[vecinet] Construyendo la Esperanza (I)

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Dom Feb 27 19:31:32 UYT 2005



vecinet - No. 679 - Construyendo la Esperanza (I) - 28/02/05

Colaborá <http://www.chasque.net/guifont/colabora.htm> con vecinet

Comunicación alternativa independiente para la participación y la 
organización popular

"No venderé el rico patrimonio del pueblo al bajo precio de la 
necesidad" "Cuando se trata de salvar los intereses públicos, se 
sacrifican los particulares" "Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa 
por vuestra presencia soberana" "La causa de los pueblos no admite la 
menor demora" "... que los más infelices sean los más privilegiados" 
"Unión caros compatriotas y estad seguros de la victoria" "En lo 
sucesivo solo se vea entre nosotros una gran familia" José Artigas 
<http://www.chasque.net/guifont/artigas.htm>

"...es necesario contar historias del pueblo de tal forma que en vez de 
paralizarnos nos lleve a la acción" Danny Glover

"La revolución de las Tecnologías de la Información ha evolucionado para 
servir a los mercados, pero ha dejado de lado a las necesidades de la 
gente" Vandana Shiva

Fumar es un "placer" mortal. Decile NO a todo tipo de drogas. 
<http://www.chasque.net/guifont/index.html#a>  /  AUTOSERVICIO Tío 
Pancho <http://www.chasque.net/guifont/tiopanch.htm>

Sobre el Tema, también se puede consultar en Internet

Ganó la izquierda <http://www.chasque.net/guifont/noti647.htm> 
(http://www.chasque.net/guifont/noti647.htm); Plan de Emergencia: 
Emergencia Social <http://www.chasque.net/guifont/social.pdf> 
(http://www.chasque.net/guifont/social.pdf), Emergencia Empleo 
<http://www.chasque.net/guifont/empleo.pdf> 
(http://www.chasque.net/guifont/empleo.pdf); Marta Harnecker/1995: Un 
Pueblo que se constituye en Gobierno 
<http://www.chasque.net/guifont/montmh95.pdf> 
(http://www.chasque.net/guifont/montmh95.pdf); Marta Harnecker/1995: Una 
Izquierda que avanza (http://www.chasque.net/guifont/frenam.pdf; La 
Izquierda y los Medios de Comunicación: Documento 1 
<http://www.chasque.net/guifont/comunic1.pdf> 
(http://www.chasque.net/guifont/comunic1.pdf), Documento 2 
<http://www.chasque.net/guifont/comunic2.pdf> 
(http://www.chasque.net/guifont/comunic2.pdf).

 

s u m a r i o (hacé clic en el título)

     1- Elisa Lockhart <#1>
     2- Soriano: Construyendo la Esperanza, terrón a terrón <#2>
     3- Es hora de devolver al pueblo lo que le pertenece <#3>
     4- Ahora, gobernar obedeciendo <#4>
     5- Gobernantes de otra clase <#5>

 

1- Elisa Lockhart

     A partir de esta edición contamos con una nueva colaboradora: Elisa 
Lockhart.

     Coordinadora de la Comisión de Políticas Sociales y de los trabajos 
previos de implementación del Plan de Emergencia. Vicepresidenta del 
EPFA de Soriano. Docente en el Instituto de Formación Docente (jubilada 
- reintegrada). Ex-Directora efectiva del Liceo Departamental y del 
IFD de Mercedes. Destituida en 1976 por militancia política y gremial.

     Se suma a los incorporados anteriormente que son: Abella, Gonzalo; 
Fernández, Griselda; Ferrando, Jorge; Fígoli, Luis Mario; Filgueiras, 
Daniel; Gerosa, Mariana; Kaplún, Gabriel; Landa, Laura; Olesker, Daniel; 
Regent; Susana, Sosa, Juan; Veneziano, Alicia. (vecinet)

sumario <#a>

 

2- Soriano: Construyendo la Esperanza, terrón a terrón

     por Elisa Lockhart / vecinet

     Día a día tenemos experiencias muy fuertes: reuniones con gente de 
los asentamientos que nos dicen: "Yo no quiero que me den, yo quiero 
trabajar". "Yo nunca pedí, uno tiene su dignidad. Lo que quiero es 
trabajar". Una señora con dos nenas vende plantas, y dice: "Yo lo que 
quiero es poner un vivero". En suma, un "pueblo divino" que estaba 
esperando oportunidades de levantar cabeza.

    Lo decimos todo el tiempo, lo soñamos, hay que Construir la 
Esperanza. Y ahora empezamos a creer que es posible.

     Para algunos, es un eslogan vacío. Pero para los compañeros del 
Grupo de Desocupados "La Esperanza", de Mercedes, es una realidad de 
cada madrugada, de cada plantín que entierran, de cada ración que reparten.

     Porque Soriano, un Departamento de tierras generosas, recostado al 
río Hum de los charrúas, (que significa el Río Nuestro, y no Negro, como 
le tradujo un guaraní a un español despistado), es de los primeros del 
país en desocupación y subocupación. Y los desocupados se nuclearon, y 
después de muchos reclamos, después que casi los acobardaron del todo 
con promesas incumplidas, lograron que en 2001 la Intendencia les 
cediera 2 hectáreas y media de chacra pelada, en el Extremo Sur de 
Mercedes. Les dieron también unos pesos para comprar animales, y 
semillas. "En realidad", dice Cacho Gurruchaga, el líder del grupo, "no 
creyeron que íbamos a aguantar. Yo creo que hasta apostaron a que 
fracasáramos..." 

     Pero ellos aguantaron. 

     No eran gente de la tierra. Los actuales desocupados ya no vienen 
del éxodo rural, porque el campo ya no tiene más que el mínimo de brazos 
que lo trabajen. Siempre recordamos a Juan Pablo Terra cuando, ya hace 
cuarenta años decía: "El proyecto tradicional uruguayo es despoblador. 
No necesita gente. Es la estancia con vista al mar..."

