Grecia/ Syriza, Syntagma, entre la plaza y el palacio [Stavros Stavrides - entrevista]

Ernesto Herrera germain5 en chasque.net
Vie Feb 20 13:34:50 UYST 2015


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Correspondencia de Prensa

boletín informativo – 20 de febrero 2015

germain5 en chasque.net

A l’encontre – La Breche

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Grecia

Syriza, Syntagma, entre la plaza y el palacio

¿Cómo se relacionan Syriza y los movimientos contra la crisis que, desde la
ocupación de la ateniense plaza Syntagma, en 2011, reinventan la política
por abajo? Sobre eso trató, entre otros temas, la entrevista que el
intelectual radical español Amador Fernández Savater (*) le realizó al
activista griego Stavros Stavrides.

Brecha, Montevideo, 20-2-2015

http://brecha.com.uy/

Se cuenta que la ocupación de la plaza Syntagma en Atenas fue un efecto del
15-M. Alguien en la Puerta del Sol puso un cartel que decía: “Silencio, que
vamos a despertar a los griegos”, y ellos se lanzaron a la calle. El 25 de
mayo de 2011 tomaron Syntagma y cientos de plazas en todo el país. Cien mil
personas rodearon el parlamento con un gran cartel en español: “Estamos
despiertos. ¿Qué hora es? Es hora de que se vayan”.

No eran los movimientos sociales, sino más bien (como en el 15-M) la
sociedad en movimiento. Stavros Stavrides, activista y profesor de
arquitectura en Atenas, estaba allí, vivió a fondo la experiencia de
Syntagma y ha reflexionado ampliamente sobre ella. Y ahora, tres años y
medio después, la victoria de Syriza. ¿Cómo interpretarla desde la
perspectiva de Syntagma? ¿Cómo puede pensarse la relación, ahora en Grecia,
tal vez mañana en España, de los movimientos por abajo y los gobiernos que
cuestionan el neoliberalismo? Su trabajo teórico se enfoca en los
movimientos y conflictos urbanos. Y su libro Hacia una ciudad de los
umbrales, donde se investiga, entre otras, la experiencia de la ocupación de
la plaza Syntagma, se publicará en 2015 en España en la editorial Akal.

—¿Cuál es la realidad y la vitalidad de los procesos de autoorganización que
eclosionaron en 2011? ¿Sigue vivo, y cómo, el legado de la plaza Syntagma?

—El legado de Syntagma es una realidad que no siempre es visible en el
primer plano de la vida social y política. Hay que rastrearlo en diversas
iniciativas, muy pegadas a la vida cotidiana de la gente, como son las
cocinas colectivas en los barrios, los centros médicos municipales o
autónomos que atienden a quien se ha quedado fuera de la seguridad social,
las prácticas de intercambio de bienes y servicios sin intermediarios, los
movimientos contra los desahucios en onda con la Plataforma de Afectados por
la Hipoteca en España, las cooperativas que surgen una tras otra.

Syntagma ha contribuido a crear redes de ayuda mutua que sostienen la vida
de muchas personas en Grecia y a la vez generan nuevas relaciones sociales,
más allá del individualismo. Hay un legado vivo de Syntagma, que ha cambiado
la mentalidad social en muchos aspectos.

—¿Cómo se relacionó Syriza con los movimientos de Syntagma?

—Syriza fue el único partido de la izquierda oficial que no estaba en contra
de Syntagma, como lo estaba explícitamente el Kke (comunistas estalinistas).
No había una posición única dentro del partido, pero muchos militantes de
Syriza contribuyeron a las actividades de Syntagma. Incluso algunos
parlamentarios (no todos) se acercaron simbólicamente a la plaza y dijeron
“estamos con ustedes y no con un parlamento secuestrado y alejado de la
voluntad de la gente”. Syriza no estaba en contra de Syntagma, sino más bien
lo contrario, pero tampoco es un resultado de estos movimientos, como puede
ser Podemos.

—¿Qué quieres decir?

—Syriza preexistía a Syntagma. Está conectado a una larga tradición de
izquierda no soviética en Grecia. Su origen se remonta a 1968, cuando el
entonces ilegal Partido Comunista se rompió en dos: la parte eurocomunista y
la parte estalinista. Syriza es la evolución de la parte eurocomunista y
comparte más o menos esa tradición en términos de organización, visión del
Estado, de la relación entre el partido y los movimientos.

