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<HR>
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<DIV align=center><STRONG><FONT size=4><U>boletín solidario de
información</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Correspondencia de
Prensa<BR></FONT><U>27 de junio 2013</U><BR><FONT color=#800000 size=5>Colectivo
Militante - Agenda Radical</FONT><BR>Montevideo - Uruguay<BR>redacción y
suscripciones: </FONT></STRONG><A
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<DIV align=justify><STRONG><FONT size=3>Uruguay</FONT></STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT face=Arial><STRONG></STRONG></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG><FONT size=3>A 40 años de la
Huelga General</FONT></STRONG> </FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>En Lucha Nº 9,
</STRONG></FONT><FONT size=2 face=Arial><STRONG>mayo-junio
2013</STRONG></FONT></DIV>
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title="mailto:periodicoenlucha.enlucha@gmail.com CTRL + clic para seguir el vínculo"
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title="mailto:periodicoenlucha.enlucha@gmail.com CTRL + clic para seguir el vínculo">periodicoenlucha.enlucha@gmail.com</STRONG></FONT></A></DIV>
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<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial><STRONG>Un ciclo de grandes
luchas</STRONG> <BR> <BR>El "Uruguay liberal" llegaba a su fin. La bonanza
exportadora que había generado la guerra de Corea (1951-1953) se agotaba. El
modelo "neo-batllista" basado en la "sustitución de importaciones" tocaba en
retirada. Con la victoria "conservadora" del Partido Nacional (1958) llegaron el
FMI y su primera "Carta de Intención". Vinieron las Medidas Prontas de Seguridad
contra las luchas sindicales y estudiantiles. La "Alianza para el Progreso" de
Kennedy fue secundada por la OEA, definida por el Che Guevara como el
"ministerio de colonias yanquis". Estados Unidos ordenó y consiguió la expulsión
de Cuba (1962). Uruguay votó con los gobiernos serviles. Había que evitar el
contagio revolucionario. <BR> <BR>En los años siguientes la
polarización política se agudizó. El país de la "medianía", según la descripción
de Carlos Real de Azúa, se fracturó. La lucha de clases se hizo violenta. La
clase trabajadora resistió la ofensiva patronal que se apoyó en los sucesivos
gobiernos blancos y colorados. Organizó el Congreso del Pueblo (1965) y concretó
la unidad sindical con la creación de la CNT (1966). Entre 1968-1973, la
cuestión de las "vías de aproximación al poder" dejó el plano de la teoría y se
plantó en la agenda de la izquierda: un inminente desenlace de la "crisis
nacional" actualizaba al problema. La masividad de las luchas obreras, la
combatividad del movimiento estudiantil, la radicalización de la "clase media",
y la gestación de una vanguardia revolucionaria, diseñaban el nuevo mapa
político del país.<BR> <BR>El atolladero del modo de acumulación
capitalista se manifestó en el plano político-institucional. La "crisis
nacional" se traducía en un bloqueo del régimen bipartidista de dominación. El
Parlamento era su caja de resonancia. La deriva autoritaria del "Uruguay
batllista" era funcional a la demanda de las clases dominante: crear las
condiciones para una mayor explotación de la clase trabajadora, cercenando
derechos democráticos y eliminando conquistas sociales. Bajo los gobiernos de
Jorge Pacheco Areco y Juan María Bordaberry, la represión se hizo más brutal y
masiva: incursiones policiales contra las huelgas, militarización de los
empleados públicos, asesinatos de obreros y estudiantes, torturas a los presos
políticos, escuadrones de la muerte, ilegalización de partidos de izquierda,