     Por eso ahora los desocupados ya no vienen del campo sino de la 
ciudad. En el grupo hay obreros metalúrgicos, guardas de ómnibus, 
carpinteros, y sólo un ex paisano. Así que les ha costado mucho pasar de 
la mentalidad del asalariado que trabaja una quincena y la cobra, a la 
del chacrero que hace un almácigo y tiene que esperar varios meses para 
hacerse de un peso. Y claro que no es sólo cuestión de mentalidad, sino 
de subsistencia. Entonces muchos de ellos van y vienen de "La Esperanza" 
a la changa, cuando la consiguen.

     Consolidar el grupo fue una tarea difícil. Cacho la tiene muy 
clara, y analiza con un tino de especialista, las etapas vividas y los 
esfuerzos desplegados. Para él, construir la esperanza no es una frase 
de micrófono. Es el trabajo, lento pero infatigable, que conversa y 
trabaja a la par con el compañero para galvanizar la voluntad, combatir 
el desaliento, calmar los apuros.

     Como no tienen agua, la Intendencia les manda cada tanto un camión 
cisterna. Sueñan con realizar un proyecto que les hizo el Ing. Francisco 
Gröss, para lograr ese recurso fundamental. Como otros están peor que 
ellos, les han robado lechones y les han carneado dos caballos. El 
último ya casi sabía arar. Hay compañeros en el exilio que les han 
prometido mandarles plata para comprar otro caballo. No siempre son 
"pobres pobres" los que los acosan. Hay avivados que saben que es más 
fácil robarles a ellos y que mandan a chiquilines a hacer fechorías. Ya 
son nueve los caballos carneados en la zona del Túnel.

     Con el 2002, se les vino encima la crisis que expulsó a más de mil 
mercedarios a los nuevos asentamientos que cercaron la chacra. Al 
principio hubo problemas: les robaban verduras, les ponían música fuerte 
de noche. Ahora, siempre Cacho, fue haciendo nacer la solidaridad. Hay 
muchachos del asentamiento trabajando con ellos. Y la vaca que quieren 
conseguir, es sobre todo para que los gurises tengan leche.

     Y lo más entusiasmante de todo, es que ahora prendió también en 
ellos la esperanza, y convocan a nuestra Comisión de Políticas Sociales 
del EPFA para que llevemos su proyecto de trabajo comunitario al futuro 
Ministerio de Desarrollo Social. Han elaborado con enorme dedicación y 
con el apoyo del infatigable Cacho, un proyecto en el que no falta ni el 
plano del lugar ni el censo de los habitantes. Enumeran las tareas que 
desean cumplir, para mejorar su entorno y dar algún solaz a los niños. 
Para que tengan experiencias placenteras y puedan jugar, como todo niño.

     Se proponen hacer una ceremonia en la que todos firmarán el 
proyecto elaborado. Como tantos uruguayos, ellos precisan y luchan por 
un país y una intendencia progresistas, para que por fin los más 
infelices sean los más privilegiados. (vecinet)

sumario <#a>

 

3- Es hora de devolver al pueblo lo que le pertenece

     Discurso de la compañera Nora Castro, presidente de la Cámara de 
Diputados.

     Palacio Legislativo - Montevideo, 15 de Febrero del 2005

     Autoridades de los Poderes nacionales / Embajadores de países 
amigos / Representantes de los Parlamentos de la región / Representantes 
de Organismos internacionales / Sres. Invitados especiales; Ing. Jorge 
Brovetto, Presidente del Frente Amplio; Sras. Lilí Lerena de Seregni; 
Elisa Dellepiane de Michelini; Jorgelina Martínez y Lídice  D`Elía, 
representante de su padre José D·Elía ; Sres. Rafael Guarga; Rodolfo 
Gambini y Daniel Viglietti. / Colegas integrantes de esta Cámara. / 
Sras. y Sres.:

     Dentro de pocos minutos se constituirá la Asamblea General de este 
nuevo Parlamento para dar por instalada y abierta la 46º Legislatura. 
Muchos se podrán preguntar  cómo se inserta la política parlamentaria en 
el cambio proyectado. Cuáles serán la dirección y el fundamento de esta 
política parlamentaria de cambio para el Proyecto de país productivo, 
más justo y solidario al que la ciudadanía le dio su mayoritario apoyo 
el 31 de octubre pasado.

     Tenemos una convicción y hoy la planteamos aquí para que desde este 
lugar pueda ser amasada entre tod en s los diputad en s junto a la gente.

     El Uruguay necesita reconstruir su/s identidad/es.

     ¿Qué significa esto y por qué es necesario?

     La conciencia de la identidad de los pueblos y de cada persona se 
construye en la comprensión, percepción y proyección de su pertenencia a 
un grupo en esa relación de pasado, presente y futuro, contextualizados.

      Pero a la vez, pertenecer a un grupo implica no pertenecer a 
otro/s, estar dentro o fuera de una frontera geográfica, política o 
social o económica, por opción o por imposición. Reivindicamos el 
derecho genuino de la existencia de las identidades personales, de 
clases y sectores sociales, de grupos, de género, de razas, religiosas o 
no, de opciones diversas, lingüísticas, en y con las que los ciudadanos 
se involucren por elección. Pero la nación necesita de tod en s y así como 
la imposición de una "identidad nacional" más que reunir, expulsa, la 
simple suma de las identidades tampoco logra labrar la herramienta de la 
unión de los caros compatriotas para construir mojones de certezas hacia 
la victoria. La nación uruguaya necesita levantar las condiciones 
democráticas, plurales, diversas y de participación efectiva para la 
construcción de un imaginario compartido, donde no haya expulsados y si 
hubiese desertores que sólo sean aquellos que libremente no se 
identifican con este horizonte  de construcción colectiva.

     La identidad es esencialmente un proceso y por ello admite en su 
seno construcciones, deconstrucciones y reconstrucciones, según los 
momentos históricos. Quien piense en una identidad estática, congelada, 
se coloca fuera de la historia, pero lo que es aún más grave, se ubica 
fuera de la vida misma. Cuando en tiempos explícitamente oscuros o 
bañados de luz prestada pero implícitamente también oscuros se ha 
"decretado" la identidad de la nación, no sólo se barrió con aspectos 
centrales de la vida democrática, sino de la propia vida porque se 
reservó la condición humana sólo para aquellos pocos hombres y mujeres 
que desde el poder legitimaban su propio poder de decisión, dejando a 
las grandes mayorías como simples objetos, recipientes de las 
consecuencias de las iniciativas tomadas por otros.

