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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa</FONT><BR><U>12 de mayo 2013<BR></U><FONT color=#800000 size=5>Colectivo
Militante - Agenda Radical</FONT><BR>Montevideo - Uruguay<BR>redacción y
suscripciones: </FONT></STRONG><A
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<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG>Cuba</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Calibri></FONT><FONT face=Calibri></FONT><BR><FONT
face=Arial><STRONG>Entrevista a Leonardo Padura</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial></FONT><STRONG></STRONG> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG><FONT size=3>"Si hubiera
habido un asomo de Trotsky en Cuba, hubiera sido el
Che"</FONT><BR><BR></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Horacio Bilbao<BR>Revista Ñ,
Buenos Aires, 7-5-2013</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><A
title="http://www.revistaenie.clarin.com/ CTRL + clic para seguir el vínculo"
href="http://www.revistaenie.clarin.com/"><STRONG
title="http://www.revistaenie.clarin.com/ CTRL + clic para seguir el vínculo">http://www.revistaenie.clarin.com/</STRONG></A></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><BR> <BR>La última vez que
Leonardo Padura estuvo en la Argentina fue en 1994. Todavía hacía ruido la caída
de la URSS, el "período especial" arreciaba en Cuba y aquí nos hacían
creer que un peso era igual a un dólar. El cubano apenas había publicado las
primeras historias de su detective Mario Conde en La Habana y paseaba por esta
feria como un perfecto desconocido. "Yo era otro escritor" dice ahora, en esta
entrevista. Gran parte de ese salto a la fama se lo debe a "El hombre que amaba
a los perros" (Tusquets editores). Publicó ese libro en 2009, y desde allí no
para de ganar lectores y premios, en Cuba y en Francia, en México y en España.
Pero aquí ha ocurrido algo curioso, la difusión de esa obra se hace de boca en
boca. Así, Padura es hoy el autor más vendido de Tusquets en esta feria,
superando a Milan Kundera, a Henning Mankell o el mismo Haruki Murakami. Cubano
mata japonés, sueco y checo también.<BR> <BR>En su libro más celebrado,
Padura desanda los caminos del asesinato de Trotsky. Indaga este hecho crucial
para el siglo XX a través de la víctima y su victimario, Ramón Mercader. Lo hace
desde una perspectiva cubana, la suya, un autor que siempre vivió en La Habana.
Pero es un libro universal. "Me llevó 5 años escribirlo, con una búsqueda
documental intensa y extensa. De Trotsky había abundante información, de
Mercader casi nada", recuerda. ¿Por qué eligió contar esta historia? Padura dice
que allí puede haber algo de nostalgia, pero también del resentimiento que le
provocó encontrar a los culpables. "De pronto entendí algunas de las razones por
las que se pervirtió la utopía. El papel del stalinismo, la herencia de su
figura, fue algo terrible", dice, y lo asume en carne propia. Está hablando de
una revolución traicionada cuando cuenta la muerte de Trotsky. </FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><BR>Para motorizar la historia,
Padura inventó al escritor Iván Cárdenas Maturell, quien en 1977 conoce a un tal
López, un enigmático personaje que pasea por la playa dos hermosos galgos rusos,
un hombre dispuesto a confiarle los detalles más profundos de la vida de Ramón
Mercader, el verdugo de Trotsky. Trotski tiene perros, Mercader los tiene,
también Iván, ¿qué son los perros, Padura? "Recursos que utilizo para ir por
encima de las perspectivas históricas y encontrar elementos de permanencia",
dice. Y habla de otras dos novelas suyas, una anterior donde el personaje es el
poeta José María Heredia y de Herejes, su nuevo trabajo que verá la luz en
septiembre y que está enfocado en Rembrandt, el pintor. "Me identifiqué con
Heredia cuando descubrí que le gustaba un plato cubano que también me gusta a
mí. La sopa de quimbombó. En el caso de Rembrandt me acercó el hecho que
sufriera dolores de muela, de que no tuviera casi dentadura, porque le gustaba
comer caramelos en Holanda". Perros, guisos, dolores de muela. Así se mete en
los personajes Padura. Así y con mucha investigación
bibliográfica.<BR> <BR>Mientras investigaba para este libro, iba sumando
bronca el cubano. "Encontré un documento que me conmovió. Un editorial de un
periódico mexicano comunista de los años 30, stalinista claro, celebraba la
muerte de Sandino. Decía que había muerto como un pequeño burgués, y solo como
un perro, porque la visión de Sandino violaba los códigos que se querían imponer
a través de la Tercera Internacional. Cuando ví esa mezquindad empecé a
preocuparme por esas historias perversas".<BR> <BR>Esa perversión, es
ceguera la refleja Mercader en la historia. Una ceguera que arrasó a figuras
como Andreu Nin, el trotskista español que timoneó el POUM (Partido Obrero de
Unificacion a Erwin Wolf y a los mismísimos hijos de Trotski, entre tantos
otros. A través de Iván, el escritor cubano que timonea la historia, Padura
busca explicar a Mercader al mismo tiempo que se va acercando a la figura de
Trotsky cuya magnitud lo envuelve y enamora a la vez. Liev Davídovich Bronstein,
Trotsky.<BR> <BR>Sostiene Padura que uno de los problemas que tiene la
literatura cubana es su falta de universalidad. Esa es su gran preocupación,
algo que aprendió de Alejo Carpentier, que a su vez lo había tomado de Miguel de
Unamuno. Celebra que en la isla la literatura tenga hoy un espacio mayor que la
prensa en Cuba. Pero sufre la falta difusión. "Cuando alguien en el año 2040 lea
una de mis novelas y lea un periódico Granma va a pensar que se trata de dos
países diferentes. Y creo que el país mío se parece más a la realidad que el del
periódico", advierte. Y suma que ese es un problema que el propio Gobierno
cubano critica. "Conozco poco el fenómeno de los blogs, pero allí hay un embrión
para hacer un periodismo diferente", sugiere. Y dice que su independencia como
escritor, quizá radique en que nunca militó en la Juventud Comunista.