clausura de medios periodísticos. <BR> <BR>La creación del Frente
Amplio en 1971 con su singular organización de Comités de Base, y la "lucha con
armas" desplegada por el movimiento tupamaro y otras fuerzas de inspiración
guevarista, agregaron nuevos elementos al debate. Se profundizó la brecha entre
una izquierda reformista (adepta a la teoría estalinista de "revolución por
etapas") y una izquierda revolucionaria que no se resignaba a esperar que las
"condiciones objetivas" terminaran de madurar. Aunque debe aclararse: esta
izquierda revolucionaria -que tenía en el MLN su componente esencial- nunca puso
en peligro la hegemonía estratégica y programática del Partido Comunista. Mucho
menos entre los trabajadores organizados, aún cuando en la CNT había importantes
sindicatos dirigidos por la Tendencia de sindicatos clasistas y
combativos. En todo caso, las diferencias entre esta "dos izquierdas" se
ubicaban en el terreno de los "estilos", los "métodos", y las "tácticas" de
lucha. De todas maneras, el debate en torno a las demandas programáticas, los
caminos de "acumular fuerzas", el sistema de "alianzas sociales", el papel de la
Huelga General y hasta la perspectiva de "doble poder", estuvo planteado en el
campo popular. Podría decirse que, para una amplia franja de luchadores y
luchadoras sociales, fue un período donde "la revolución" aparecía no sólo como
necesaria, sino también como "posible". <BR> <BR>Para 1972, la "estrategia
de lucha armada" estaba derrotada. La mayoría de los dirigentes y militantes del
MLN se encontraban presos, dispersos o camino al exilio. Su intento último de
negociar la rendición (que las Fuerzas Armadas exigían "incondicional"), parar
las salvajes torturas, y acordar con los militares una serie de puntos
programáticos levantados por el MLN (sobre todo en el terreno económico),
tampoco dio resultado. Las Fuerzas Armadas habían ganado "la guerra contra la
subversión". En poco más de un año el aparato del MLN fue desarticulado por
completo. Poniendo en evidencia tanto su aislamiento político como la
falta de una base social de sustentación. La inmensa mayoría de los
trabajadores, incluidos amplios sectores del activismo político y sindical, no
identificaron su lucha con las acciones del MLN y, finalmente, se desentendieron
de la suerte corrida por la guerrilla. <BR> <BR>El golpe de
Estado y la derrota de la Huelga General, cortaron drásticamente el ciclo de
grandes luchas obreras y estudiantiles. El proceso de acumulación y
socialización de experiencias se truncó. La derrota histórica sufrida por la
clase trabajadora en la Huelga General, permitió que la dictadura impusiera su
"proceso de reconstrucción nacional" en beneficio de los capitalistas locales y
extranjeros. Por vía del terrorismo de Estado, se impuso un reordenamiento del
régimen de dominación bajo otra correlación de fuerzas entre capital y trabajo.
La instauración de una etapa contrarrevolucionaria con su secuela de presos,
torturados, asesinados, desaparecidos, exiliados, postergó el balance de
aquellas estrategias y de aquellos programas que ni siquiera lograron impedir el
"golpe fascista". Y puso bajo la alfombra la responsabilidad política del
Partido Comunista, fuerza dirigente del movimiento obrero y popular en aquellos
años. <BR> <BR><STRONG>La apuesta
"peruanista"</STRONG><BR> <BR>Las Fuerzas Armadas ya habían volteado al
Ministro de Defensa (general Antonio Fancese) y derrotado al sector
constitucionalista de la Marina, encabezado por el contraalmirante Juan José
Zorrilla. El llamado de Bordaberry a "defender las instituciones" había tenido
como eco una raquítica concentración de 150 personas en la Plaza Independencia.