     Rescatar las identidades "perdidas", ya sea porque hoy son 
invisibles o porque fueron dibujadas desde la dominación o desde la 
discriminación, no es sólo tarea de historiadores, sociólogos, 
arqueólogos o antropólogos. Es tarea conjunta, pero es tarea política y 
político-técnica y en este orden, en tanto no hay ciencia, ni técnica ni 
tecnología que sean neutras, que sean asépticas políticamente en el más 
amplio de los sentidos. Este trabajo implica de alguna manera ciertas 
reinvenciones históricas y en ello este Parlamento tiene mucho para 
decir, pero sobre todo para hacer.

     ¿Quiénes somos los que integramos esta Cámara?

     Somos hombres y mujeres políticos, con una pertenencia partidaria a 
los que la ciudadanía avaló. No nos vemos como políticos de raza ni como 
raza de políticos, ni nos sentimos parte de ninguna clase política, 
porque las razas y las clases son otra cosa, pertenecen a otras 
categorías de análisis.

     Somos artiguistas por convicción y nos desafiamos a actuar 
políticamente como tales. Muchas fueron las instancias que durante el 
antigüismo significaron verdaderos actos de soberanía y 
representatividad de los pueblos. Artigas fue coherente al pautar los 
criterios para los representantes en espacios de integración o para el 
"pago chico". Así en la Convocatoria al Congreso de Abril de 1813 
sostuvo: "Conviene al sostén de la patria que lo más breve posible 
congregue usted a los vecinos de su jurisdicción, los cuales luego que 
sean congregados procederán a nombrar un diputado, cuya persona deberá 
reunir las cualidades precisas de prudencia, honradez y probidad."

     Y cuando se dirigió al Comandante General de Misiones, Andresito, 
en 1815 expresándole: "...mande cada pueblo su diputado indio al Arroyo 
de la China. Usted dejará a los pueblos en plena libertad para elegirlos 
a su satisfacción, pero cuidando que sean hombres de bien y de alguna 
capacidad para resolver lo conveniente."

     Prudencia, honradez, probidad, capacidad para resolver lo 
conveniente..., pautas antigüistas para la conducta de los 
representantes del pueblo. Herencia fuerte, desafío complejo y 
permanente que atraviesa todos los días todas las áreas de nuestro 
hacer. La honradez, que como tantas otras cosas de la vida humana más 
cuenta no declararla sino esforzarse en vivirla, promoviendo que la 
valoración de la misma esté en los otros, para escucharla con la máxima 
atención y aprender. La honradez, raíz del mismo árbol de la coherencia, 
que si sabemos cuidarlo con humildad, amor y la exigencia necesarias, 
dejará crecer al menos dos fuertes ramas: la de la coherencia  entre el 
decir y el hacer y la de la correspondencia entre la vida privada y la 
pública.

     "La capacidad para resolver lo conveniente"... Aquí el problema no 
radica en  cómo está acreditada la formación académica o si se tiene un 
título universitario o no. La formación política no pasa por estos 
carriles. El conocimiento como tal constituye materia imprescindible 
pero no suficiente para abordar el verdadero nudo de la cuestión: 
resolver lo conveniente.

     ¿Qué le conviene a esta nación artiguista, para que con prudencia y 
probidad, más temprano que tarde, las heridas de la pobreza, de la 
miseria, de la desnutrición, de la corrupción y el despilfarro, de la 
nación disgregada, de las identidades sojuzgadas y del descrédito 
institucional pasen a ser cicatrices en la historia?

     ¿Cómo puede contribuir este Parlamento, qué puede aportar a tan 
compleja tarea?

     Hablamos de aportar, conscientes de nuestras facultades 
constitucionales y de las limitaciones que una práctica política 
extendida nos ha impuesto como Poder del Estado.

     En las Instrucciones que se dieron a los Diputados de la Provincia 
Oriental ante la Asamblea Constituyente de B. Aires, el 13 de abril de 
1813, se expresaba con claridad: "Art.4.- Como el objeto y fin del 
Gobierno debe ser conservar la igualdad, la libertad y seguridad de los 
ciudadanos y de los pueblos, cada provincia formará su gobierno bajo 
esas bases, a más del gobierno supremo de la nación." "Art.5.- Así éste 
como aquel se dividirán en poder legislativo, ejecutivo y judicial." 
"Art. 6.- Estos tres resortes....serán independientes en sus facultades."

     Estos principios rectores fueron recogidos en nuestras 
Constituciones, a pesar de lo cual no siempre estuvieron vigentes.

     En la corta historia de nuestro pequeño país, durante el S XIX hubo 
Gobiernos que actuaron sin Parlamento o que resolvieron su disolución. 
En el S XX hubo tres disoluciones de las Cámaras, una de las cuales, la 
más reciente, la más amarga y cruenta fue motivada por los intereses de 
un puñado de poderosos "...malos extranjeros y peores americanos" que 
impusieron, en un  largo proceso un modelo de país y un estilo de vida 
ajeno y cercenador de las mejores tradiciones uruguayas y violador de 
los derechos humanos.

     Reinstaladas las instituciones desde 1985 y sin que haya habido una 
expresa modificación constitucional que proclamara un modelo 
presidencialista estricto, paulatina y progresivamente el Parlamento ha 
ido perdiendo independencia como Poder del Estado, particularmente en el 
terreno del contralor del Poder Ejecutivo.

