimos. En el año 2000 hicimos un último intento,
cuando se conformó la Convergencia Nacional, pero años después nos salimos de
esa iniciativa, convencidos de que no había ningún camino por esa vía.
<BR><BR>Algunos sostenían que se podía dar la pelea dentro. Herty Lewites y
Víctor Hugo Tinoco decidieron darla, la dieron a fondo y los sacaron fuera. Todo
el que ha querido dar la pelea dentro termina fuera. ¿Hay posibilidades de un
cambio desde dentro de esa estructura que es hoy el Frente? Creo que ninguna.
¿Habrá otro candidato que le dé un giro al Frente? No. Mientras Daniel Ortega
esté vivo será candidato a la Presidencia. ¿Cambiará Daniel Ortega y decidirá
ser democrático y volver a sus principios? No, va a morir en su ley. ¿Alguien
dentro del Frente hará el cambio, se atreverá alguien a levantar la mano para
decir que no está de acuerdo con lo que está pasando? No, nadie lo hará, no veo
a nadie que lo quiera hacer. Lo hizo Herty Lewites, lo hicieron los del
"dedazo". Resultado: nada cambió dentro y a todos los sacaron. <BR><BR>El
proceso de involución del Frente Sandinista ha sido un proceso de opciones. Hay
momentos en que las fuerzas políticas y las personas toman opciones. ¿Cuál es la
opción? ¿Cambiar la sociedad para mejorarla, para que la gente más pobre mejore
su condición, para que haya democracia, para que haya participación ciudadana
verdadera? ¿O la opción es agarrar un cargo, tener una prebenda, conseguir un
puesto, conservar el poder? Siempre es un asunto de opciones. <BR><BR>Nosotros
decimos que el modelo en el que se ha instalado hoy Ortega es una dictadura. Hay
gente que nos dice que no lo es porque no andan matando en las calles. ¿Y quién
ha dicho que los Somoza siempre estuvieron matando en las calles? Eso fue en los
momentos de crisis dura y, en especial, en los dos últimos años. En cada una de
aquellas crisis, los Somoza reprimían ferozmente y luego se arreglaban con los
conservadores y ya todo seguía tranquilo otra vez. Era una dictadura en la que
ya la gente había aprendido a guardar silencio, a decir lo que tenía que decir
para no buscarse problemas. El éxito de una dictadura es no tener necesidad de
garrotear. Una dictadura es exitosa cuando ya uno dice lo que quieren que diga,
el otro no dice lo que iba a decir y el otro pide que le paguen para no decir.Y
eso ya está pasando en Nicaragua. <BR><BR>¿La política de Chávez y su dinero han
influido en el aparataje de poder orteguista y en el modelo político actual? Sin
duda. Estamos hablando de 2,500 millones de dólares en estos años, una cantidad
de dinero considerable, que ha contribuido poderosamente a consolidar el actual
modelo prebendario con el que funciona el orteguismo. Pero un modelo de esta
naturaleza, prebendario, familiar, con impunidad, con corrupción, se monta donde
una sociedad lo permite y lo soporta. <BR><BR>Chávez puede haber disparado 2,500
millones de dólares, pero si no hubiera habido en la Asamblea Nacional diputados
orteguistas que consintieron que ese dinero no pasara por el presupuesto
nacional, algo habría cambiado. Nuestros diputados se han quedado solos
exigiendo que ese dinero pase por el presupuesto. Hasta cartas le hemos escrito
al Presidente Chávez con ese reclamo. No, no tenemos el gobierno que nos
merecemos, porque nos merecemos algo mucho mejor. Pero sí tenemos el gobierno
que aguantamos. <BR><BR>El MRS tiene 16 años de ser un partido programático y no
nos ha sido fácil. Porque siempre nos encontramos con la demanda de que seamos
como son los otros partidos. Lograr que en el MRS no haya un estilo
clientelista, cultivar la democracia interna, tampoco ha sido fácil. Porque
todos en Nicaragua venimos de un molde autoritario en la familia, en la escuela,
en la política. Y el molde autoritario es intolerante y sectario. Hoy, el
ejercicio democrático al interior del MRS es un esfuerzo deliberado, empujado,
pensado, todavía no es fluido. Acabamos de avanzar en un cambio generacional a
nivel nacional, pero a nivel departamental tenemos resistencias para el cambio
generacional. Porque en Nicaragua el relevo de figuras políticas es muy difícil
y los dirigentes se hacen ancianos en el cargo y se mueren sin soltarlo.