Pocos días después firmaba con los militares el Pacto de Boiso Lanza (comando de
la Fuerza Aérea). Acordaron los objetivos a cumplir: el desafuero de Enrique
Erro, senador del Frente Amplio; la disolución del Parlamento (sin fecha
establecida); y la instauración de un régimen cívico-militar basado en "Doctrina
de la Seguridad Nacional". El proyecto contrarrevolucionario contaba con dos
apoyos decisivos: la embajada norteamericana y las fracciones hegemónicas del
empresariado. Además de algunas complicidades políticas: los caudillos blancos y
colorados más reaccionarios: Pacheco Areco, Alberto Gallinal, Martín Echegoyen,
entre otros. <BR> <BR>En ese "febrero amargo" denunciado por el senador
Amilcar Vasconcellos (Partido Colorado), aparecieron los Comunicados 4 y 7 de
las Fuerzas Armadas, emitidos por cadena de radio y televisión los días 9 y 10
de febrero. Allí, los planteos "nacionalistas" se acompañaban del más feroz
anticomunismo. No obstante, los Comunicados crearon la ilusión de un giro
"patriótico" de los militares uruguayos. Estaban cercanas las experiencias
"reformistas" y antiimperialistas" del gobierno del general Juan José Torres en
Bolivia y, sobre todo, la del régimen encabezado por el general Juan Velazco
Alvarado en Perú. El término "peruanista" fue acuñado entonces, como sinónimo de
una postura "desarrollista", "soberana", enmarcada en una "etapa avanzada" de
"liberación nacional". <BR> <BR>El Partido Comunista fue el principal
sostén político de los Comunicados 4 y 7. En su edición del 11 de febrero,
mientras ocurría la insubordinación del Ejército y la Fuerza Aérea, El Popular
hacía explícito el apoyo del Partido Comunista a la incursión militar: "Pensamos
que es razonable que las Fuerzas Armadas, que no se consideran 'una simple
Fuerza de represión o vigilancia' quieran dar su opinión sobre las problemáticas
del país, quienes tienen menos derecho que nadie a discutir esa actitud son los
que les han dado determinadas funciones en los últimos tiempo. Y si hay una
realidad que debe ser cambiada y las Fuerzas Armadas no quieren ser el brazo
armado de grupos económicos y políticos que pretendan apartar a las Fuerzas
Armadas de su fines, es imprescindible que se conozca su pensamiento (.)
Nosotros hemos dicho que el problema no es el dilema entre poder civil y poder
militar; que la divisoria es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de esta
caben indudablemente todos los militares patriotas que estén con la causa del
pueblo, para terminar con el dominio de la rosca oligárquica". (Citado por
Alfonso Lessa, en "El pecado original. La izquierda y el golpe militar de
febrero de 1973", Editorial Sudamericana, Montevideo, 2012) En el mismo sentido
se pronunciaba uno de sus principales dirigentes, Jaime Pérez, quién decía a un
activo partidario: los Comunicados 4 y 7 "junto a cierto contenido
propagandístico, expresan a su modo la existencia de una nueva conciencia
programática en la República (.) el programa no es antiimperialista en sentido
firme, aunque su aplicación chocaría objetivamente con el imperialismo". (Citado
por Lessa)<BR> <BR>Esta simpatía hacia el (supuesto) "peruanismo" pasó a un
estimulo material: "A tal punto que el Partido Comunista apoyó secretamente el
financiamiento del semanario 9 de Febrero, que expresaba las posiciones del
general Álvarez". (Citado por Lessa y no desmentido por nadie hasta el día de
hoy) En dicha publicación, un periodista de sospechosos antecedente,
llamado Luis Michelini, llegaba a destacar la figura del "Goyo" como la de a un
"nacionalista de izquierda". Nada menos.<BR> <BR>Otros sectores del Frente
Amplio adhirieron a la "apuesta peruanista". Si bien exigían la renuncia de
Bordaberry, los sectores mayoritarios se alinearon con la posición del Partido
Comunista. Desde el general Liber Seregni al Partido Demócrata Cristiano. En el
Partido Socialista, su tendencia mayoritaria liderada por Vivián Trías (que
simpatizaba con el papel de los militares en las "revoluciones nacionalistas" de
África y el mundo árabe, en particular sobre el nasserismo en Egipto), también
se expresó a favor de un apoyo a los Comunicados de la Junta de Comandantes. No
fue el caso, hay que decirlo, el de los militares frentistas (algunos de los
cuales ya estaban presos); por conocer los bueyes que araban en la corporación