"Ellos no me quisieron", aclara y dice que pasó mucho tiempo hasta que notó la
importancia de ese hecho. Hoy, Padura tiene mejores condiciones de vida que la
mayoría de sus compatriotas. Y celebra algunos de los cambios que se están
produciendo, aunque la cambia la cara cuando cuenta que está encerrado en
trámites burocráticos para comprarse un auto: "No pueden darse una
idea".<BR> <BR><STRONG>-¿Hay dos Paduras, un autor de policiales y otro que
hace un trabajo más documental y periodístico?<BR></STRONG><BR>No. Mi obra tiene
una preocupación fundamental, la búsqueda de los orígenes. En los policiales hay
una búsqueda, la de la verdad. Y en novelas como El hombre. también utilizo
ciertas estructuras de la novela policial para hacer más marcada esa búsqueda de
una verdad que puede ser filosófica, histórica o
política.<BR><BR><STRONG>-Conde, el detective de sus policiales, e Iván, el
escritor que desovilla la historia de Mercader, tienen puntos comunes
entonces.</STRONG><BR><BR>Conde es la expresión de mi generación, una figura
metafórica, pero Iván es un personaje simbólico, al que le agrego elementos que
lo superan como individuo. Tiene una vida tan llena de frustraciones y
contradicciones que traspasa lo verosímil. Yo necesitaba esa vuelta de tuerca,
para que ese solo personaje significara lo que pudo haber sido la frustración de
un pensamiento, de una vocación de las ideas de una persona en
Cuba.<BR> <BR><STRONG>-¿Iván, o Padura, siente compasión por
Mercader?<BR></STRONG><BR>Se siente tentado a la compasión. Y es posible que la
sienta, pero no estoy seguro. Ese fue un matiz que discutí mucho conmigo mismo y
con los amigos que siempre leen mis libros. En el fondo Mercader también fue una
víctima, pero fue un hombre que obedeció y en esa obediencia llegó a la
perversión ética más elemental. No le sirvió de nada, porque lo destinaron al
ostracismo, primero en Moscú y luego en Cuba, viviendo bajo otra identidad.
Quizá eso mueva a compasión, pero no tengo la respuesta
todavía.<BR> <BR><STRONG>-Me permito una crítica, los espías rusos, la
NKVD, parecen tomados de una película de Hollywood</STRONG>.<BR><BR>Los espías
son parecidos en todo el mundo. Es un trabajo sucio en el que tienes que mentir,
utilizar a los demás, esa esencia es común. Pero no niego que pueda haber una
influencia de John LeCarré. Sus espías, hombres infelices e incompletos, me
fascinan.<BR> <BR><STRONG>-¿Hubo un Trotsky en la revolución
cubana?<BR></STRONG><BR>No lo creo. La culpa del giro político de Cuba, para
muchos, la tiene la política norteamericana. En aquéllos años los Estados Unidos
estaban acostumbrados a gobernar América latina de una manera, y la revolución
les rompió los esquemas. En esa época Che Guevara empieza a hacer desde el poder
de sus cargos determinadas lecturas y declaraciones que, vistas en perspectiva,
resultaban antisoviéticas. Si hubiera habido un asomo de Trotsky en Cuba, ese
hubiera sido el argentino. Se cuenta que el Che tuvo una relación muy cercana
con el grupo de trotskistas originales cubanos. A principio de la revolución la
proyección socialista del gobierno cubano no estaba definida. Pero sí había allí
un grupo de revolucionarios trotskystas con quienes el Che se relacionaba. Llegó
un momento en el que el Che salió de Cuba y cuando regresó habían sacado de sus
puestos a muchos de estos trotkystas. Y gracias al Che muchos recuperaron sus
puestos. Es quiere decir que había un conocimiento y una simpatía hacia el
pensamiento trotskysta.<BR> <BR><STRONG>-La Habana, Cuba, es un imán para
el mundo, ¿corre con ventaja escribiendo desde allí?</STRONG><BR><BR>Siempre la
cultura cubana ha sido más grande que la geografía de la isla. Escribir desde La
Habana es tener cierta ventaja. Como Buenos Aires, tiene una tradición cultural
reconocida.<BR><BR><STRONG>-¿Qué rescataría de su experiencia para el futuro de
la vida socialista?</STRONG><BR><BR>Hay una experiencia que considero
fundamental, tanto que a ella le he dedicado mi última novela. Es la de poder
realizar su libertad individual. El individuo que no puede ejercitar su propia
libertad no puede construir una sociedad libre. Hay que resolver los problemas
individuales para luego resolver los colectivos. Uno de los problemas del
socialismo es que se hizo al revés. Si a una persona creyente le dices que tiene
que dejar de creer ya para esa persona ese mundo no es mejor.
<HR>
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