     Hoy, la voluntad política de la mayoría de los uruguay en s ha 
determinado que la fuerza política que ocupa el gobierno nacional, tenga 
también la mayoría parlamentaria en ambas Cámaras. Muchos han preguntado 
si esta situación conducirá a un avasallamiento de las minorías 
opositoras. Lo hemos dicho y lo reiteramos acá asumiendo la 
responsabilidad que ello implica. Nuestro compromiso es con todo el 
pueblo, no sólo con quienes nos votaron por convicción profunda o porque 
nos "prestaron su voto a prueba". Desde una visión artiguista fundante, 
priorizaremos las estrategias políticas que permitan que el millón de 
hombres y mujeres pobres puedan construir su ciudadanía en el pleno goce 
de sus derechos y que las identidades impuestas por la injusticia se 
deconstruyan y florezcan las por libre elección. En definitiva, 
trabajaremos para que lo que hoy  es nuestro horizonte proclamado se 
vuelva escenario de vida nacional, donde tod en s los integrantes de 
nuestra nación seamos efectivamente ciudadanos para gozar plenamente de 
nuestros derechos, para cumplir cabalmente nuestras obligaciones 
avanzando en un proceso democratizador y humanizador. Queremos 
contribuir en un proceso que favorezca el desarrollo del poder popular 
habilitando las vías para las iniciativas, para la evaluación y el 
control desde esos lugares como forma de enriquecer el poder instituido 
constitucional y legalmente. Es hora de devolver al pueblo lo que le 
pertenece. El poder que nos instituye no se debe agotar en ese acto, 
sigue perteneciendo a hombres y mujeres y es también parte de nuestra 
responsabilidad aportar para visualizarlo y ejercerlo.

     En los últimos meses no ha habido proclama partidaria que no hable 
de la necesidad de implementar soluciones a las situaciones  más 
angustiantes que heredamos todos, que todos sabemos no son "huérfanas" 
ni producto de una catástrofe de la naturaleza, pero que las sufren los 
más, los que no se sientan  en estos bancos y que casi nunca pueden 
llegar hasta aquí. No llegan no sólo por las distancias geográficas o 
por la carencia de recursos para trasladarse. No llegan porque desde 
hace décadas y más allá de alguna disposición legal o constitucional que 
cuesta mucho aplicar, la práctica política que habilita la elaboración 
de los marcos legales de las soluciones es pensada frecuentemente en 
solitario y como tal, se trampea a sí misma en su aspiración democrática 
y democratizadora. Hasta ahora, la inmensa mayoría de las veces los 
problemas que intentamos solucionar son los que nosotros, los 
legisladores percibimos y consecuentemente, las salidas a los mismos 
también. La lógica que impregna  esta institución tiene pautas formales 
y fácticas. Entre estas últimas, están algunas demostrativas de que muy 
pocas veces se tiene la iniciativa de visualizar cómo es el dibujo del 
problema para los involucrados y en el mejor de los casos la solución se 
muestra como "negociada" en el ámbito de una marcadísima asimetría que 
se oculta. 

     Si la rama de la coherencia entre el decir y el hacer también logra 
fortalecerse en esta casa, lograremos los acuerdos necesarios para 
"resolver lo conveniente". Para ello desde hoy y desde aquí, recogemos 
una de nuestras banderas nunca arriadas: la de tender puentes  en lo 
político y en lo social, como sintetizara  Raúl "Bebe" Sendic. El 
desafío es acá dentro y hacia fuera, pero también desde fuera hacia 
dentro, sin prejuicios o temores para inventar los soportes que 
habiliten el tejido de la red democratizadora indispensable. Y 
anunciamos dos condiciones para acordar, que son eso, tan sólo dos, pero 
que las sentimos fuertes. Lealtad en lo acordado, en lo común declarado 
y en lo común implementado. Y que ésta  no barra las diferencias, no las 
esconda bajo la alfombra, porque los intereses de las grandes mayorías 
siguen marcando el escenario de nuestro accionar y no serán postergados.

     No somos portadores de milagros. Somos hombres y mujeres que 
durante muchos años, nos hemos preparado para gobernar pensando lo que 
nuestras manos hacen  e intentando hacer lo que nuestras cabezas piensan 
y  planean. Hemos levantado un programa a lo largo y ancho del país con 
la participación real de la gente, esto quiere decir, con la gente 
decidiendo. Y esto no es populismo ni demagogia. Es profunda convicción 
de que el saber no es único, ni es propiedad exclusiva de las 
organizaciones políticas ni de la academia. Y que "el soberano", el 
pueblo, no existe solamente cuando lo convocamos a expresarse a través 
del voto. Entre el inicio y final de cada quinquenio es el sostén de 
esta nación, son los hombres y mujeres constructores de nuestra riqueza 
material y cultural, esa misma riqueza hoy devastada de nuestros campos, 
de nuestros ríos y mar, de nuestra industria. Nuestro compromiso no es 
sólo para reinstalarlas y modernizarlas.

      No es sólo para crecer económicamente y hacer que ese crecimiento 
sea sostenible, sino para que haya mejor distribución de la riqueza, 
que  se terminen las migajas para los más y los buenos postres para los 
pocos  privilegiados. Por ello, el Gobierno de este Estado, y nosotros 
como parte de él, deberemos intervenir en aspectos o fases simultáneas 
de la vida misma. Deberemos intervenir para que haya trabajo como 
principal política redistributiva, para que haya salud y para que se 
garantice la mejor educación de tod en s.

     Aquel  que creció bajo la desnutrición desde el vientre de su 
madre, el que fue expulsado del sistema educativo porque no encontró la 
propuesta adecuada para sus  aprendizajes o fue arrancado de la escuela 
para recoger de la calle los ingresos que le están vedados a sus padres 
por no poder acceder a un trabajo digno, en un país que hace tiempo 
olvidó que el trabajo es cosa de "grandes", esos compatriotas no son 
libres para elegir. Así como hoy sufren la imposición de estas 
situaciones, mañana no podrán elegir libremente. Todo esto es materia de 
tod en s. Materia de la que debemos pre-ocuparnos y ocuparnos, desde la 
razón y desde los afectos, porque felizmente no somos sólo razón y 
argumentos.

     Pero son muchos más los que tienen obstáculos a la hora de elegir, 
porque es imposible optar por lo desconocido. ¿Quiénes conocen los 
asuntos que aquí tratamos? ¿Quiénes saben cuáles son los aportes, los 
acuerdos y las diferencias que aquí tenemos? ¿Quiénes  pueden decir con 
certeza cuál de nosotros sostuvo aquí determinado punto de vista o quién 
trabaja efectivamente o sólo marca asistencia entrando por una puerta y 
saliendo inmediatamente por otra? El conjunto de estos asuntos también 
tiene que ver con la vida democrática y por ello habrá que  pensar y 
hacer. Entre otras cosas, encaminarnos para salvar una materia pendiente 
en este país, referida a la inexistencia de un sistema nacional de 
comunicaciones, que articule lo público-estatal, lo "comercial" y lo 
alternativo-comunitario. Y que en su construcción vayamos encontrando 
respuestas concretas para informar, ya que quien no está informado no 
puede construir conocimiento.