militar, descartaron cualquier ilusión "peruanista".<BR> <BR>Por el lado de
la CNT hubo matices. Si bien no se dio un apoyo a los Comunicados, se
consideraba a los militares como "parte del pueblo" y se repetían los argumentos
del Partido Comunista: la lucha por una "alternativa real" era entre "Oligarquía
o Pueblo". Se reafirmaba la decisión de ir a la Huelga General en caso de Golpe
de Estado, aunque la mayoría de la Mesa Representativa consideró que "no se
daban las condiciones para convocarla" en ese momento. (Declaración del
Secretariado del CNT, 9 de febrero de 1973). Los sindicatos de la Tendencia
criticaron esta decisión de no ir a la Huelga General en febrero. Ya con el
Pacto de Boiso Lanza concretado, se criticaba a la "oligarquía y se reafirmaban
los postulados programáticos del movimiento sindical. Aunque no había ni una
sola mención sobre el avance del golpismo militar, ni por tanto, medida alguna
para frenarlo. (Declaración de la Mesa Representativa de la CNT, 15 de febrero
de 1973)<BR> <BR>Apenas un mes antes de la disolución del Parlamento, el
Partido Comunista, por boca de su Secretario General, Rodney Arismendi,
redoblaba la "apuesta peruanista". En un acto realizado en el teatro El
Galpón el día 23 de mayo, afirmaba que se había iniciado "un proceso de
transformaciones progresistas". Agregaba: "Nadie duda de que se han creado las
premisas de una unidad superior (.) Desde el día en que en la calle un obrero,
un estudiante, un profesor, un campesino, un militar, plantearon juntos las
mismas cosas, se estaba forjando el crisol de los grandes cambios." (Citado por
Lessa). El 27 de junio, el "proceso de transformaciones progresistas"
desembocaba, como por arte de magia, en un "Golpe fascista". Los jefes militares
eran los mismos de febrero. <BR> <BR>Pocas voces criticaron esta
subordinación de la izquierda reformista al golpismo militar. Una fue la de
Erro, otra fue la de Carlos Quijano, quien desde el semanario Marcha alertaba
que la insubordinación militar era, en efecto, la antesala del Golpe de Estado.
Desde la Tendencia y otras fuerzas de la izquierda revolucionaria también hubo
críticas y hasta pronunciamientos, Como por ejemplo el del Partido
Revolucionario de los Trabajadores: "Ni Bordaberry ni golpe. Por un gobierno de
la CNT y los partidos obreros y populares". (Citado por Revista de América Nº
10, Buenos Aires, marzo-abril de 1973) No obstante estas valiosas
manifestaciones de rebeldía y propuestas alternativas, predominó la
estrategia de "avanzar por etapas", de unidad entre los "civiles honestos" y los
"militares honestos", de alianzas con la "burguesía nacional" y los sectores
"democráticos" de los partidos tradicionales. En ese contexto, el movimiento
obrero y popular llegó al 27 de junio confundido y sin preparación para el
enfrentamiento decisivo. A la espera de una utopía reaccionaria: que el aparato
armado del Estado capitalista se pusiera de su
lado. <BR> <BR><STRONG>Una batalla
decisiva</STRONG><BR> <BR>La Huelga fue una de las mayores expresiones de
resistencia democrática. El momento más emblemático de la lucha de la clase
trabajadora uruguaya en el siglo XX. Innumerables testimonios dan cuenta de la
formidable batalla. Algunos de nosotros, por más viejos, lo vivimos en la
fábrica o centro de estudio ocupado, en el barrio organizando la solidaridad, en
aquella extraordinaria manifestación del 9 de julio, a las cinco de la tarde.
Otros, por más jóvenes, lo conocen a través de libros, reportajes, artículos, o
directamente por narraciones de compañeros, amigos, familiares. Fue una
experiencia inédita. Que conmovió al país. Donde los trabajadores que
acaudillaron la lucha democrática, aguantaron a pié firme los desalojos y la
represión para volver a ocupar muchas veces, como hicieron los compañeros de
Alpargatas. En esa capacidad de lucha y sacrificio, amplias capas proletarias
tuvieron claro lo que su dirección no les decía: la huelga era para tirar abajo
la dictadura. <BR> <BR>La valoración de aquel "ensayo revolucionario", no
implica sumarse a una cierta mitología. Ni aceptar las trampas de un relato
épico que pretendió, por muchos años, tergiversar el resultado, disfrazándolo de
"repliegue táctico" o "retirada justa". Porque la Huelga General fue derrotada.