—Pero hace unos pocos años su alcance electoral era insignificante, un 3 o
un 4 por ciento. ¿Qué influencia pueden haber tenido los movimientos de
Syntagma en la reciente victoria de Syriza?

—No hay una conexión determinista, causa-efecto, entre los dos momentos,
pero pienso –como mucha otra gente– que Syntagma creó una nueva conciencia
en la sociedad: contribuyó a neutralizar parte del miedo que lo atraviesa
todo hoy en día en Grecia, y a cuestionar la “necesidad” de las políticas de
austeridad. El movimiento de Syntagma fue destruido por la fuerza y la
represión, pero el espíritu de resistencia y desafío a la fatalidad
permaneció y se extendió fuera de la plaza. Syriza no hubiese ganado las
elecciones si no hubiese existido ese espíritu.

—Aunque en Syntagma la gente no se planteaba el voto como vía de
transformación…

—Cierto. El espíritu de Syntagma se basaba más bien en la idea de
resistencia popular y en el redescubrimiento de la democracia como
democracia directa, como coordinación compleja –y sin centro alguno– de una
pluralidad de iniciativas colectivas. Era un movimiento contra la democracia
representativa.

Pero en ausencia de la victoria del movimiento sobre las políticas de
austeridad, Syriza apareció en cierto momento para la población como la
única opción de cambio. El único partido no corrupto, no subordinado a la
troika, que podía garantizar un cambio democrático y frenar las medidas que
destruyen la vida social. El desplazamiento de la gente y del movimiento
hacia el voto fue un desplazamiento forzado por las condiciones.

En todo caso, Syriza no sustituye a los movimientos. Y quizá, con Syriza en
el gobierno, se genere un ambiente en el que los movimientos puedan
desarrollarse más y mejor.

—¿Qué capacidad de afectar las políticas de Syriza conservan las
experiencias de movilización?

—Hay que esperar y ver. Nadie puede estar muy seguro de lo que va a pasar.
Syriza ha hecho declaraciones muy positivas con respecto a algunas demandas
importantes de los movimientos en las áreas de educación y salud, con
respecto al salario mínimo. Hay una voluntad explícita por parte de Syriza
de satisfacer esas demandas. Son medidas que no pueden tomarse en dos días,
pero Syriza sabe también que no disfrutará de un largo período de tolerancia
y que debe actuar de inmediato para demostrar que cree realmente en lo que
dice. Si no, habrá nuevas erupciones sociales. Pero ahora mismo estamos en
ese período de esperar y ver.

—En el artículo “Después de Syntagma” hablabas de que, en la izquierda y por
abajo, había en Grecia dos ideas de democracia: una idea de democracia
participativa (representada por Syriza) y una idea de democracia directa
(representada por Syntagma). ¿Cómo imaginas que puede darse la coexistencia
entre ambas?

—Desgraciadamente, Syriza ha evolucionado en los últimos tiempos hacia un
modelo de partido más cerrado en torno a una pequeña cúpula. Se ha
verticalizado y “presidencializado” mucho. Es una crítica que se hace
incluso dentro del propio partido. No creo que Syriza pueda ser un trasmisor
directo de la voluntad ciudadana, un canal de participación de la gente.
Puede, eso sí, representar a los votantes, escogiendo políticas que
canalicen demandas de la sociedad.

La democracia directa juega en otro nivel, redefine la política como una
actividad no especializada y que atraviesa todos los niveles de la vida
diaria. Es una política de lo cotidiano.

Creo que ahora mismo podemos intervenir en los dos niveles: empujar la
democracia representativa más allá de sus límites, a través de formas de
democracia radical y directa, pero teniendo en cuenta que la democracia
representativa (con un partido como Syriza en el poder) puede abrir zonas de
libertad y entornos más propicios para los experimentos autónomos que
prefiguran otra sociedad.

Podemos reivindicar, por un lado, medidas contra la corrupción o a favor de
una transparencia en la gestión, y desafiar, al mismo tiempo, los límites de
la representación, mediante conflictos y contraejemplos, mediante formas de
autogobierno que vayan más allá de la autoridad pública. Jugar en ambos
niveles.