     Pero la mochila de los desafíos no se cierra acá. No queremos 
hablar hoy sólo para quienes habitan dentro de las fronteras que marcan 
nuestros ríos y arroyos y nuestros marcos norteños que señalan las 
líneas divisorias. Nuestro compromiso es doble en este campo y por dos 
diferentes y conjugadas razones. Hoy la nación uruguaya no ocupa 
solamente el territorio nacional. Se expande más allá de los límites del 
Estado uruguayo. Miles de uruguayos viven fuera del paisito y en 
nuestras familias se ha instalado un hondo dolor de ausencias. Nuestros 
hombres y mujeres que emigraron y los que aún lo están haciendo, tienen 
manos hábiles y cabezas lúcidas forjadas por el esfuerzo de este pueblo 
y  fueron expulsados... Sí,  fueron expulsados. La inmensa mayoría no 
tuvo la libertad posible para elegir vivir acá o allá, porque cuando lo 
que se vive por años es la falta de trabajo, de cualquier trabajo y el  
horizonte se tiñe de hambre y de exclusión, no se es libre. Nuestro 
compromiso con estos uruguay en s es trabajar duro para contribuir 
eficazmente a eliminar las condiciones de esta doble pena que se les ha 
impuesto: vivir en extranjería y convertirse en ciudadanos de segunda 
clase por no tener derecho al voto, por no tener derecho a elegir a 
quienes mejor crean van a defender sus legítimos intereses, derechos y 
anhelos.

     La otra razón para  mirar más allá de nuestras fronteras recoge 
también banderas artiguistas. Son las de la integración de los pueblos, 
requisito que sigue siendo imprescindible para hacer viable cualquier 
proyecto de desarrollo nacional. No se trata sólo de conjugar políticas 
arancelarias. Se trata de avanzar en la complementariedad productiva y 
en la investigación científica y tecnológica.  En las políticas en 
materia de energía y comunicaciones; en el respeto y promoción de los 
derechos laborales y de los derechos humanos en forma integral. En tejer 
las mejores condiciones para negociar  en los más vastos campos 
internacionales donde el endeudamiento y las reglas de juego de esos 
mercados son obstáculos mayúsculos para el logro de la felicidad de 
nuestros pueblos. La gesta libertadora e integradora de Artigas y 
Bolívar muestra su continuidad histórica. Desde una América empobrecida 
por imposición, por dominación y discriminación y a la vez, rica en 
"gentes", en pensamiento y en recursos naturales se levanta este 
desafío. Seguir tras un omnipotente aislamiento ciego o volcar el 
esfuerzo en la cooperación, en la unión. Para nosotros no hay dudas: 
queremos ayudar a parir una Patria Grande.

     Nací y crecí muy cerca de acá, a tan sólo dos cuadras, pero nunca 
pensé que tendría esta responsabilidad. Soy hija de este pueblo, de sus 
luchas y de la educación pública estatal. Debo todo y con las deudas me 
comprometo.

     Soy consciente que por primera vez esta Cámara ubica a una mujer en 
la Presidencia y siento que muchos se preguntan si podré con la tarea. 
No soy augur ni creo en la predicción, porque la historia como el amor, 
no se pueden pre-decir. Evaluaremos juntos y con frecuencia para 
corregir errores y afinar propuestas. Pero mi presencia acá diría muy 
poco si no tuviéramos la referencia de quienes nos precedieron en el 
Parlamento   desde 1943, recién en 1943, pero sobre todo de los cientos 
y miles de mujeres que asumiendo un riesgo mucho mayor de censura,  
discriminación y de vida lucharon por sus derechos laborales, sociales y 
políticos. Son las que también contribuyeron a  forjar nuestra historia, 
aunque de ellas casi no se habla. Son las Melchora, las indias y negras 
artiguistas, las criollas de la primera independencia, las blancas de 
Aparicio y las batllistas ciudadanas, las fosforeras, las textiles, las 
maestras y trabajadoras de la salud y la enseñanza, las peonas rurales, 
las cañeras del norte, las del arroz y las forestales, las estudiantes, 
las militantes políticas , las madres y familiares de nuestros 
detenidos-desaparecidos, de nuestros ejecutados....., en fin, son todas 
ellas  junto a los varones que entendieron y con pocas o con muchas 
ganas, ayudaron a abrir el camino en las cabezas de tod en s.

     La historia, y nuestras historias, están preñadas de dolor y de 
esperanza. Del dolor de la injusticia o aprendemos de él, sin rencor 
pero sin olvido o nos condenamos a vivir con él matando la esperanza. A  
aprender sin olvidar, a convertir la esperanza en alegría nos 
comprometemos. Sabemos que el trabajo será duro porque se trata de arar 
la tierra para que un día germine una Patria para Todos. (vecinet)

sumario <#a>

 

4- Ahora, gobernar obedeciendo

      por José Díaz (*)

     El pueblo oriental acaba de dar un gran paso histórico: decidió 
cambiar el Gobierno, sustituir a las clases hasta ahora dirigentes por 
los representantes de las postergadas y cambiar el rumbo del país desde 
una perspectiva de izquierda, en el inicio, de centroizquierda.

     Este hito histórico fue fruto de una larga lucha del pueblo 
uruguayo, de su clase trabajadora, y de su excepcional y singular empeño 
de unir, sindical y políticamente, a los sectores sociales oprimidos.

     Casi al nacer, en 1910, el primer partido de la izquierda uruguaya, 
el Partido Socialista (PS), en las elecciones de ese año, se presentó 
integrando la "Coalición liberal-socialista", y eligió a su primer 
diputado nacional, el doctor Emilio Frugoni, fundador de dicho partido. 
A mediados de los años 30 del siglo pasado, para enfrentar a la 
dictadura de Terra (1933), Servando Cuadro, sugirió y el PS propuso 
formar la "Concertación Democrática" y en las elecciones siguientes 
(1938), su candidato a la Presidencia de la República, el doctor 
Frugoni, fue votado por toda la izquierda (socialistas y comunistas) y 
sectores anti-dictatoriales.