Porque fue puesta a la defensiva y subordinada a las negociaciones de sus
dirigentes con el Ministro del Interior del régimen, coronel Néstor Bolentini.
Porque "las orientaciones de la CNT establecían que había evitar destrozos en la
maquinaria y que la resistencia debía mantenerse sin llegar a configurar
situaciones de violencia". (Salvador Neves, "9 de julio de 1973", Brecha,
2-12-2012). Es decir: cuidando la propiedad de los empresarios y aguantando
pacíficamente la represión. Porque la Huelga no logró extenderse a todo el país
y se concentró en Montevideo y algunas capitales departamentales. Porque decenas
de miles de activistas sindicales fueron despedidos de sus empleos y pasaron a
engrosar las listas negras patronales<BR> <BR>Y, sobre todo. Porque la
dictadura que "nació muerta" duró doce larguísimos años, instaurando una fase
contrarrevolucionaria. Las consecuencias fueron (y son) duraderas. El terrorismo
de Estado generó un efecto reflejo, conservador, que fue clave a la hora de
"restaurar" la democracia en 1985 mediante pactos, renunciamientos e
impunidades. La derechización del Frente Amplio y su integración al orden
del capital bajo el paradigma progresista, no fueron procesos aislados de
aquella derrota. Lo que no hace más que agregarle dimensión histórica, decisiva,
a la batalla de junio-julio de 1973. La Huelga General significó el momento
culminante, heroico, trágico, de un período donde la revolución estaba -o
parecía estar- "a la vuelta de la esquina". Por lo menos, para una generación de
luchadores y luchadoras sociales. <BR> <BR>Los recuadros que
intercalamos en esta sección tienen un valor testimonial. Hacen a las
conclusiones. Se convierten en "balances". Y, sobre todo, revitalizan la
memoria. <BR> <BR>Redacción de En Lucha</FONT></DIV><FONT size=2
face=Arial>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG><FONT size=3>Los trabajadores ocupan
*</FONT></STRONG></DIV><FONT size=3 face=Calibri></FONT>
<DIV align=justify><BR> </DIV>
<DIV align=justify>En las fábricas los turnos que entraban a las 6 de la mañana
comenzaban a discutir qué hacer. Con esa unanimidad colectiva que sólo es
posible en los grandes momentos históricos, los trabajadores de una y otra
fábrica fueron llegando a una misma conclusión: tomar las plantas en contra del
golpe reaccionario. Unánimemente la clase obrera fue ocupando el país, mientras
que en muchos lugares los dirigentes sindicales se preguntaban qué
hacer.<BR></DIV>
<DIV align=justify> </DIV>
<DIV align=justify>A la media mañana no se conocía todavía la decisión oficial
de la CNT; pero en los hechos, la huelga general con ocupación de fábricas ya
había comenzado. La resolución de la Central obrera lo que debía hacer era
corroborar lo que los trabajadores ya había realizado.<BR></DIV>
<DIV align=justify>Y la declaración vino. Los cabildeos y reuniones de la
dirección de la CNT con los militares no había surtido efecto: el Partido
Comunista apostaba ahora a la huelga obrera para presionar el contragolpe
"peruanista". <BR></DIV>
<DIV align=justify>Por la tarde, la ocupación se extendió como un reguero de