—¿Es el fin de la austeridad, como se dice por todas partes? ¿Qué puede un
gobierno frente a las lógicas neoliberales del capitalismo contemporáneo?

—Vamos a ver. Puede haber cambios serios e importantes de orientación en un
momento de cuestionamiento general del contexto neoliberal. Las luchas por
abajo pueden influir y también lo que haga un Estado. Un gobierno realmente
progresista puede jugar un papel relevante para invertir la correlación de
fuerzas en el interior de la UE. Hay varios niveles de actuación, no
necesariamente contradictorios. Quiero decir: renegociar la deuda es muy
importante, pero también repensar y cuestionar los modelos de desarrollo y
crecimiento dominantes. Desde arriba se puede influir en las políticas
neoliberales, pero creo que para salir del marco neoliberal serán necesarios
cambios que sólo pueden producirse desde abajo.

—Después de tres años de luchas sociales muy fuertes en España, hemos tocado
una serie de límites. Y ahora mismo la atención y el deseo parecen haberse
desplazado de la plaza al asalto del palacio. ¿Los movimientos autónomos y
los procesos de autoorganización tienen límites intrínsecos?

—No estoy en posición de ofrecer respuestas claras. No hemos tocado una
especie de límite insuperable a partir del cual haya que hacer las cosas
según los modos de la política tradicional, no lo creo. El Estado es una
forma específica, históricamente fechada, de organizar las relaciones
sociales. No es eterna, ni la única forma posible de organización social.
Podemos ir más allá del modelo estatal.

En ese sentido, la creatividad social desplegada en la primavera árabe, en
las plazas del 15-M o en Syntagma debe ser nuestra única guía. Por eso juzgo
la política por arriba según si abre más o menos espacio a los procesos por
abajo. Si esos procesos se subordinan a la política de arriba, entonces no
hay cambio profundo y verdadero posible. Las huellas que han dejado los
movimientos de las plazas son semillas apenas sembradas que necesitan tiempo
para brotar y dar frutos. Y debemos cuidarlas y velar su crecimiento.

—Diferentes autores, como Alain Badiou o el Comité Invisible, piensan que la
única forma de ir más allá del péndulo entre neoliberalismo y
socialdemocracia es reabrir y repensar la cuestión revolucionaria, el
problema de la transformación radical de la sociedad. ¿Qué te parece?

—Estoy de acuerdo, pero si repensamos la revolución fuera del imaginario
religioso de la vida después de la muerte, del acontecimiento que parte la
historia de la humanidad en un “antes” y un “después”. Las sociedades no
cambian en una especie de erupción volcánica instantánea que consume el
pasado y crea el futuro. El tiempo del cambio tiene diferentes ritmos,
diferentes niveles, no siempre sincronizados.

Hay que conservar por supuesto la idea de ruptura, los cambios no son
fluidos y suaves, pero recelo de la idea del cambio como algo extraordinario
y protagonizado por sujetos extraordinarios. Creo más en la máxima
zapatista: los rebeldes son gente normal y corriente. Ni héroes, ni gente
excepcional, ni “los elegidos”, sino personas comunes que necesitan
rebelarse para llevar una vida digna.

—Un amigo argentino me preguntó si yo creía que el movimiento de fondo de lo
que ocurría desde 2011 en España era el deseo de volver a vivir en un
“capitalismo tranquilo” o la búsqueda de nuevas formas de vida. ¿Tú qué
dirías, con respecto a Grecia?

—Me parece que inventar nuevas formas de vida sigue siendo un deseo
minoritario, pero no tan minoritario como solía ser. Y ya no es una cuestión
de ideología, sino de experiencia. Los grupos en los barrios han reinventado
la solidaridad no porque sean comunistas o anarquistas, sino porque es la
única manera de vivir dignamente.

Por supuesto, hay en mucha gente un deseo de volver a vivir en las ilusiones
de antes (digo ilusiones, porque el “capitalismo tranquilo” nunca fue una
realidad para la mayoría), pero se abre también una oportunidad muy poderosa
para influir en los imaginarios sociales.

Porque hoy en día los modos de vida individualistas ni siquiera se
sostienen. Las nuevas formas de vida se construyen despacio, llenas de
contradicciones y sin ninguna pureza, pero se construyen e influyen en cada
vez más conciencias.

* Tomado de Eldiario.es

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