     En la fermental década de los 50, la crisis del modelo sustitutivo 
de importaciones (del Uruguay batllista), ambientó los importantes 
cambios en nuestra izquierda: de carácter re-fundacional en el PS, bajo 
el liderazgo ideológico de Vivian Trías; cambios en la conducción y en 
la política de alianzas en el PCU, bajo el nuevo y largo liderazgo de 
Rodney Arismendi; y la transformación de la vieja Unión Cívica en PDC, 
Democracia Cristiana de centroizquierda bajo el liderazgo de Juan Pablo 
Terra.

     Y estos cambios, a su vez, alumbraron a partir de los 60 frentes 
crecientemente unitarios desde la Unión Popular (PS y aliados) y el 
Frente de Izquierda de Liberación (PCU y aliados), en 1961, hasta el 
Frente Amplio diez años después (1971) que, liderado por el general 
retirado Líber Seregni, unió a los sectores de los dos frentes 
anteriores junto al PDC, desprendimientos de los partidos Nacional y 
Colorado y sectores independientes.

     Superado el paréntesis dictatorial (1973-1985), a pesar de intentos 
en contrario, vuelve el Frente Amplio a ocupar la escena política con 
vigor y, en las elecciones de 1989, ganó el gobierno departamental de 
Montevideo, donde vive casi la mitad de nuestra población, eligiendo 
como primer intendente de izquierda al doctor Tabaré Vazquez.

     Ya en l994, en alianza con nuevos sectores, se conformó el 
Encuentro Progresista (EP) y el pasado año, en víspera de las recientes 
elecciones nacionales, se avanzó aún más en el camino unitario con la 
integración de la Nueva Mayoría, excepcionalidad unitaria que va del 
centro a la izquierda, y origina la curiosa y larga sigla actual: 
EP-FA-NM...

     Cambio a la uruguaya

     Suele preguntársele al doctor Vázquez y a otros dirigentes, en el 
país o en el extranjero, si el gobierno de nuestra izquierda será como 
el de Lula, el de Kischner o el de Lagos. E invariablemente se contesta: 
nuestro cambio será a la uruguaya, a partir de nuestra realidad y 
nuestro programa, lo que no excluye tomar las experiencia vecinas o más 
lejanas como fuentes de inspiración, nunca como "copia ni calco", según 
enseñaba Mariátegui.

     El programa de nuestra izquierda, desde las "Líneas Programáticas" 
aprobadas en el último Congreso del FA (fines del 2003) hasta las 
propuestas del EP-FA-NM expuestas en seis sucesivos eventos realizados 
entre julio y setiembre del corriente año, desde el punto de vista 
político-ideológico puede caracterizarse como nacional-popular y 
democrático avanzado; y, desde el punto de vista de los sectores que el 
nuevo gobierno expresará, como de centroizquierda, paso inicial hacia un 
proyecto nacional de cambios profundos y de transformaciones 
revolucionarias: el de nuestra segunda independencia, continuadora de la 
gesta libertadora del siglo XIX. Y para los sectores de ideas 
socialistas, la concreción de dicho proyecto nacional sería la fase 
inicial del proceso, único e ininterrumpido, como enseñaba Vivian Trías, 
que nos conduzca a la fase propiamente socialista, a la democracia 
socialista de nuestros sueños emancipatorios.

     En los mentados eventos -seminarios en los que participaron 
técnicos, militantes políticos, actores sociales e invitados extranjeros 
(de Brasil, Argentina, Chile, Venezuela, etcétera)-, se efectuaron 
propuestas bastante detalladas sobre las primeras medidas y las metas 
quinquenales del primer gobierno de la izquierda uruguaya en torno a 
seis ejes fundamentales: el Uruguay Social, el Uruguay Productivo, el 
Uruguay Innovador, el Uruguay Integrador, el Uruguay Democrático y el 
Uruguay Cultural.

     Líneas programáticas y propuestas de gobierno que fueron madurando 
a través de más de 30 años de lucha frenteamplista, con sucesivos 
cambios que el devenir social determinaba, de una consulta pueblo por 
pueblo, sobre las necesidades y las aspiraciones de todos los sectores 
sociales, especialmente atentos a los requerimiento de los más 
necesitados en un país que en los últimos años duplicó la pobreza, ahora 
cercana al 50% de la población, con unos 100 mil indigentes, con una de 
las más pesadas deuda externa per capita de la región, y la 
semiparálisis del aparato productivo, especialmente el industrial y 
comercial.

     A pesar de que la derecha acusó a la izquierda de no tener 
programa, durante agosto y setiembre sólo se discutió en torno a la 
bondad o inviabilidad de la propuesta frenteamplista. Dirigentes blancos 
y colorados se disputaban el dudoso privilegio de atacar al único 
programa de gobierno serio, vastamente consultado y discutido, que en 
vano negaban.

     Y si ese fue el debate de agosto y setiembre, las sucesivas cifras 
que daban las encuestas les hizo entrar en el desespero, y, como ya lo 
habíamos previsto (1), "la derecha y sus candidatos presidenciales" se 
lanzaron en octubre a "una campaña tan sucia como la de 1971, sobre la 
base de denuncias falsas de todo tipo y de una ola de miedo y 
violencia". Y así fue. Pero, como lo vaticinó la prestigiosa politóloga 
Constanza Moreira en el semanario Brecha, a pocos días de las 
elecciones, sólo fueron "tardías maniobras del miedo".

     Hacia la transición responsable

     Con la victoria electoral de nuestra izquierda, quedaron atrás 
veinte años de transición inconclusa, y comenzará a partir del 1º de 
marzo del 2005, una transición responsable de cambios graduales y 
profundos.

     Los pueblos de América Latina y el Caribe, y más allá de nuestro 
continente, la mayoría de los dirigentes y militantes de sus partidos, 
sindicatos y demás organizaciones sociales, las mujeres y hombres de la 
cultura, esperan con esperanza la gestión del nuevo Gobierno. El desafío 
para el próximo gobierno progresista será doble: no defraudar al pueblo 
oriental, especialmente a los pobres, a los excluidos, a los 
trabajadores, y no defraudar a los pueblos hermanos. Poner al Uruguay en 
sintonía con los vientos de fronda que soplan en diversos países y 
sumarnos con firmeza al nuevo proceso emancipatorio.