<BR><BR>En el MRS estamos claros que cambiar la manera de hacer política
requiere tiempo y que es un camino más difícil. Lo más fácil hubiese sido votar
por la reforma constitucional que quería Ortega para reelegirse legalmente y
aceptar el dinero y prebendas que nos ofrecieron entonces. Pero hacerlo nos
hubiera puesto en la acera de enfrente y con las mismas mañas. <BR><BR>Las
opciones políticas de cambio se configuran en momentos críticos. El Frente
Sandinista pasó de 1961 a 1978 siendo una absoluta, total y completa minoría.
¿Qué era el Frente Sandinista en enero de 1978, cuando mataron a Pedro Joaquín
Chamorro? Una super-minoría, una ultra-minoría. Para darles una idea de la clase
de minoría que éramos, a principios de 1980, a unos meses de iniciada la
revolución, se decidió que íbamos a entregar carnets de militantes del Frente.
¿Y cuántos carnets repartimos? Solamente mil. Y tuvimos que hacer un esfuerzo
sobrehumano para lograr repartir mil. <BR><BR>La minoría que fue el Frente
Sandinista durante tantos años, ¿por qué se convirtió en un factor
revolucionario? Porque había sostenido "el punto" y porque supo hacer un
planteamiento en el momento de la crisis. No hay que tenerle miedo a ser
minoría. Siempre han sido las minorías las que han impulsado los cambios. Decía
Lenin que la política es también un asunto de números. Estamos claros de que es
así, y especialmente lo es en la política electoral, que es asunto de números. Y
el gran problema que tenemos hoy en Nicaragua es que en las urnas ya los números
no valen, los votos no valen porque los cuentan siempre a favor de Ortega. Por
eso, el primer objetivo es cambiar el sistema electoral. <BR><BR>Hay que decir
en honor a la verdad que la oposición en Nicaragua no es una minoría. La
elección municipal de noviembre pasado y la elección presidencial de noviembre
de 2011 nos demostraron que el orteguismo sigue siendo una fuerza minoritaria en
la realidad social nicaragüense. Si los votos se contaran bien, Daniel Ortega ya
estaría fuera del poder por la vía cívica. Si el orteguismo fuera mayoritario
¿para qué necesitaría robarse las elecciones? Roba algo quien no lo puede tener
legítimamente. <BR><BR>A pesar de todo, yo tengo una visión positiva y optimista
de lo que pasa en Nicaragua. Las sociedades, como las personas, tienen procesos
de crecimiento en los cuales aprenden, se van moldeando, van acumulando
experiencia y energías. Esta sociedad, ciertamente, soporta el modelo
orteguista. Pero también lo está cambiando. ¿Ha cambiado, por ejemplo, el papel
de las mujeres en Nicaragua? Creo que sí. Es cierto que las siguen garroteando y
matando, pero también es cierto que hay más denuncias, que hay más defensa, que
hay más trabajo, que hay más conciencia. Y como ésa hay otras corrientes
subterráneas en la sociedad que van cambiándonos a nosotros mismos, que cambian
el papel con el que nos colocamos ante las realidades, que terminarán cambiando
a la sociedad. <BR><BR>Creo, estoy convencida, que la sociedad nicaragüense está
en una fase de acumulación, en una fase de maduración. Las revoluciones tienen
una gran ventaja: borran el pizarrón, lo dejan limpio y llegamos a escribir en
limpio. Pero llegas a escribir en limpio en materia legal, pero no en materia
social. Las revoluciones tienen la ventaja de que provocan cambios radicales,
pero tienen la desventaja de que esos cambios radicales no siempre son
acompañados por el desarrollo propio de la sociedad. <BR><BR>La revolución
sandinista produjo cambios profundos, cambió profundamente el diseño de esta
sociedad. Desde la perspectiva de historiadora veo que nada de lo que existe