pólvora por todo el país. Bancos y hospitales, oficinas públicas y transportes,
todo fue tomado por los trabajadores. La clase obrera había abierto el camino y
la resolución de la CNT había facilitado la generalización de la huelga. Los
días posteriores demostrarían con la elocuencia de que sólo son capaces los
hechos, que la clase obrera había pasado a su mayoría política de edad y que
asumía ese papel con total decisión. <BR>Los 15 días que conmovieron al Uruguay
comenzaban. El ejército y los trabajadores se enfrentarían en una batalla
decisiva. Los primeros con unidad de mando y objetivos claros; la clase obrera
acaudillando a todos los sectores democráticos de la población, pero con una
dirección que fue incapaz de conducir revolucionariamente la huelga y que
colocó toda su potencia, al servicio de presionar la intervención de los
famosos militares "nacionalistas". <BR></DIV>
<DIV align=justify>* Extractado de "15 días que conmovieron al Uruguay". Revista
de América Nº 13, Buenos Aires, abril-mayo de 1974. El estudio lleva la firma de
Pablo Ramírez, seudónimo de Jorge Guidobono (1944-2007), por aquellos años
militante de AEBU y del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT).</DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG><FONT size=3>Se levanta la Huelga
*</FONT></STRONG></DIV>
<DIV align=justify> </DIV><FONT size=3 face=Calibri></FONT>
<DIV align=justify><BR>Los trabajadores de la Capital, de todos los gremios,
particularmente del cinturón proletario de Montevideo, constituyeron el núcleo
granítico de la firmeza y disciplina del proletariado. Pero debe señalarse
además que, en estas jornadas, también derrocharon su espíritu de lucha los
trabajadores del Interior, demostrando hasta qué punto la conciencia de la clase
trabajadora ha alcanzado un altísimo nivel en todo el territorio nacional
(.)</DIV>
<DIV align=justify><BR>La huelga general que hemos realizado constituye una
etapa gloriosa (.) Ello no ha permitido alcanzar aún la victoria deseada, pese
al derroche del heroísmo de los trabajadores (.) La batalla debe pues proseguir,
pero se hace necesario cambiar la forma de lucha (.)</DIV>
<DIV align=justify><BR>Estas consideraciones son las que han llevado a la Mesa
Representativa de la CNT a decidir la terminación de esta etapa de lucha
levantando la huelga general. En las presentes circunstancias su prolongación
indefinida sólo llevaría a desgastar nuestras fuerzas y a consolidar las del
enemigo (.)</DIV>
<DIV align=justify><BR>No salimos de esta batalla ni derrotados ni humillados.
Por el contrario, el heroísmo desplegado en todo su desarrollo, particularmente
por los destacamentos más firmes de la clase obrera, la magnitud y combatividad
de la demostración popular del lunes 9 de julio (.) demuestran que la fuerza de
los trabajadores, a pesar de las heridas recibidas, no se ha mellado en lo
fundamental". </DIV>
<DIV align=justify><BR>* Extracto del "Mensaje a los trabajadores uruguayos", 11
de julio de 1973, donde la Mesa Representativa de la CNT, reunida en el
sanatorio ocupado de IMPASA, comunica la resolución (adoptada por mayoría) del
levantamiento de la huelga.