     Para ello, tendremos que gobernar obedeciendo, al programa y al pueblo.

     Para lo primero, lo esencial será concretar los lineamientos y 
propuestas aprobadas en un plan quinquenal cuya ley fundamental será la 
ley de presupuesto. Habrá que fijar objetivos y metas quinquenales, 
priorizar las urgencias, empezando por cumplimentar el anunciado Plan de 
Emergencia Social, y en cada Ministerio y en cada empresa pública, tener 
un claro derrotero de gestión consecuente y transparente.

     Para gobernar obedeciendo al pueblo, habrá que estar no sólo 
atentos a sus necesidades más perentorias, especialmente las de los más 
necesitados, sino estimular la participación organizada del pueblo en 
las distintas instancias de la administración y gestión. Impulsar, en 
suma, la democracia participativa, mejorando la calidad democrática de 
nuestras instituciones.

     En las más diferentes áreas se sigue trabajando con ahínco y se 
llegará al gobierno nacional con ideas claras para cambiar entre todos 
el país, con un paquete de primeras medidas y un plan definido para el 
quinquenio 2005 a 2010, cuya ejecución demostrará que la izquierda 
uruguaya cumplirá, con firmeza, dignidad y honradez.

(*) Abogado, presidente de la Fundación Vivian Trías (Memorias.ur) (vecinet)

sumario <#a>

      

5- Gobernantes de otra clase

     por diputado Guillermo Chifflet (Brecha, 28/01/2005)

     La esperanza alcanzó, por fin, a grandes sectores de nuestro 
pueblo. Es hermoso comprobar, además, cómo no se confunde la esperanza 
con la ilusión. En consecuencia, nadie pide milagros de un día para el 
otro. La prédica de la izquierda, que viene desde largo tiempo atrás, 
sus luchas, los ejemplos ofrecidos por la historia particularmente en 
Uruguay y en "nuestra América", han hecho que la inmensa mayoría sepa en 
qué importante medida el cambio -los cambios sucesivos- dependen del 
esfuerzo, la participación y el control de cada uno. Tabaré -desde el 1 
de marzo el compañero presidente- ha explicado con claridad el nuevo 
concepto de ciudadanía que propone la izquierda.

     En la democracia moderna, hasta ahora, cada ciudadano ha tenido la 
posibilidad de decidir una vez cada cuatro o cinco años. En cada 
elección puede delegar su porción de soberanía en los representantes que 
elige, reservándose una instancia de decisión sobre la gestión de los 
mismos en una nueva -y generalmente distante- oportunidad electoral.

     "La democracia -hemos predicado con Tabaré- exige una dimensión más 
consensuada y participativa. (...). Hoy es más cierto que nunca que una 
decisión política no solamente se legitima por su contenido sino también 
por su capacidad de integrar voluntades. Pero nadie se integra a lo 
desconocido o lo ajeno. No se trata de negar los valores de la 
democracia representativa en tanto componente fundamental de la forma de 
gobierno que la sociedad uruguaya soberanamente se ha dado, sino de 
complementarla y fortalecerla".

     En esta concepción, participar dejará de ser, para cada ciudadano, 
una palabra.

     El nuevo gobierno fomentará vías de participación y control 
ciudadano (el municipio de Montevideo ha iniciado una experiencia de 
descentralización y participación, que deberá perfeccionarse con más 
posibilidades de atención, contralor y decisión por los vecinos; ya se 
ha dado, pues, algún paso), porque el plano nacional exige más. La 
izquierda impulsará, en tal sentido, un plan estratégico de fomento de 
la participación ciudadana en colaboración con la sociedad civil. 
Promoverá "el reconocimiento del derecho a la participación de las 
organizaciones sociales" e impulsará la creación del consejo para el 
seguimiento de los compromisos de gobierno.

     Para reiterar palabras del compañero presidente: "Queremos que la 
ciudadanía evalúe nuestra gestión, que nos indique si vamos mal, si 
vamos bien, si tenemos que ir mejor, etcétera". Para ello, adaptando sus 
características a la realidad uruguaya, se creará ese consejo ciudadano, 
que realizará el seguimiento de los compromisos asumidos.

     El Plan de Emergencia, la atención prioritaria a los sectores 
carenciados, será una de las primeras medidas: la señal inicial de un 
gobierno distinto.

     Cuando el compañero Seregni finalizó, en 1971, su primer discurso 
público en nombre del Frente Amplio, invocó: "¡Padre Artigas, guíanos!". 
En esa línea, un gobierno de otra clase, distinto a los que han creído 
en el neoliberalismo, apuntará a "que los más infelices sean los más 
privilegiados". Y para asumir ese principio artiguista no es necesario 
ser marxista, ni socialista, ni comunista.

     Honestidad, transparencia, participación. Esos son algunos de los 
rasgos esenciales del compromiso. Nuestra obligación con el pueblo 
oriental. El mandato de quienes dejaron todo -en muchos casos hasta la 
vida- en la gestación de la realidad que comienza; el sueño anunciado 
por quienes nunca perdieron la fe. Ha llegado hasta hoy la voz de 
quienes, como León Duarte -sometido a la tortura en el infierno de 
Orletti-, reunía fuerzas para alentar a los compañeros desde su cuerpo 
deshecho con un ¡Arriba los que luchan!

     Un entrañable maestro, caudillo del rumbo, don Carlos Quijano, en 
1971, cuando la unidad popular comenzaba a templarse en el fuego de 
atentados y balas y las calumnias de quienes temían por los privilegios 
del sistema, dejó escrito: "Por encima de hombres y accidentes, de lo 
anecdótico y fugaz, el Frente Amplio es un hecho escandalosamente nuevo. 
Rompe los esquemas enmohecidos. Trastorna las reglas del juego. Es una 
irrupción vital y fecunda que le ha dado al país con la fe, la 
esperanza. Sólo él, creemos, puede devolverle por la justicia, la paz".

     La fe y las convicciones se afirmaron luego en las cárceles; en el 
enfrentamiento a los métodos de los torturadores; en los silencios 
obligados; en las persecuciones, una de las cuales (masiva y notoria) 
fue la variante de la estrella amarilla impuesta por los nazis, que los 
burócratas del régimen sustituyeron por la tarjeta C.