ahora puede entenderse sin la revolución sandinista. Hoy estamos parados sobre
los cambios que introdujo la revolución sandinista. Pero la hora de la
involución, la ola del regreso al pasado, llegó. <BR><BR>Cambiamos leyes,
cambiamos instituciones, pero no cambiaron los modelos mentales. Lo que la gente
tiene en su cabeza no cambia tan rápido. Y hemos visto, por ejemplo, como en un
modelo prebendario como el actual, una Policía que diseñamos para que estuviera
al servicio de la comunidad, de la ciudadanía, y que de hecho lo estuvo durante
años, se ha convertido ahora en una Policía política, en una Policía al servicio
del engranaje de poder de una familia. <BR>¿Qué hacer? Lo que hay que hacer es
trabajar para hacer avanzar la conciencia de la gente, martillar sobre el mismo
punto con perseverancia, con tenacidad. Hasta que llegue el momento en que el
nivel de conciencia produzca resultados radicalmente distintos a los que vemos
ahora. Que eso suceda tiene que ver muchas veces con los contextos. ¿Qué va a
pasar el día en que el orteguismo no tenga ya dinero para más prebendas?
<BR><BR>Las condiciones económicas que favorecieron al orteguismo están
cambiando, y se van a poner progresivamente difíciles. Los precios
internacionales de los productos del campo, que han estado muy buenos, están
bajando. Y en las ciudades va a golpear con más fuerza el alza de precios. Y el
orteguismo se va quedar sin dinero para repartir. La sociedad tendrá que
capitalizar políticamente estos cambios. ¿Cuál es la ventaja de optar por la vía
cívica en estas circunstancias? Y lo repito: en estas circunstancias. La ventaja
de la vía cívica es que se le da un plazo a la sociedad para que madure en otra
dirección. <BR><BR>¿Qué hacer? Seguir haciendo lo que hemos hecho: fortaleciendo
los liderazgos comunitarios, la organización de las comunidades, la organización
de la sociedad. Y en lo que a nosotros nos toca como MRS construir una opción
política consecuente con lo que andamos pregonando. <BR><BR>Tenemos la confianza
de que todo se va a catalizar en un plazo más corto del que suponemos. Porque
ésta es una sociedad agotada del profundo sectarismo que ha inundado el país. El
sectarismo de una casta familiar, de castas familiares. El sectarismo en el
municipio del secretario político y de su familia discriminando al resto de la
gente. ¿Qué nicaragüense cree hoy que las instituciones del Estado nos sirven a
todos? Ya nadie lo cree. <BR><BR>La gente está agotada del sistema de reparto
prebendario a las castas de poder. Está agotada de hacer fila en el partido para
que le den una beca, un trabajo, la matrícula. <BR><BR>La gente en Nicaragua
está harta de ser tratada como personas sin dignidad. Cuando a un maestro le
dicen que tiene que ir a la fila del orteguismo, ¿qué va a hacer? ¿Decir que no
va? ¿Y si tiene cuatro hijos y sólo tiene ese salario? Se va a poner en la fila
aunque por dentro proteste porque lo tratan con indignidad. El régimen de Daniel
Ortega ha tratado de manera indigna a la inmensa mayoría del pueblo
nicaragüense. La ha tratado como limosnera, como objeto, obligándola a hacer
cosas contra su voluntad y contra su conciencia. <BR><BR>Eso todos lo tenemos
guardado. Eso va a reventar. Eso está ahí. Eso son corrientes subterráneas que
ahí van y como toda corriente subterránea buscará cómo salir fuera. Llegará la
hora. ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Seguir fortaleciendo la dignidad de las
personas, seguir fortaleciendo su protagonismo, seguir fortaleciendo su
posición, seguir fortaleciendo sus demandas y sus luchas justas. Y seguir
organizándonos y actuando para hacer que llegue esa hora.
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