<HR>
<BR><STRONG><FONT size=3>Fue derrotado un método sindical
*</FONT></STRONG></DIV>
<DIV align=justify><BR>Esta huelga general es la acción política más importante
desarrollada en el Uruguay por el conjunto del proletariado, de los sectores
asalariados, del estudiantado y vastos sectores sociales (...)</DIV>
<DIV align=justify><BR>Es en la práctica de un sindicalismo conciliador, en el
ablandamiento sistemático de los métodos (.) en la práctica de un sindicalismo
reivindicativo -desvinculado de los aspectos programáticos- donde debe buscarse
la explicación de las graves carencias que varios gremios evidenciaron, a tal
grado que la huelga no pudo mantenerse e incluso, en algún caso, decretarse en
forma efectiva (.)</DIV>
<DIV align=justify><BR>Ningún gremio fue derrotado. Fue derrotado un estilo, un
método, una concepción del trabajo sindical. En resumen: la fuerza de la huelga
general contra la dictadura (experiencia históricamente inédita) golpeó a ésta
en cierto grado. No logró voltearla, pero consiguió agrupar contra la dictadura
un anchísimo frente desigualmente estructurado. La lucha puso a prueba todas las
orientaciones, todos los sistemas organizativos y de trabajo sindical, todos los
criterios tácticos. Corregir las carencias a la luz de la experiencia, de manera
que la siguiente ola del movimiento ahogue a la dictadura, es una tarea
necesaria que exige amplitud de criterio y seriedad de análisis".</DIV>
<DIV align=justify><BR> * Extractos del Balance de las "3F" (FUNSA, FOEB,
FUS), documento de los sindicatos que se oponían a la orientación mayoritaria de
la CNT, y en los cuales predominaban militantes de la Tendencia. </DIV>
<DIV align=justify>
<HR>
</DIV>
<DIV align=justify><FONT size=3 face=Calibri></FONT> </DIV>
<DIV align=justify>
<DIV align=justify><FONT size=3 face=Arial><STRONG>La orden de
Arismendi</STRONG></FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>Durante la huelga general que se
realizó entre el 27 de junio y el 11 de julio de 1973, Iván Altesor, un cuadro
militar del Partido Comunista del Uruguay que luego combatió en Nicaragua, donde
murió uno de sus hermanos, fue designado como enlace entre el secretario
general, Rodney Arismendi, y el de Montevideo, Jaime Pérez, que pasaron a la
clandestinidad.</FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>El martes 11 en Ciudad de México,
donde reside, Altesor participó en coloquio internacional organizado por el
Instituto Mora, Flacso México y Cineteca Nacional de México a propósito de los
40 años de los golpes en Chile y Uruguay. </FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>Durante su exposición, que se pudo
seguir por Internet, Altesor contó que su padre, Alberto, que tenía
responsabilidades en el área sindical del PCU, fue informado de la decisión de
proceder al levantamiento de la huelga en el transporte como "señal" hacia
las Fuerzas Armadas. Altesor contó que la respuesta de su padre fue que
daría cumplimiento a dicha orden, "sólo si la recibía directamente de
Arismendi". La orden de Arismendi llegó y la huelga del transporte fue
levantada, con la correspondiente influencia negativa en los demás huelguistas,
explicó.</FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>Sin embargo, Luis Iguini, que integró
el comando de la huelga y la sección sindical del PCU, sostuvo que no recuerda
que haya ocurrido lo que afirma Altesor (...)</FONT></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial></FONT> </DIV>
<DIV align=justify><FONT size=2 face=Arial>* "Arismendi y una 'señal' a las
Fuerzas Armadas". Nota publicada en el semanario Búsqueda, 27-6-2013
<HR>
</FONT></DIV></DIV>
<DIV align=justify><BR><STRONG><FONT size=3>No se transformó en huelga cívica
*</FONT></STRONG></DIV>
<DIV align=justify><FONT size=3 face=Calibri></FONT><BR> </DIV>
<DIV align=justify>Pero la huelga se desarrolló muy aislada del conjunto de la
sociedad, con mucha simpatía popular, pero sin fuerzas políticas y sociales que
se sumaran de alguna manera. No se transformó en una huelga cívica, en una
huelga nacional (.)</DIV>
<DIV align=justify><BR>Fue una huelga de resistencia, que resistió mientras
pudo. Sirvió, sin duda, sirvió. Yo nunca dije que los derrotamos. Nos derrotaron
y nos masacraron, pero de alguna manera la huelga aisló socialmente a la
dictadura. La dictadura no tuvo, como la de Pinochet, una base social en torno,
nunca; nadie la respaldó". </DIV>
<DIV align=justify><BR>* Extracto de una entrevista a Vladimir Turiansky,
miembro del Secretariado Ejecutivo de la CNT y dirigente del Partido Comunista
en 1973. Alfonso Lessa, "El pecado original. La izquierda y el golpe militar de
febrero de 1973". Editorial Sudamericana, Montevideo, 2012)</FONT><FONT
size=2 face=Arial></DIV></FONT>
<DIV><FONT size=2 face=Arial>
<HR>
</FONT></DIV></BODY></HTML>