     Quijano, fiel a las esperanzas populares, supo que el Frente 
abriría caminos hacia un futuro de socialismo y libertad. Pero 
-objetivo- afirmó entonces (1971) que "porque el paso no puede ser más 
largo que las piernas, ni siquiera es la transición. Pero sí, por lo 
menos, el alba de la transición".

     Hoy, en el amanecer del tiempo nuevo, junto a los objetivos 
concertados, tenemos la obligación de analizar, dialogar y afirmar los 
caminos para lo que debe ser una práctica política diferente.

     Marta Harnecker, en La izquierda en los umbrales del siglo XXI, ha 
planteado cómo podemos detectar si una fuerza política busca simplemente 
(al impulsar reformas) perfeccionar el orden existente, o apunta a una 
transformación profunda, eliminando las injusticias del capitalismo y 
auspiciando la construcción de otro sistema.

     Quizás importen algunas observaciones al respecto. En 1948, cuando 
los pueblos salían de los horrores que culminaron en la Segunda Guerra 
Mundial, intentaron concretar, en un documento, los sueños gestados 
hasta en los campos de concentración. Ese texto, Declaración Universal 
de Derechos Humanos, afirmó, en su preámbulo, que "la libertad, la 
justicia y la paz tienen por base el reconocimiento de la dignidad 
intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los 
miembros de la familia humana".

     Se había comprobado -al costo de dolores inenarrables y millones de 
vidas- que el menosprecio de los derechos humanos origina actos de 
barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad.

     Todos los derechos contenidos en la Declaración deberán ser 
protegidos -se afirmó- "a fin de que el hombre no se vea compelido al 
supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión". Basta 
una lectura de los 30 artículos para comprobar, como ha dicho Saramago, 
que la izquierda tiene allí su programa. No es necesario mucho más. 
Recordemos, como ejemplo, un artículo (el 25) que elegimos casi al azar. 
Dice: "Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le 
asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial 
la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los 
servicios sociales necesarios; tiene, asimismo, derecho a los seguros en 
caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez u otros casos de 
pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes 
de su voluntad. La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados 
especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de 
matrimonio, tienen derecho a igual protección social".

     La Declaración -aprobada por todos los países miembros de Naciones 
Unidas- sigue siendo, sin embargo, un programa incumplido.

     En 1998, cuando esa norma universal cumplió medio siglo, un ser 
excepcional, Luis Pérez Aguirre, observó que "50 años después de esa 
declaración solemne nuestro mundo sigue siendo un planeta inhabitable 
para la mayoría de los seres humanos". Hoy, las cifras continúan 
denunciando la subversiva concentración de la riqueza y la 
multiplicación de la pobreza. 250 personas tienen, cada año, más 
ingresos que el 45% de los habitantes del planeta, 250, más que 2.500 
millones.

     El sistema que predomina (las trasnacionales que tienen, aisladas, 
más poder que países enteros), el capitalismo, para decirlo con 
objetividad, acentúa las injusticias. Esa es su lógica. Y es bueno, al 
respecto, tener presente el artículo 28 de la Declaración, que expresa: 
"Toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e 
internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta 
Declaración se hagan plenamente efectivos".

     De esta afirmación universal de principios importa volver a lo 
particular y nuestro. ¿Cómo comprobar si en las medidas que vendrán 
caminamos hacia un cambio real o nos quedamos en el reformismo? Éste 
significó siempre -por lo menos en la concepción de la vilipendiada 
izquierda tradicional, como se nos califica- perfeccionar sólo en parte 
el orden existente. En cambio, el progreso real significa apuntar a 
cambios profundos: al nuevo sistema al que aspira la Declaración de 
Derechos Humanos.

     Varias observaciones de Harnecker, u otras a las que se han 
referido compañeros como Hugo Cores, por ejemplo, en sus excelentes 
artículos, o Helios Sarthou en algunas de sus audiciones, señalan 
condiciones para que nuestra lucha institucional apunte, realmente, 
hacia los cambios propuestos.

     Harnecker señala, entre otras condiciones, que las reformas deben 
ir acompañadas por un esfuerzo paralelo por fortalecer el movimiento 
popular. La participación, la información (que es a la vez formación), 
afirman la conciencia hacia las soluciones, profundizan la democracia y 
permiten enfrentar a los grandes medios de que dispone el poder real.

     El compromiso es mostrar, además, una práctica política diferente: 
ni acomodos, ni tarjetas de recomendación, ni nepotismo, ni ingresos por 
la ventana, todos factores que han corrompido la administración.

                Habrá que cuidar, además, como explica Harnecker, la 
tendencia a moderar o desmovilizar. Aquello de "la política es el arte 
de lo posible" debe ser sustituido por un concepto más justo: la 
política es el arte de hacer posible lo necesario.

     La relación con los sindicatos está clara. Desde la izquierda 
siempre hemos sostenido que deben mantener su independencia. Hoy el 
PIT-CNT sostiene lo mismo. Y quienes sentimos el deber de representar a 
los trabajadores y en especial a los sectores heridos por la adversidad, 
debemos tener presente que la apelación al "no hagan olas", o a la 
"madurez", suelen conspirar contra esa independencia sindical que será 
base, también, de la democracia nueva. Si surgen diferencias habrá que 
respetar siempre la autonomía de las organizaciones populares aceptando 
como normal que existan tensiones y contradicciones entre el gobierno y 
el movimiento popular. Circunstancias que habrá que superar 
profundizando -en el diálogo- la conciencia de los objetivos comunes.

     Un partido de gobierno (para destacar un rasgo más que importa 
mantener) no tiene por qué dejar de ser un partido de lucha. La 
participación (reiteramos), la más amplia información de las medidas que 
se van tomando, la consolidación de los comités de base, la periódica 
rendición de cuentas, la propaganda del ejemplo, el autocontrol y el 
control colectivo de las conductas son, y deberán ser cada vez más, 
bases de la nueva democracia; la demostración permanente, con hechos, de 
que somos un gobierno de otra clase. (Brecha) (vecinet)

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